SE HACEN PASAR POR MENORES DE EDAD

Proyecto Pilla-Pilla: jóvenes españoles se lanzan a la caza de los (falsos) pederastas

Amados y odiados a partes iguales, pretenden 'cazar' a supuestos pederastas para recriminarles su actitud y mostrarlos en vídeo ante los demás

Foto: Algunos comparan el saludo Pilla-Pilla con el de grupos nazis.
Algunos comparan el saludo Pilla-Pilla con el de grupos nazis.

Llevan poco tiempo, pero ya han conseguido tantos adeptos como detractores. Se trata de un grupo de jóvenes que ha lanzado el proyecto Pilla-Pilla, una iniciativa mediante la que pretender 'cazar' a supuestos pederastas para recriminarles su actitud y mostrarlos, en vídeo, ante los demás.

La metodología es la siguiente: los jóvenes se hacen pasar por un menor de edad y entran a un chat de contactos. En él, establecen conversación con un adulto, con el que llevan a cabo un claro coqueteo online. Pasado un tiempo, quedan con el adulto en persona con el aparente objetivo de mantener relaciones sexuales. El adulto, que cae en la trampa, acude generalmente (por acuerdo entre ambos) con alcohol o incluso marihuana, sin saber lo que le espera. Una vez reunidos, los jóvenes lo cercan y, móvil en mano, le preguntan por las intenciones que llevaba y le recriminan su acción. En principio, parece que entre sus objetivos también está llamar a la policía, aunque en ninguno de los vídeos salen haciéndolo.

Por el momento, son dos los vídeos que, tras el bloqueo de YouTube, recopilan en su página de Facebook, que cuenta con más de 30.000 'Me gusta' y que ha generado debates de todo tipo.

La edad legal de consentimiento sexual es de 13 años

Los detractores de esta práctica señalan varios patinazos. El primero es que los impulsores del proyecto Pilla-Pilla, autodenominados 'cazapederastas', acusan de pederastia a personas que no cometen tal delito. En los dos vídeos publicados, el supuesto menor asegura tener casi 16 años, una edad a la que las relaciones sexuales están permitidas siempre que haya consentimiento de este.

En este sentido, la legislación española establece los 13 años como edad mínima de consentimiento sexual, tal y como detallan los artículos 181, 182 y 183 del Código Penal, que hablan de actos contra la indemnidad sexual de los menores de 13 años, obviando, por tanto, que las relaciones sean consentidas o no. Precisamente, la intención del Gobierno pasa por subir esa edad a los 16 años, y parece que será un hecho cuando el Congreso apruebe la reforma del Código Penal.

El debate, por tanto, es evidentemente moral, pero parece evidente que los adultos implicados no cometen ningún tipo de delito, ya que no resulta del todo manifiesto que haya engaños de cualquier índole ni coacciones.

Las formas: ¿legítimas o intimidatorias?

Otra de las polémicas que rodea al proyecto Pilla-Pilla son sus formas. Y es que no son pocas las personas que les echan en cara no sólo que graben y difundan la imagen del adulto, sino que, además, hagan todo a espaldas de la policía, que podría haberles 'tomado el relevo' en la cita y detener al adulto en caso de que este hubiese cometido algún tipo de delito.

Hay que recordar que, pese a ser una práctica con creciente debate social, el Tribunal Supremo emitió a principios de 2008 una sentencia que permitía a los policías hacerse pasar por menores de edad para 'cazar' posibles pederastas. Un policía, por tanto, podría haberse presentado junto a los jóvenes y haber tomado la decisión oportuna.

¿Un saludo homófobo?

Por si todo esto fuera poco, la polémica no acaba aquí. Los jóvenes de Pilla-Pilla han adoptado una especie de saludo (similar al 'Me gusta' de Facebook, pero con el dedo pulgar a medio levantar) que ha provocado controversia, ya que coincide con el de algunos grupos neonazis que se organizan para ir a la caza del homosexual. Por ello, son muchas las personas que en su propio Facebook les acusan de llevar a cabo una práctica homófoba usando la pedofilia como una simple excusa.

Por su parte, los organizadores de la iniciativa insisten en la ausencia de cualquier tipo de componente homófobo. En cuanto al hecho de que siempre usen a un niño (y, por tanto, a un adulto homosexual) como gancho, aseguran que, al ser ellos los que se ponen frente a la webcam, sólo pueden simular ser niños. 

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