0 desempleados pasarán seis meses cuidando ganado en Cuenca para aprender a ser pastores. El objetivo: conseguir trabajo en una de las explotaciones donde hacen prácticas. El problema: solo se pueden quedar tres. Parece un 'reality show', pero de telerrealidad no tiene nada

La universidad de los pastores

“El ganadero os va a conocer y vosotros a él. Si le gustáis, os quedaréis”. Los ocho alumnos asienten y desvían la mirada. Por supuesto que todos quieren quedarse. No piensan pasarse seis meses limpiando estiércol y desinfectando heridas llenas de gusanos para luego quedarse en la calle. O en casa, sin hacer nada, viendo cómo se evapora su prestación por desempleo. Aprenderán a ser pastores y convencerán al ganadero de que son la persona ideal para cuidar de su rebaño. Pero no va a ser una misión sencilla. Porque de los ocho que entran, solo hay contrato laboral para tres.

“Yo en lo que me fijo es que sean muy vivos, que sean capaces de entender qué le pasa al ganado y se acuerden de las cosas. Que si esta oveja necesita tal, que si ese cordero no andaba muy fino. Al final son muchos animales y hay que estar muy metido”, cuenta Ismael Jordán, ganadero y futuro empleador de al menos uno de los ocho. “Cada vez tenemos más animales y andamos muy obligados de tarea. Así que seguro aquí nos vamos a quedar con un alumno. Es una oportunidad para ellos pero también para nosotros, porque contratar pastores es cada vez más complicado. No a todo el mundo le gusta este oficio, mucha gente lo ve como anticuado eso de estar en el campo todo el día”.

Jordán es el encargado de una de las dos explotaciones que participan en el Taller de Técnicas de Pastoreo y Cría de Ganado, impulsado por la Diputación de Cuenca y organizado por el Ayuntamiento de Gascueña. Un taller de empleo extravagante pero que da en el clavo: si en el país hay 4.791.400 parados y el sector de la ganadería está en caída libre por falta de trabajadores, ¿por qué no conectar a parados y ganaderos? Como resume María Jesús de Castro, directora del curso y experta en talleres de empleo, “no es habitual que los alumnos tengan una opción tan clara de quedarse a trabajar cuando terminan un curso. Hay una gran oferta de trabajo en el campo, y nuestro objetivo es que la gente lo conozca y vea que no es tan sacrificado como en el pasado, que un pastor o un ganadero pueden tener un buen salario y tiempo libre como en cualquier oficio”. Los alumnos ya saben lo que van a cobrar si encandilan a sus ganaderos: entre 1.200 y 1.300 euros netos en un pueblo donde se puede alquilar una casa por 150 euros.

Los alumnos limpian el estiércol y preparan el forraje de las ovejas

Los alumnos limpian el estiércol y preparan el forraje de las ovejas.

Mientras la directora habla, cuatro alumnos limpian la nave de las ovejas. Rastrillo, pala y horca. Hay que quitar las heces y preparar el forraje. Todos sudan a chorro. Fuera, hacinadas en el cercado, un centenar de ovejas balan con desespero. El sol de media mañana las abrasa y están como locas por salir a pastar. Pero abrir el cercado no será tan fácil como levantar la verja y ya. Antes hay que separar a media docena de ovejas y subirlas a un remolque. Juan, 45 años y docente en paro, improvisa movimientos con una vara para conducir a los animales. Estos, por supuesto, no le hacen ni caso. Cinco minutos más tarde, con la ayuda y consejos de Jordán, logra su objetivo. Separar ovejas de un rebaño: aprobado por los pelos.

“La gente cree que en este trabajo solo se trata de estar limpiando. Pero yo he trabajado toda mi vida en un bar y también me hartaba a limpiar. En mi casa limpio a un perro y aquí a una oveja. No es tan diferente”, argumenta Jerson Bustamante, 25 años y camarero en paro. Y lanza una advertencia a urbanitas escépticos: “Hoy en día al pastor lo tienen como al tonto que no sabe nada, pero un pastor sabe de veterinaria y de muchas cosas. En la ciudad, ¿mucha gente qué sabe? Pues nada. Nosotros estamos estudiando cada día para llevar una explotación, que es algo muy complejo”. La  directora del taller reafirma el alegato: “Este es un programa mixto en el que, además de las clases prácticas en las explotaciones, les enseñamos prevención de riesgos laborales, alfabetización informática, igualdad de género y autoempleo. Porque el que decida abrir una ganadería necesitará también gestionar la burocracia y saber pedir subvenciones”. Los alumnos también pueden realizar módulos específicos para sacarse el título de graduado en ESO. De los ocho aspirantes, solo tres tienen el graduado escolar.

Dos aspirantes marcan a un cordero ante la mirada del ganadero

Dos aspirantes marcan a un cordero ante la mirada del ganadero.

Ismael Jordán, responsable de una de las ganaderías que participan en el Taller de Pastoreo y Cría de Ganado

Ismael Jordán, responsable de una de las ganaderías que participan en el Taller de Pastoreo y Cría de Ganado.

“En Andalucía, el País Vasco, en todas partes se buscan pastores. Y se están cerrando explotaciones con ganado porque nadie se quiere quedar. En los últimos 10 años se han perdido más de cinco millones de cabezas de oveja en España por falta de mano de obra”, se lamenta María del Rincón, monitora del taller y ganadera profesional. “Lo que tratamos de enseñar a los alumnos es que la ganadería hoy en día ha cambiado mucho, que ya no es como antes que había que estar de sol a sol detrás del ganado. Las nuevas generaciones no queremos estar 14 horas detrás de una oveja para que coma, pero para eso necesitamos aprender las nuevas tecnologías que automatizan muchos procesos dentro de la explotación, como por ejemplo la comida. Si nos quedamos en lo que hacían nuestros padres y abuelos la ganadería desaparecerá, porque nadie quiere pasarse la vida detrás de una oveja”.

Un grupo de corderos apiñados dentro de su nave

Un grupo de corderos apiñados dentro de su nave.

Una vez limpia la explotación, libres las ovejas en el pasto y vacunados los corderos recién nacidos, los cuatro alumnos se suben a un todoterreno para practicar en la segunda explotación, la de ganado bovino. Allí se encuentran desde primera hora otros dos aspirantes. Ninguno de los seis se ha visto nunca en situación de meter en vereda a una vacada. Y mucho menos a un tremendo semental de 1.500 kilos que, para desespero del ganadero, ya le ha partido la columna a más de una sufrida vaca al tratar de cubrirla. Y ahora no sólo van a tener que conducirlas hacia el establo, sino ofenderlas hasta el infinito: la práctica consiste en separar a los terneros de sus madres. “Ya están muy mayores y dejan tiesas a las madres cuando maman”, les explica el ganadero, Santiago Jordán.

Jerson Bustamente separa a un ternero de su madre en la ganadería bovina

Jerson Bustamente separa a un ternero de su madre en la ganadería bovina.

Los aspirantes a pastor se toman un respiro después de meter a las vacas en el establo

Los aspirantes a pastor se toman un respiro después de meter a las vacas en el establo.

El espectáculo que montan los seis alumnos no tiene desperdicio. Gritos incomprensibles, mandobles con la vara, saltos locos para llamar la atención de los animales. En cuanto controlan a un par, las otras dos que ya iban camino del cercado se escurren. La monitora se desespera. “¡No, Jerson, ponte por aquí! Y tú Pedro por allí. Y no salgáis corriendo”. Santiago prefiere ni mirar el revuelo que le están armando a sus vacas y a sus dóciles terneros. “Ahora mismo no tienen ni idea, pero cuando vengan cuatro veces sabrán que se las puede manejar y que no hay que ser ingeniero para dedicarse a esto”, dice el ganadero. “Una persona, si quiere, puede. Otra cosa es que quiera. Yo voy a contratar a dos de ellos, pero debe ser alguien que diga ‘yo quiero estar aquí, traer aquí a mi familia, quiero que este pueblo vaya para arriba. Porque si no viene nadie o se cansan en dos días se acabó la historia. Tendremos que quitar la explotación”.

A Santiago, en edad ya de jubilación, le preocupa sobre todo que la familia de los alumnos acepte venirse a vivir a un pueblo de 200 habitantes: “Las mujeres suelen ser un inconveniente, porque a una mujer hecha a Madrid o a Cuenca decirle que se venga aquí… Y además los animales no son como los tractores, estos no entienden de fiestas ni de que te quedas en casa porque está lloviendo”. Del Rincón reconoce que “hay que renunciar a ciertas cosas”, pero asegura que ser pastor “engancha”.

Santiago Jordán, propietario de una de las ganaderías del taller busca con urgencia un empleado para poder jubilarse

Santiago Jordán, propietario de una de las ganaderías del taller busca con urgencia un empleado para poder jubilarse.

Aquilino Santiago, 28 años, camarero de formación y año y medio en el paro, lo tiene clarísimo: “Yo ya se lo he dicho al ganadero, que cuente conmigo, que me vengo al pueblo. Me gusta estar en el campo con los animales, estar al aire libre. Llevo más de un año buscando trabajo y no sale nada. Así que cuando me enteré de que abrían este taller me apunté de cabeza”. Aquilino es de los alumnos más aventajados. Adora cuidar ovejas y ya piensa en emprender su propia explotación. Tampoco tiene mujer a la que convencer, pero espera que eso no dure mucho: nos pide que le digamos al mundo que busca novia con urgencia.

El Taller de Técnicas de Pastoreo y Cría de Ganado recibió 33 solicitudes, de las cuales solo quedaron ocho. “Los requisitos son los de cualquier taller de empleo, que tengan más de 25 años y estén sin trabajo. A partir de ahí analizamos las solicitudes y nos basamos en un sistema de puntos”. Cada alumno cobrará 756 euros brutos al mes, un salario por encima de la media en estos casos. Al terminar, recibirán un certificado avalado por la Consejería de Educación de la Junta de Castilla-La Mancha que les servirá, en especial a los cinco no seleccionados, para obtener un trabajo en cualquier ganadería de España.

Los alumnos refuerzan las vallas del establo ante la mirada del responsable de la explotación

Los alumnos refuerzan las vallas del establo ante la mirada del responsable de la explotación.

Como dice Virginia Martín, la única mujer del curso y que esta jornada ha practicado el pastoreo de una veintena de ovejas, “nunca es tarde para cambiar de vida. Aquí en el pueblo no hay trabajo, así que te agarras a un clavo ardiendo. Además a mi hija le divierte mucho que yo sea pastora. Cada mañana me grita ‘¡Ale, mama, a sacar a las ovejas! Lo importante es implicarte al máximo, y el día de mañana ya se verá”.