feria de san isidro

¡Ven eficiencia!

Para empezar, si la eficiencia es, en términos físicos, la relación entre energía útil y energía invertida, se podría intentar justificar que la plaza no estuviera engalanada como siempre ha sido tradición

Foto: El diestro Julián López durante la lidia con su segundo, en la tradicional Corrida de Beneficencia. (EFE)
El diestro Julián López durante la lidia con su segundo, en la tradicional Corrida de Beneficencia. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas. 27º festejo de la Feria de San Isidro. Corrida de Beneficencia. Letrero de ‘no hay billetes’ con el cartel de máxima expectación del ciclo. Toros de Victoriano del Río de 490 a 660 kilos, desigualmente presentados, muy descastados en general y no sobrados de fuerzas, y un sobrero de Montalvo como sexto serio y de pobre juego.

Presidió la corrida desde el palco real la infanta Elena.

Corrida decepcionante, sosa y en general aburrida.

El Juli, de grana y oro: ovación, silencio y silencio;

Miguel Ángel Perera, de gris plomo y oro: silencio, silencio tras aviso y silencio.

 

Y vaya que si vino. Hasta el punto de erigirse en protagonista de la tarde. No porque sobresaliera sobre–manera –que empiezo a pensar que en los todos sitios cuecen habas– sobre otras cualidades, sino porque fue la única cualidad que sería capaz de destacar de una tarde más gris plomo que el vestido de Perera y centrándome en su análisis  conseguir no acordarme de la familia de algunos de los protagonistas. Especialmente de la familia de estos toros que durante los últimos años tantos éxitos han dado a don Victoriano y a su familia.

Hermanos, padres, madres y primos de los de hoy, de los toros de hoy se entiende, han derrochado bravura, nobleza, empuje y casta como para hacer cien ganaderías... Normal que, especialmente este miércoles, muchos nos acordáramos de su familia, de las de los toros insisto... juego pobre y decepcionante sin paliativos. Decepcionante desde la presentación: tres cuatreños, tres cinqueños, tres castaños, tres de negro, tres listones... tres muy altos, tres bajitos, tres de más de 600 kilos...  Hagan los aficionados, especialmente los aficionados a la combinatoria, las posibles combinaciones ordinarias, es decir, sin repetición, de elementos tomados de tres en tres y descubrirán sin haberlos visto que no ha sido una corrida pareja ni uniformemente presentada.

El Juli en Las Ventas. (EFE)
El Juli en Las Ventas. (EFE)

Con estos elementos, disminuyan por respeto a anteriores triunfos el tono peyorativo de la expresión, se hizo imprescindible la presencia de  la eficiencia para evitar un suicidio colectivo, por decepción, más masivo que en la toma de Numancia y en la película de El último samurái juntos. Se hizo presente en muchos y variados aspectos... Para empezar, si la eficiencia es, en términos físicos, la relación entre energía útil y energía invertida, se podría intentar justificar que la plaza no estuviera engalanada como siempre ha sido tradición en la que se supone es la corrida más importante del año. 

Alguien pensó en la inutilidad de adornar los balcones, barandillas y andanadas de la plaza con las tradicionales guirnaldas florales y banderetes, pues dedujo que iba a ser una energía inútilmente gastada, por lo que decidió no invertirla, privando de entrada a los aficionados de un ambiente especial en la tarde en la que años atrás desde que sacabas tu entrada ya considerabas especial. Pues que quede constancia de que muchos lo echamos de menos y pensamos que el primer triunfo de la corrida de la beneficencia, que es su ambiente y la predisposición alegre, generosa y festiva de los que acuden quedó mermada por el ahorro de muy poca energía que confío en que no vuelva a considerarse eficiente en próximas ediciones.

El problema de fondo, sin embargo, es que ha sido una tarde eficiente en general pero muy poco eficaz en particular. En el particular de excitar la emoción del público, el sentimiento de los toreros o los pañuelos del presidente específicamente. La eficiencia hace referencia a la mejor utilización de los recursos y en ese sentido los toreros han estado impecables. Imposible sacarles más partido a los morlacos. Insuperable la cantidad de muletazos "asestados", en expresión de los más protestones, a los animalitos. Muy eficiente también los usos de espadas y descabellos de los matadores, de garapullos y puntillas de los banderilleros y puntilleros y  de botijos y esponjas limpiadoras mágicas de los mozos de espadas y sus ayudas. Pelín atrás se quedaron los del castoreño, menos eficientes en  los usos de los pobres percherones maniatados en esta plaza con camisas de fuerzas guateadas como si fueran locos peligrosos, privados de casi todos sus sentidos con antifaces, tapones de oídos y castraciones sistemáticas  y de las convincentes y, no tan convencidas, puyas manejadas por los picadores.

Miguel Ángel Perera. (EFE)
Miguel Ángel Perera. (EFE)

Eficientes fueron los quites que animaron exactamente un 1% de la tarde. El minuto y medio que duraron las chicuelinas con el compás abierto del Juli al cuarto de Perera, que tuvo respuesta en unas ajustadísimas navarras encadenadas con pases de frente por detrás que arrancaron exactamente el 99% de los aplausos de la tarde.

Como siempre sobresaliente en eficiencia Florito y sus domesticados, o viven con él en su casa o no termino de explicármelo: ocho cabestros que siguen batiendo tarde tras tarde el récord mundial de recogida de toro, llevándose la medalla de oro de acorralamiento sincronizado y a los que ya, en decisión ecuánime y unánime de la federación internacional de cabestros, ni dejan participar en contrarreloj por equipos alguna... por cabestros.

Pero la venida de semejante cantidad de eficiencia no dejó hueco posible a la eficacia. En clara referencia a la capacidad de alcanzar un objetivo podemos concluir sin ningún miedo a equivocarnos que lo más eficiente este miércoles habría sido quedarse en casa y lo más eficaz sin duda poner a la venta la entrada en los aledaños de la plaza por donde vimos a funcionar la reventa como hacía años que no lo hacía en Madrid.

Menos mal que a los aficionados a los toros, como todos los aficionados a cualquier arte, durante al menos un par de horas la eficiencia nos importa una mierda y la eficacia la solemos mandar al guano. Y sin reparos ni efectismos pasamos sin solución de continuidad de la decepción de una corrida a la expectación por la siguiente... Bendita afición de eficacia garantizada.

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