El imbécil
  1. Sociedad
Puerta grande para la frescura de Daniel Luque

El imbécil

Afortunadamente escaso, tiene la polarizante virtud de concentrar la atención de la mayoría con el pretexto de demostrar públicamente su imbecilidad

Foto: El diestro Daniel Luque a hombros al finalizar el festejo. (EFE)
El diestro Daniel Luque a hombros al finalizar el festejo. (EFE)

Jueves 5 de junio de 2014

Casi lleno en tarde primaveral y agradable, con algo de viento.

6 toros de Puerto de San Lorenzo. El primero devuelto y sustituido por otro de la misma ganadería. Muy serios, cuajados y de imponente presencia, de 554 a 604 kg. Agresivos por delante con encornaduras y presencia típica de su encaste conde de la corte.

Juan José Padilla (azul y oro). Silencio y silencio.

El Cid (verde botella y oro). Palmasy silencio tras aviso.

Daniel Luque(grana y oro). Oreja y oreja.

'El imbécil'es una de las curiosas representaciones que se pueden ver en los tendidos de una plaza de toros. Afortunadamente escaso,tiene lapolarizante virtud de concentrar la atención de la mayoría con el pretexto de demostrar públicamente su, por otra parte, manifiesta imbecilidad. No tiene un aspecto característico ni tampoco una clara uniformidad de sus atuendos puede ayudarnos a identificarlo.

Para los expertos detectores de imbéciles, ciertos gestos a la hora de colocar la almohadilla que ha traído de su casa, o cierta impertinencia en el estilo de pedirle las pipas al sufrido adolescente le delatan: “¡Que no estén rancias como las de ayer!”, dice con cierta dejadez fonética y con una desagradable voz, normalmente de elevado componente nasal.

Es el momento de sacrificar la parte proporcional del coste de tu entrada y aventurarte en la búsqueda de una fila superioro de un hueco en alguna barra de las de los pasillos dela plaza que tenga puesto el Canal Plus, que a cambio ofrezca el refugio necesario para no exaltar la violencia propia ni sentir la vergüenza ajena. Si el relax de nuestros sentidos o la esperanza de un juicio prematuro nos invitan a darle una segunda oportunidad quedándonos a su vera, convendrá hacer acopio de paciencia y esperar la salida del toro. La primera prueba irrefutable de que nos hemos sentado al lado de un imbécil es que, en sus apreciaciones, cinco de cada diez palabras resultan ofensivas, y tres de ellas tienen que ver con la familia de alguno de los protagonistas de la tarde. Generalmente el primer grado de parentesco es el más mencionado.

El nivel de imbecilidad podrá calcularse en función de la velocidad con la que suelte sus molestos vilipendios y el volumen empleado, o con el número de faltones improperios vomitados desde la salida del toro hasta que llega el primer capotazo. Para el sufridor de imbéciles, con formación matemática ampliaremos la fórmula multiplicando este dato por la variable A (nivel de Aparentar o ser visto) y el factor R (siendo R el número de veces que Repite el comentario)

Desde hoy esta formula será susceptible de revisión ya que sus resultados deberán darse en relación al modelo de imbécil perfecto que hemos sufrido. Me explico: un imbécil de grado 7,2 merecía el respeto de ser bastante imbécil pensando que estábamos en una escala decimal en la que el imbécil 10 era el perfecto imbécil. Nada más lejos de la realidad: las escalas se han hecho añicos debido al hoy descubierto, el imbécil esférico, que lo mires por donde lo mires es imbécil. Me creo en la obligación humanitaria de sacrificar el último espacio de esta feria en su descripción: moreno, bajito, con gafas, 'comepipas' y con pronunciada voz nasal para bordar el tópico.

Habría preferido exaltar la vergüenza torera de un banderillero, la entregada pasión de El Cid, la técnica prodigiosa de Padilla o la sincera raza de Daniel Luque. Pero cuando vi el desparpajo con que le corregía a El Cid, y a toda la plaza, la forma de cuadrar un toro para entrarle a matar, cuando protestaban la colocación perfecta de Luque, cuando minusvaloraban la disposición de Padilla,supe que su influencia me arrastraría a mí también a hacer el imbécil. Para tranquilidad de todos evitaré la virulencia de esta contagiosa enfermedad guardando un añito de silencio. Me lo merezco por imbécil.

Lo siento, no puedo con los injustos, los calaveras ni los imbéciles. Como diría Mariano José de Larra, el calavera silvestre, el que siempre tenía las manos ocupadas liando un cigarrillo o con una navaja amenazante.Pipas: el calavera de hoy, se entretenía con pipas...que todo tiende a la decadencia con los años... Pensaba yo, desde el rencor que me producía su impertinencia con los toreros y su suficiencia con sus vecinos, que le pondría a su hijo delante de un toro para que entendiera la crueldad de sus comentarios, pero no le doy el crédito ni la bondad paternal suficiente, así quele colocaría directamente a él delante de cualquiera de los morlacos de hoy. Y le pediría explicaciones sobre el pico, el hilo, el cruce y el no cargar la suerte.

El calavera imbécil está haciendo mucho daño a los toros. Sobre todo porque el aficionado que, gustándole lo que está viendo, tímido de emoción y conocimiento, ya no se expresa como se expresaba antaño con valor y la convicción que se acumula conmuchas tardes y conversaciones de toros, tantas capaces de generar, primero el debate, y luego el triunfo dialéctico y decibélico que ayudaba a los toreros que se entregaban en Madrid a pasar tardes de miedos como la de hoy con nota. Con nota de aprobados para arriba. Mínimo notable hoy para El Cid y Padilla. Qué menos que un notable de reconocimiento y estima para toreros honestosque, como los de hoy, se juegan la vida en cada examen de lidia.

Lo siento, seguía pensando en el imbécil cuando Luque cortaba la oreja del segundo toro que le abría la puerta grande de la plaza más importante del mundo, que se dice pronto... ¡Seré imbécil! Torero joven, técnica sobresaliente, saber estar, saber entregarse, saber tener paciencia y saber sentir el toreo... y saber encauzar la embestida de un toro bravo, vibrante, convencido y convincente... Saber disfrutar no sabía...

Pero pasó el de Gerenaa mi lado y vi el brillo de sus ojos, vi la felicidad de luces, la satisfacción a hombros, vi un alma con dos orejas, vi sacrificios compensados, esfuerzos correspondidos, vi sueños que se cumplían, vi futuros que compraría... Vi, casi sin pretenderlo, de nuevo, el ciclo de la vida, el ciclo sagrado del toreo, de la queja del quejoso a la grandeza de la gran entrega. Vi la vida misma, vi la suerte ajena, vi la muerte del toro como trampolín de la mía. Vi un planeta que gira, vi la fiesta de lo más grande y lo pequeño de la huida.

Vi a Luque y me sentí imbécil. Imbécil de no entender lo bella que puede resultar la vida cuando, sin fijarte en lo más triste, simplemente... la miras.

Toros Feria de San Isidro
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