José Tomás I: ¡Viva el rey!
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triunfo rotundo del diestro en su reaparición

José Tomás I: ¡Viva el rey!

José Tomás, que volvía a los ruedos españoles en Granada, obtuvo un rotundo triunfo de tres orejas, conseguidas tras una actuación magistral y épica

placeholder Foto: El diestro José Tomás al comienzo de la corrida de la Feria del Corpus, en Granada. (EFE)
El diestro José Tomás al comienzo de la corrida de la Feria del Corpus, en Granada. (EFE)

Corrida del Corpus de Granada

Lleno de no hay billetes en tarde primaveral, calurosa pero agradable.

3 toros de Victoriano del Río y 3 de Domingo Hernández. Elsegundo(de Domingo Hernández) fue devuelto;sobrero de Juan Pedro Domecq, precioso,Jabonero, de 501 kg. Tercero bajito y cuarto muy bonito de Domingo Hernández;quinto de Victoriano del Río más alto y serio que el resto, sexto también de Victoriano del Río

Bien presentados, de 509, 523, 505, 546, 552, 579, 544 y604kg.

Corrida tipo de la casa, con hechuras de embestir los seis.

Finito de Córdoba (grosella y plata, con llamativas medias blancas de otras épocas). Silencio y silencio

JoséTomás (tejay oro con destacado corbatín azul). Oreja y dos orejas en el quinto después dematarlo él mismo al volver de la enfermería cinco minutos más tarde tras espeluznante voltereta que le dejó sin sentido en la arena de la plaza haciendo temer lo peor.

Rafael Cerro(blanco y plata). Oreja y oreja.

Un chinorri. Un chinorri de cabeza privilegiada, eso sí. Eso nos pareció el día enque, cumpliendo con el sagrado ritual de la compra de Aplausos (la única revista taurina de esa época) que, a escote, cumplimentaba sin excepción ni excusa semanalmente con mis incipientes compañeros de aventura taurina de aquellos últimos años ochenta, tuve la primera noticia de JoséTomás. Unanuncio de un tercio de página perdido en las páginas finales anunciaba el debut sin caballos de un "chinorri" en Valdemorillo como máxima atracción de una corrida de toros de las que hace años seguían todos los aficionados para saciar sus ganas de toros después de un largo invierno.

Un chinorri de cabeza privilegiada. Por el anuncio, seguro, pero también sin duda por su tamaño. Y es que, en aquellos tiempos, no se le daba tanta importancia al perverso ángulo picado con el que el, seguramente talludo, fotógrafo retrató a un crío de apenas catorce años y 140 cm desde lo alto,haciendo ocupar a la cabeza del ilusionado novillero casi tres cuartas partes del sorprendente y singular anuncio.

"Es sobrino de Victorino", dijo Paco Ramos, el más atento de nosotros a las noticias taurinas. Y desde nuestra humildad/victimismo nos pareció una explicación suficiente para entender lo que nos pareció ese día una enorme desproporción de medios... y de cabeza para ser sinceros.

Tres semanas después exculpamos al fotógrafo... En el enorme frontón municipal de Coria, provincia de Cáceres, un amigo banderillero (Antonio Corbacho) nos presentaba un minúsculo chándal azul del que brotaba una prominente cabeza que alcanzaba proporciones ciclópeas por la abundancia de pelo y la longitud sorprendente de su flequillo. No recuerdo que alcanzara a decir hola. "Es un chaval reservado", dijo Antonio justificándole.

Parábamos por Coria los pocos novilleros que, con malas artes –puedo reconocer ahora–, nos enterábamos de las fechas en las que Victorino Martín hacía los tentaderos en su finca Las Tiesas y coincidíamos todos al entrenar en la zona deportiva pegada al río. Les aseguro que esas fechas eranuno de los secretos mejor guardados del toreo de invierno. Frondosas, fructíferas y no muy numerosas primaveras plenas de juvenil ilusión nos juntábamos allí intentando acopiar el valor suficiente para poder torear alguna de esas utreras a las que Victorino, por principios o por ancestral morbo, se negaba a afeitar, viniera la figura del toreo invitado que viniera.

José Tomás, sobrino nieto a la postre del ganadero, salía el primero tras los toreros invitados. Se plantaba en los medios, adelantaba la muleta, se arrancaba con Santa Coloma furia la utrera, y... al rato volvía al burladero. Entre medias le daba veinte pases, pero la verdad es que yo no tenía la templanza de poder verlo. Cerraba los ojos y escuchaba las sonoras risas de Victorino y las arengas 'ninjas'de Corbacho y tenía más que suficiente... Yo, que debía conservar el valor para mi vaca, prefería no gastarlo viendo al chinorri pasarse los pitones por la garganta, la verdad.

Inmediatamente, lo de la cabeza privilegiada abandonó su connotación envidiosa para describir con claridad y contundencia la principal característica alrededor de la cual se forja una figura del toreo. Una figura del toreo de leyenda. Un verdadero rey del toreo. Nos dejó a todos cavilando, y de qué manera, cuando una semana después, terminados los tentaderos y repasadas mentalmente sus faenas camperas, volvíamos a nuestras 'bases' a encarar las primeras novilladas de la temporada, con la desasosegante sensación de haber visto algo realmente excepcional. ¡Qué cabeza! y no es broma... ¡Qué frialdad y valor! ¡Qué entereza ante las vacas!


Las sospechas de lo excepcional se fueron cuajando durante los meses siguientes. Un rabo aquí, un lío allá. Un matador de toros que hablaba y no paraba, un Antonio Corbacho que cambiaba traje de luces por chándal para entrenarle... El azar nos hizo coincidir ese mismo año en un mano a mano a mediados de septiembre y omito los detalles y las comparaciones para reconocer cuanto antes que nunca había visto a nadie con tal temple delante del toro. Temple en las muñecas y temple en su mirada. Aquel día puedo decir que conocí un rey al que ya no le quedaba nada de chinorri, y con trece años...

De eso hace más de veinte. Dos décadas que han forjado al hombre y al torero. A ese Román Martín hombre al que ya nunca le harán falta los apellidos para reconocerle y recordarle. Ese torero, JoséTomás, capaz de agotar calificativos, odas y admiraciones. Más de veinte años que han forjado ese superhombre que vuelve por su propio pie al ruedo tras dejar a todos los mortales que le contemplábamos con el corazón en un puño después de una de las volteretas más feas que yo haya presenciado nunca, con la angustiosa incertidumbre añadida de su inconsciencia casi inerte cuando por fin el toro lo soltaba violentamente contra la arena y las cuadrillas con la cara verdaderamente desencajada se lo llevaban asustados hacia la enfermería. Volvía entre oles y verdaderos gritos de admiración y alivio. Gritos de ¡torero, torero! a los que algunos estuvimos a punto de añadir ¡viva el rey!, ¡viva el rey de los toreros!

Buen conjunto de toros de Victoriano del Río y Domingo Hernández. Perfecta presentación para esta plaza, dieron el juego suficiente para vivir una tarde de toros completa interesante y entretenida siempre en torno al magnetismo que desprende la figura de José Tomás y la singularidad de su vuelta a las plazas en España.

Muy entregado Finito a unos toros que quizá carecieron de una embestida suficientemente clara para desplegar su tauromaquia. Con su llamativo vestido de medias blancas dejó momentos de buen toreo que no pudo rematar con la espada.

Rafael Cerro, en la cuarta corrida de su vida tras su reciente alternativa, demostró ganas, voluntad y empuje. A la altura del compromiso, consiguió que su ansiedad por el triunfo no le traicionara y cuajó dos faenas que, si bien no fueron perfectas, trasmitieron la sensación de estar viendo un torero con futuro. El premio de una oreja por astado demuestra ese reconocimiento mayoritario que casi siempre da la afición al toreo que empieza en tarde de expectación por el torero consagrado.

José Tomás Román Martín, rey de los toreros, ejerció su majestad y siguió engrandeciendo su corona. No seré yo quien afee sus virtudes tratando de describirlas. A este torero, incluso con sus defectos, no queda más remedio que verlo para entenderlo. ¡Viva el rey!

José Tomás Toros
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