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Burriciegos

Hoy se ha celebrado el decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro en la Monumental del Las Ventas, en Madrid con José Mari Manzanares, Miguel Ángel Perera y Juan José Padilla

Foto: El diestro Juan José Padilla pone un par de banderillas a su segundo toro en el decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)
El diestro Juan José Padilla pone un par de banderillas a su segundo toro en el decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas. 15ª de la Feria de San Isidro. Cartel de ‘No hay billetes’. 

Tarde muy ventosa de nuevo en Las Ventas.

Toros de El Pilar de 566 a 605 kilos, con trapío, altos y largos... Faltos de casta en su mayoría.  

El quinto fue el mejor permitiendo momentos emocionantes a Manzanares. Un sobrero de Charro de Llen (2º) muy enrazado y difícil en la muleta.

Juan José Padilla, de verde carruaje y oro, silencio tras aviso y silencio.

José María Manzanares, de negro y azabache (luce luto toda la temporada por la muerte de su padre), silencio tras aviso y oreja tras aviso.

Miguel Ángel Perera, de azul pavo y oro, silencio y silencio.

Llegué sin comer a la plaza, detalle que espero más tarde venga algo a cuento... También cuentan las carreras a las que me obligó el atasco, mayúsculo por cierto de típica corrida de viernes, con expectación en la M30. Más tráfico de salida, más previsión de primerizo, igual a tremendas carreras hacia la plaza...

El caso es que llegué a mi asiento con más sed de la que aguantaba y en cuanto me acomodé en mi hueco comencé con mi cruzada... Con mi oficio contrastado después de cientos de plazas, con mi afición a la birra y la necesidad en lo alto, me dispuse a conseguir mi reto de tarde grande, de demostrar cómo puedo refrescar este gaznate consiguiéndolo por derecho, con corazón y con arte... 

El diestro Miguel Ángel Perera. (EFE)
El diestro Miguel Ángel Perera. (EFE)

Primero, con gran cadencia, miraba fijo al de rojo, que de rojo viste el coca-colo de mí tendido... Miraba yo fijo. Serio primero y casi retándolo más tarde, intentando a la vez parecer prudente y educado pero sin el miedo escénico de cruzar su mirada con mi lance de sed inmensa y de reseco y desesperado gaznate.

Pero no miraba el coca-colo... Y la sed que me invadía... Pasé después a los gestos, como cruzándome un poco... Nada... Desparramaba la vista, entraba y salía del coso, ni levantando los brazos lo fijaba en la conquista... Cogí un billete de cinco y se lo planté muy de frente, acompañé con la voz, con golpe de zapatilla y elevándole la frente... Parecía que miraba, pero para atender a otro... Decidido como estaba a triunfar y a hidratar mis ya casi desfallecidos órganos me lancé a la aventura y saqué un billete de veinte... Estaba convencido de que el triunfo me llegaba... Se me quedó mirando, movió la cabeza como asintiendo y se dirigió a la caja... Cogió con delicadeza un agua, que también me pareció me miraba, y al alzarla hacia mi encuentro dio un giro violento y cogió la siguiente fila y se fue medio sonriendo... No daba crédito al momento.

Citando perfecto y entregado, con todos los elementos, el billete de los euros, la voz firme pero educada, algunos de mis convecinos jaleando la jugada, pidiéndole al coca-colo que por favor me entregara el agua que no se le niega ni a un enemigo en batalla. Me quedé atónito, petrificado, patidifuso y al borde de la súplica pública de un buen suero fisiológico.

¡Ya está!: burriciego. Pensé que el de rojo me había salido burriciego, como los toros de hoy, que ni miran recto ni enfocan, ni miran a la muleta ni pierden de vista los machos... Dos de El Pilar y el del Charro de Llen que salió segundo y sobrero parecieron burriciegos.

Muchos sustos dieron hoy los morlacos. Con la visa perdida, la embestida muy cruzada, con el viento de compinche, se le vino al pecho a Castella en el tercero, arrollaron a Padilla en el capote del cuarto y casi le pasa por medio a Manzanares en los estatuarios del quinto... Pusieron en muchos problemas a los banderilleros. Embestían con el cuerpo en una dirección contraria a la que miraban. Como si embistiera un Dioni, como si lo hiciera un tuerto... Es un problema molesto porque la mirada de los toros se aprecia muy bien desde el suelo y no se ve en absoluto en cuanto te sientas en el cemento. La gente pedía hoy cosas que no podían dar los toreros. Especialmente Manzanares anduvo firme y dispuesto. Técnico, centrado, convencido y estético. El cuarto serio y agresivo le embistió con muchas dudas y la ausencia total de ellas en un Manzanares entregadísimo y enlutado por la memoria de su padre armaron un emocionante trasteo lleno de matices y bondades.

El diestro José Mari Manzanares con su primero en el decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)
El diestro José Mari Manzanares con su primero en el decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)

Algunos del público no sólo no hicieron caso, sino que caso hicieron de arruinarle la tarde al de Alicante. Gritones, e impertinentes tuvieron respuesta de la mayoría cabal y verdaderamente aficionada en la petición de oreja que consumó un trofeo, más que justo tras la estocada de gran ejecución aunque efecto lento.

Suponía que Manzanares estaría algo disgustado con el trato recibido pero alcancé a escucharle cuando contestaba a un micro que estaba feliz y contento, satisfecho y orgulloso de su entrega y de este público y debo decir que me emocionó el gesto. Está el torero centrado, equilibrado y a gusto. Puede tener un gran Manzanares la temporada que empieza.

Castella toreó de lujo al toraco que salió tercero, cuarto si el sobrero contamos. Estrecho de sienes pero de pitones vueltos, asustaba de salida y atemorizaba en los medios. Remató las razones para justificar prevenciones viniéndosele también al pecho en el primer muletazo de la segunda. Pero nada influye en Castella que tiene, según mi criterio, más carga de temple que muchas docenas, valor para poner la muleta delante y baja, y llevársela con tiento a la cadera contraria y dejándola muertecita, tirar de ella con gracia y enlazar un pase tras otro como si nada costara.

Tarde bonita en Las Ventas a pesar de los morlacos. Tarde de viento pero de toreros muy buenos que lo convirtieron en éxito. No como yo con mi sed, mi poca técnica y nula gracia que a las nueve de la noche seguía pidiéndole árnica al coca-colo que casi me mata y se troncha, que me consta que de burriciego tiene lo que yo de Lorca.

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