feria de san isidro

Los de la casta

El caso es que, para disfrutar de los toros, lo mejor es venir sin prejuicios. Intentando valorar todo lo bello y valioso sin desdeñar ni repudiar nada a priori

Foto: Manuel Escribano entra a matar a su segundo toro. (EFE)
Manuel Escribano entra a matar a su segundo toro. (EFE)

Plaza de Las Ventas. 28ª de San Isidro. Lleno de 'No hay billetes'. Cartel muy atractivo para el aficionado, con el triunfador del año pasado, Urdiales, y el de este año, Castella. Toros de Adolfo Martín de 475 a 516 kilos, más desiguales que otras tardes, en general peligrosos, quinto desrazado y sexto de embestida complicada pero vibrante, con casta y transmisión.

Diego Urdiales, ovación y ovación tras aviso.
Sebastián Castella, silencio tras aviso y silencio tras aviso.
Manuel Escribano, silencio y oreja.

 

No atasca Madrid. Camino de culminar el mes del toro, a duras penas llegamos a fin de mes con las ganaderías más duras y que, por cierto, más penas producen, anunciadas la última de las semanas. Ocho días de oro, del toro, podría anunciar el propio El Corte Inglés: "Ofertas en nuestra sección de Baltasar Iván", "Visite nuestra planta de oportunidades y conozca los últimos y llamativos diseños de Partido de Resina, Celestino Cuadri o Adolfo Martín", "Ya es primavera en la familia Martín: adolfos y victorinos con el color tendencia de la temporada: el gris, (cárdeno para los puristas)", "No se pierda nuestros saldos del último día: espectaculares Miuras de otras temporadas con los que su buen gusto no pasará inadvertido... o sí".

Tradicional y maliciosamente, el tópico ha dividido los aficionados en toristas y toreristas, identificando a estos últimos como los que disfrutan más del juego de los toros que de las virtudes de los toreros y tienden a exaltar las valías del bóvido frente a los defectos del plantígrado. Unos "esperan" más a los bípedos, y otros son más pacientes con los cuadrúpedos. Los primeros congenian más con sus congéneres y los segundos... no sabemos. Unos apoyan más a los que visten de luces y otros a los que no lucen más vestido que sus negras o variopintas capas. Los toristas valoran los cojones físicos y evidentes de los toros y los toreristas los psíquicos y metafóricos, aunque muchas veces igual de evidentes, apéndices de los toreros.

El diestro francés Sebastián Castella. (EFE)
El diestro francés Sebastián Castella. (EFE)

Un torista decide su asistencia a la plaza a la luz de la ganadería anunciada, un torerista, deslumbrado por los nombres, no tiene luces para leer la letra pequeña de los carteles. Un torista no protesta nunca un toro en esta semana final de feria, en parte por lo desgastado que viene de protestar las tres primeras semanas del ciclo, pues protestan como si les pagaran por ello, en parte porque la fidelidad a su bien definida posición torista del que se sienta a su lado nunca se lo permitiría. Sí, los toristas suelen ser gregarios y tratan de sentarse  juntos. Un torista, además, lo es sólo para ciertas ganaderías; tampoco suele apreciar las embestidas de toros que suelen estar anunciados en los carteles donde hay toreros admirados por los toreristas... Lo de siempre, un lío. Otra prueba más de antagonismo sociológico de las que podemos ver en el universo del toro y que demuestran la naturaleza cainita de nuestra sociedad, la evidencia de la permanencia física de las dos Españas, el gusto genético y hereditariamente inevitable de las tribus íberas y mediterráneas por llevar la contraria al de enfrente y también al de al lado, la dicotomía existencial de ser del Madrid o del Atleti, de dejarse coleta o tratar de formar parte de la casta...

El caso es que para disfrutar de los toros lo mejor es venir sin prejuicios, intentando valorar todo lo bello y valioso sin desdeñar ni repudiar nada a priori. Hoy muchos venían a ver sólo los toros y se han encontrado casi sólo con los tres toreros. Los toros de Adolfo, algo peor presentados que otras tardes, no dieron en general el juego esperado. Sorprendentemente desrazados algunos, sí evidenciaron casi todos peligro durante toda la tarde y, aunque quizá esa tendencia a generar peligro en vez de arte sea del gusto de algunos de los toristas mencionados, la verdad es que limita por completo las posibilidades de éxito conjunto y de disfrute colectivo.

Diego Urdiales en la lidia con su primero en la corrida de la Feria de San Isidro. (EFE)
Diego Urdiales en la lidia con su primero en la corrida de la Feria de San Isidro. (EFE)

Bien asentado y con mucho gusto, Urdiales salió ovacionado por su actuación y por los recuerdos aún muy vivos de sus últimas actuaciones en Madrid. Es un caso de torero del gusto de los toristas, matiz de una explicación tremendamente compleja, pero que inconscientemente pone de acuerdo a muchos, como demuestran las dos ovaciones que se lleva para su Rioja natal.

Castella no pudo rematar la feria como merecería su disposición y buen momento ante los toros. Pulcritud, técnica y expresión tranquila ya le pongas el toro de Osborne revivido por una muestra de ADN por delante, resulta increíble la capacidad del francés para no aparentar pasar ningún tipo de trago delante de los toros. También se puede ir satisfecho Sebastián, camino, en este caso, de una buena vuelta por los ruedos de España a cuenta de resultar el torero triunfador del ciclo hasta la fecha.

Manuel Escribano recibe a su primero. (EFE)
Manuel Escribano recibe a su primero. (EFE)

En el sexto, como en un ejercicio de mínimo común denominador , disfrutó la plaza entera. Los toristas con las medias embestidas violentas del de Adolfo. Los toreristas con el derroche de valor del sevillano Escribano. Toro de emoción y torero emocionante. Toro exigente y torero autoexigido. Toro que no teme a la muerte y torero que no rehuye la lucha para encontrársela. Sexto toro emocionante de cabo a rabo. Oreja unánime tras la media estocada volcándose, de las de más consenso vistas en esta plaza que ojalá impulse la carrera de un excelente torero, completo en todos los tercios y con poderío y gusto a partes iguales y suficientes para contentar a tan variopinto y antagónico público. 

El caso es que en las corridas de toros, a diferencia de otras actividades, cuando aparecen los de la casta todo mejora. Y hoy eso resultó felizmente evidente al coincidir toro y torero de casta en el cierre de la tarde de los adolfos y los toreros... y pudimos salir todos con el regusto de que aún quedan tardes para disfrutar de todo el espectáculo en su conjunto: el toreo.

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