Es la tercera vez que escribo de una corrida de José Tomás. Y la segunda que veo. Las anteriores jugué en casa, en La Malagueta: 2009, 2014 (la última que toreó en España). Ahora llego a Jerez. A la Feria del Caballo llega la sabiduría del silencio del josetomasismo, una fiebre sin antídoto. Una pasión irracional. La revolución del toreo encarnada en este hombre de 40 años.

Taquillas de la Plaza de Toros

(Pulsa sobre los altavoces de las imágenes para meterte en ambiente)

La Plaza de Toros está en la calle Circo. Al mediodía la reventa está a 150 euros. Hace dos días, a 500 euros. En Jerez se han cumplido a rajatabla las órdenes del Banco Central Europeo. Ayer a 200. Media hora antes podrías entrar en la plaza apenas pagando 50 euros.

- ¿Quiere una entrada?

- ¿Cuánto vale?

- Usted no quieres entradas. Lo único que quiere es preguntar.

El hombre, muy trajeado, se va deprisa detrás del puesto de chucherías con sus entradas sin vender. Ahora acosa a un hombre con chaqueta y una señora que lleva un traje de flores.

Seguridad en el exterior de la Plaza de Toros

Frente al tendido 6 puedes ver entradas enmarcadas en el Santiago Bernábeu, una foto en el campo del Liverpool. Mucha futbolería. Y toros, porque el restaurante se llama Tendido 6. Nadie es local. Un señor de Almería está muy orgulloso de que su provincia natal votó contra la autonomía andaluza. Una pareja de Santander (ella vestida de faralaes) prueba el rabo de toro. El postureo tampoco se quiere perder la corrida. Los policías locales toman posiciones. Van a caballo, para no desentonar con el ambiente, y no tienen ni idea dónde colocar las vallas. Les van a hacer falta para los antitaurinos...

No puede ser cierto. De repente entra en la cafetería del hotel un treintañero en pijama de invierno. Son las cuatro de la tarde y dice que no podía dormir. “Es muy aburrido dormir la siesta”. Pide un gin-tonic y se sienta con un par de parejas de Madrid. Roberto Pérez Gómez, de 32 años, farmacéutico de Las Rozas, peregrina desde 2008 a donde vaya Tomás. Ha visto 11 orejas, un indulto y un rabo. También en México. No estuvo en Aguascalientes, donde sufrió una grave cogida en 2010.

Seguidores de José Tomás en una cafetería

“Si no llueve y el viento no viene del sur, que venga de frente para que no se le estropee ni la muleta ni la Puerta Grande”, explica. Lo dice él que le vio torear en Nimes, una de sus cumbres en el toreo. Y en Cataluña, en la última corrida en la Monumental de Barcelona. Roberto verá la corrida en sombra (bueno sol no había) y fila 6.

Joaquín Sabina aparece con su familia en el hall del hotel Los Jándalos, situado apenas a 500 metros de la plaza. “Mira yo no he ido a ver ni a Dylan ni a Bruce Springsteen fuera de España y por José Tomás sí lo he hecho”, dice, sonriente. Está feliz, con su voz profunda, destilada de sonidos de madrugada y acordes de silencio. De rancheras y canciones desesperadas en la cancha del Boca Juniors.

Joaquín Sabina admirador de José Tomás

Los antitaurinos intentan boicotear la corrida. Están en su derecho de protestar, de reivindicar que para ellos el toreo y matar a un animal es un asesinato. Pero si los toreros se quieren jugar la vida y la gente paga un dineral por ver un espectáculo, sin duda sangriento, también lleno de estética, deberían armar ruido, como lo hicieron delante de la puerta 12, con gritos de “asesinos toreros y taurinos” y “luego diréis que somos 5 o 6”. Pero que dejen que a los que les gusta los toros disfruten con José Tomás, Juan José Padilla y José Mari Manzanares. Esta terna de hoy.

Antitaurinos antes de la corrida de José Tomás

José Tomás tiene paciencia. Está concentrado en el callejón que para él puede ser la antesala de la muerte. O del triunfo en la capital del vino sureño. En esta ciudad del quejío flamenco, cuna de gitanos, donde nació Lola Flores, de estampas tópicas en medio de un ambiente conservador y al mismo tiempo cosmopolita con apellidos británicos, los privilegiados del callejón se hacen fotos con él. E incluso le piden autógrafos.

José Tomás concentrado en el callejón

Cuando sale José Tomás son las 19.36 horas. El toro escarba. Este toro es hijo de un semental indultado en Algeciras... sin Consejo de ministros. Lanudo se llama y es colorado. Bravísimo. Ya lleva un par de banderillas rojiblancas, del Atleti, ese homenaje anticipado a la final de la ‘Champions’ en San Siro, que no en San Isidro, donde Tomás ya no torea...

Tomás, que no le brinda el toro al Rey Juan Carlos I sino a la Plaza, despliega un reportorio de soberbios estatuarios; esta quietud extrema, indefinida e Infinita. Como si le hubieran disecado de urgencia. Mete los riñones y el toro pasa muy cerca de su figura verticalísima. “¡Uy, uy!”. De un modo suave, con una gran exigencia técnica, da seis muletazos. Suena el pasadoble ‘Manolete’, su modelo de pasión.

José Tomás toreando

Esto va a cámara lenta. No valen las prisas, ni las risas. Hay naturales, pases de pecho y molinetes. La mano muy baja y la frente muy alta. Mirada que desafía y unos pies juntos, matrimoniados en la excelencia del toreo. Mata al toro de suerte natural. Eleva las puntillas y Lanudo cae al albero. Pañuelos y más pañuelos. Primero, luego otro. Y el tercero. Una tremenda pañolada de dos orejas y rabo. Vuelta al ruedo y el capote sigue ahí en medio del ruedo, esperando al Maestro. Con paciencia y mucho viento.

Espectadores bajo la lluvia siguiendo a José Tomás

La lluvia continúa con parsimonia, como si el cielo quisiera homenajear la vuelta pródiga del diestro de Galapagar. El segundo toro sale al ruedo a las 20.55 horas. Pesa 500 kilos y se llama ‘Guerrita’, como el torero cordobés que acuñó la frase “No hay quinto malo”, relata Juan Ramón Romero (narrador vibrante, extorero, malagueño) en el Carrusel Taurino de Canal Sur Radio. Y tanto que no lo hay. Justo en ese momento, salta la gran noticia esperada. La mejor: liberan a los compañeros Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre tras casi un año de secuestro en Siria.

Este toro no da tanta ‘Guerrita’ como se esperaba y eso que Tomás lo intenta. Otra vez con su temple, otra vez con su silencio, otra vez con su arte. Con la espada acierta de un modo contundente. Curiosa paradoja: ‘Guerrita’ nació en noviembre de 2011. Exactamente la misma fecha en la que nació el primogénito de José Tomás. La muerte certificada ante el público del toro y la vida del vástago del Maestro unidas en esta atardecer de toros con la ganadería Núñez del Cubillo desplegando toda su artillería.

José Tomás acaba la faena

En el hotel Los Jándalos, situado apenas a 500 metros de la plaza, ya se está tomando un ‘pelotazo’ Joaquín Sabina. “Es muy difícil que se repita una faena tan completa y un toro tan noble. Eso ya no ve”, proclama su voz desgarrada. Quiero escribir en los bares, he ido a verlo a Perú y él vino a Argentina en la cancha de Boca. Sabina sigue con su sombrero Panamá. Su hija llega. “Papá, que tenemos que coger un taxi”. Todavía no se va. Clientes del hotel se hacen fotos con Sabina, ese que canta.

José Tomás saliendo a hombros

Y en la Puerta Principal (como se denomina oficialmente) unas 500 personas se arremolinan en torno a Tomás, que sale a hombros. La docena de policías es insuficiente. Un chico, que lleva una camiseta que dice ‘The best day of my life’ se hace ‘selfies’ con el torero de un modo compulsivo, automático, como si no hubiera mañana. ¿Saldría alguna imagen enfocada? Una mujer cae delante de la avalancha de fotógrafos. Emoción y miedo por quedar aplastada ante semejante marabunta. La furgoneta de José Tomás está a 25 metros de la puerta. Y arranca. La lluvia es cada vez más intensa, como la locura, el delirio de los josetomasistas que saben que su ídolo lo ha vuelto hacer. Con 40 años.