la noche de joy eslava 35 años después

Joy Eslava: la sesión golfa de la democracia española

En esta discoteca, abierta hoy hace 35 años, se bailó la consolidación de la democracia española. Con su puesta a la venta, se cierra un ciclo histórico

Foto: Una fiesta en los inicios de la Joy Eslava.
Una fiesta en los inicios de la Joy Eslava.

Hace tres décadas y media, ciertas discotecas de Madrid se llenaban antes de la medianoche y el cliente prototipo era un hombre de entre 30 y 45 años que pedía casi siempre whisky, iba a menudo vestido de americana y empezaba a familiarizarse con la voz de Michael Jackson. "Éramos señores que íbamos a mirarles las piernas a las chicas de veintitantos. Aparcábamos por la zona y después cogíamos el coche borrachos como cubas. O eso o llegábamos en taxi hasta la entrada", comenta un antiguo habitual de la mítica Joy Eslava, un escritor tan retirado de sus vicios que lleva ya cinco años sin probar la sal. La discoteca cumple hoy 35 años, tantos como tiene Kim Kardashian: abrió sus puertas por primera vez a las pocas horas del 23-F y desde entonces no ha vuelto a cerrar ni una sola noche. Podría hacerlo pronto, sin embargo, si su propietario encuentra comprador. Porque a España, y su vida nocturna, no la conoce "ni la madre que la parió".

Cuatro décadas de democracia consolidada después de aquel 24-F, a la puerta de la célebre sala no se puede llegar motorizado porque el tramo de la Calle Arenal es peatonal. Los clientes prefieren cócteles con bebidas blancas (generalmente gin-tonic o vodka), empiezan a bailar mucho más tarde, beben algo menos y se drogan algo más, aunque no lo hagan en el baño sino antes de entrar. La edad media del cliente ha caído 10 ó 15 años, abundan los turistas (foráneos y de provincias), los estudiantes extranjeros y el acné. En la puerta dejan pasar con zapatillas de deporte y a la hora de pinchar manda el ritmo sobre la melodía. El volúmen es tan alto que resulta casi imposible charlar.

Tina Turner, en la Joy Eslava.
Tina Turner, en la Joy Eslava.

Clientes, porteros, coreógrafos y jefes de sala miran atrás en el tiempo y ven la vida nocturna de la Transición. “Recuerdo que no habían pasado todavía 48 horas del 23-F y que yo estaba paseando por la calle Serrano y pensando que Madrid parecía una ciudad fantasma. Recuerdo llegar luego a la Joy y ver la sala llena, con un ambiente increíble. Era dentro de la sala donde se liberaba la angustia y la tensión acumulada (durante la noche de los transistores). Se vivió una increíble explosión de libertad. Fue una época única e irrepetible”, dice Juan del Campo Trueba, exdirector de sala. "Eran años de bonanza. Las cosas iban bien, había más fiestas y las empresas apostaban por festejar con sus empleados en cada momento y cada sitio. Se movía muchísimo elemento humano por la noche y se trabajaba muy bien", describe.

Pedro Trapote, cuñado de Felipe González, fundador y propietario de la sala, reconoce que el sector ha cambiado mucho y que el ambiente no tiene demasiado que ver con el de los "años dorados". "Ha habido un gran cambio en la manera de divertirse de la sociedad madrileña, tanto de la jet set como del público en general. Ahora los mayores de 35 años van a restaurantes a cenar con parejas y amigos. Si acaso, toman una copa después en sitios donde puedan charlar. En la década de los ochenta y los noventa, se salía a beber y a bailar. Ahora, el ocio adulto es más comer y menos salir a beber. Y a las discotecas acude gente más joven, a la que la crisis ha golpeado mucho y tienen menos dinero para gastar. En muchos sentidos, nos hemos hecho más conservadores. Por un lado, la Administración pone más pegas, por otro, a nivel social está mal visto el mundo de las discotecas, se asocia con problemas de aforo, tragedias como la del Madrid Arena, drogas, ruidos y horarios", dice.

La Joy Eslava, inaugurando 2016.
La Joy Eslava, inaugurando 2016.

El último tramo de escaleras de la Joy, el que sube hasta las oficinas, es un repositorio fotográfico de viejas glorias. Hay dos décadas de jefes de gobierno, ministros y presidentes autonómicos. Están Ana Obregón y Gina Lollobrigida, duques y marqueses, Alfonso de Borbón y Paco Umbral, empresarios engominados y bailarines estadounidenses, Catherine Deneuve y Lolita, futbolistas y modelos, Kardam de Bulgaria y Miguel Boyer. "Los futbolistas sí que siguen yendo", comenta Julio Ayesa, uno de los relaciones públicas que organizaron la inauguración hace 35 años.

La Joy no ha llegado en forma a la segunda transición, y a quienes Trapote no recuerda haber visto por allí es a Pablo Iglesias, Albert Rivera, El Rubius o Jordi Évole. "El 15-M sucedió aquí al lado, pero no pasaban después a bailar. Hay que tener en cuenta que la crisis ha hecho mucho, mucho daño, ya no hay dinero para ocio como había antes, porque si no tienes para pagar la habitación o comer...", dice Trapote. "Y eso que Joy Eslava es muy competitiva respecto a salas similares de otras ciudades europeas. ¿El precio? Son 15 euros la entrada, con una consumición".

Roger Moore, en la discoteca madrileña.
Roger Moore, en la discoteca madrileña.

Fran de Gonari, otro de los relaciones públicas de la sala, recuerda a Linda Evangelista pintándose los labios en la barra y a Claudia Schiffer soltándose la melena a dos pasos de él. "Venían los políticos a pasárselo bien o a relacionarse, no estaba todo tan calculado, había más naturalidad. Veías suceder romances inesperados. La sensación de libertad aquellos años era muy grande, se masticaba en la calle, y la Joy estaba muy vinculada a ese ambiente. Había un grado de descaro y de locura, por ejemplo a la hora de vestir era todo escandaloso, se hacía por diversión, sin más. Yo no creo que cualquier tiempo pasado sea mejor y vivo muy cómodo en el presente, pero sí fue una época especial por muchos motivos" dice.

Durante años, la última canción que sonaba en Joy Eslava cada madrugada era un chotis ('Te espero en Eslava tomando café'), frase acuñada en los años cincuenta cuando el local era un teatro. Luca Yexi, uno de los coreógrafos que se hicieron profesionalmente mayores allí, considera "impensable recrear un ambiente parecido ahora mismo. Lo que sucedía allí dentro tenía trascendencia a todos los niveles. Era un hervidero de propuestas, un momento creativo y divertido, de ilusiones, de creerte que podía pasar algo y después pasaba. Ni en la más remota de las maneras se puede repetir hoy en día algo así en Madrid. La noche se ha ido fragmentando, sofocando, y aquel ambiente murió".

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