vendió a jesucristo por 30 monedas de plata

Así era Judas, el tesorero que traicionó a Jesús y terminó ahorcándose en un árbol

El nombre de este apóstol se asocia como sinónimo de 'felonía', 'insidia', 'falsía' o 'perfidia'. ¿Cuál es la razón de esta mala fama?

Foto: Judas, en un detalle de la vidriera de la Catedral de Moulins, en Francia (CC/Vassil)
Judas, en un detalle de la vidriera de la Catedral de Moulins, en Francia (CC/Vassil)

“Eres más falso que Judas”. A nadie le gustaría ser el protagonista de esta comparación popular que deja en tan mal lugar a uno de los doce apóstoles. En Semana Santa, el nombre del personaje que traicionó a Jesucristo vuelve a la actualidad e incluso aparece en algunas de las procesiones que presentan como escena el paso del 'Prendimiento'. A cambio de treinta monedas de plata, este discípulo queda retratado en la Biblia como el responsable de que el hijo de Dios en la Tierra cayera en manos de los sacerdotes que le condujeron a la muerte.

Fue un Jueves Santo el momento que Judas encontró como el más adecuado para deshacerse de su Maestro. Tras cenar con sus compañeros en lo que después se conocería como la 'Última Cena', Judas informó a los sacerdotes de que la persona a quien él besara era a la que debían prender –de ahí que el paso procesional que recoge este momento se conozca como 'Prendimiento'–. Sin embargo, al traicionado no le pilló por sorpresa la actitud de su seguidor y en algunos pasajes de la Biblia puede leerse cómo Jesús se lamenta de la deslealtad de su apóstol.

'El beso de Judas', de Giotto di Bondone
'El beso de Judas', de Giotto di Bondone

A pesar de que unas pocas monedas desviaron la hasta entonces fidelidad de Judas –motivo por el cual su nombre ha estado vinculado a lo largo de los siglos a los sinónimos de 'felonía', 'insidia', 'falsía' o 'perfidia'–, pronto se arrepintió de su acción y quiso enmendar sus culpas devolviendo el dinero a los sacerdotes. Sin embargo, el cargo de conciencia era tal que los textos sagrados cuentan cómo prefirió ahorcarse colgándose de un árbol antes que arrastrar su delito a lo largo de los años. 

“Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre”, puede leerse en Mateo 27:3-8.

Escena de la muerte de Judas, en un capitel de la Catedral de San Lázaro de Autun, en Francia (CC/Nguyenld)
Escena de la muerte de Judas, en un capitel de la Catedral de San Lázaro de Autun, en Francia (CC/Nguyenld)

Como curiosidad, destaca el hecho de que el Libro Sagrado del Cristianismo no cuente cómo el 'traidor' pasa a engrosar el elenco de apóstoles de Jesús–. Según las Escrituras, Judas era el tesorero de su más cercano grupo de seguidores y administraba el dinero tanto de su Maestro como de sus compañeros. Según los textos de San Juan, la codicia de su colega ya se dejaba entrever y era sospechoso de apropiarse de las monedas que tenían como destino mejorar la situación de los más desfavorecidos. 

La mala fama de Judas no ha sido reparada con el paso de los siglos y aún se considera que por su pecado fue condenado a no subir al cielo

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