Así construyó José Bretón la hoguera en la que supuestamente incineró a sus dos hijos
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EL AUTO DEL JUEZ RECONSTRUYE LOS HECHOS

Así construyó José Bretón la hoguera en la que supuestamente incineró a sus dos hijos

“Es probable que la causación de la muerte [de Ruth y José] hubiera tenido lugar nada más llegar a la parcela. Una vez allí, y abrigado

Foto: Así construyó José Bretón la hoguera en la que supuestamente incineró a sus dos hijos
Así construyó José Bretón la hoguera en la que supuestamente incineró a sus dos hijos

“Es probable que la causación de la muerte [de Ruth y José] hubiera tenido lugar nada más llegar a la parcela. Una vez allí, y abrigado por la imposibilidad de ser visto por nadie, José [Bretón] prepara una pira sobre un fondo de leña de olivo en forma más o menos rectangular, sobre la que coloca los cuerpos de los dos menores”. Así describe José Luis Rodríguez Laínz, el juez que dirige la instrucción del caso Bretón, la “hipótesis de trabajo” sobre cómo el presunto asesino construyó la “pira funeraria” en la que es “prácticamente incontestable en términos absolutos” que incineró y carbonizó los cuerpos de sus dos hijos.

El juez sustenta su hipótesis en el trabajo de la Policía Científica y Judicial, que considera “excelente”, pese al error del informe forense, y tras haber recibido hasta tres informes distintos que aseguran que los restos óseos hallados en la hoguera corresponden a dos niños de 6 y 2 años, la edad de Ruth y José el 8 de octubre de 2011.

El magistrado, titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Córdoba, no apunta cómo pudo matar Bretón a sus hijos (la Policía sospecha que les hizo ingerir grandes cantidades de Orfidal tras el hallazgo de una tableta vacía de este medicamento en el interior de la parcela). Pero sí describe con pelos y señales cómo se pudo haber producido la cremación: “Los cuerpos estarían posiblemente cubiertos por una sábana o cortina de las que no se encontraron en los registros [policiales]; muy probablemente José vertería importantes cantidades de gasoil sobre los cuerpos o sobre la leña, con miras a conseguir que la hoguera alcanzara elevadísimas temperaturas durante un prolongado espacio de tiempo”.

Meses después del inicio de la investigación, la Policía comprobó que Bretón había comprado 140 litros de gasoil en una gasolinera de Huelva. En los interrogatorios, el hoy imputado por la muerte de sus dos hijos, siempre defendió que el gasoil lo usó para sus viajes a la ciudad onubense, donde reside su mujer, Ruth Ortiz.

Ni llamaradas, ni humo

El juez continúa: “Sobre la pira, José colocaría la estructura metálica de mesa de forma rectangular que se encontró junto a la hoguera en el primer registro (…) La mesa serviría de parapeto, sobre el que posiblemente descansarían una especie de planchas o montículos que hicieran concentrar aún más el calor, actuando en forma de horno”. El magistrado da vital importancia a este dato. Considera fundamental que en los primeros momentos de la hoguera ésta no produjera ni llamaradas, ni humo, que serían visibles desde el exterior, ya que así podía maniobrar tranquilamente. De hecho, el juez hace referencia a la declaración de vecinos que aseguraron detectar entre las 15.00 y las 17.00 un fuerte olor a “basura quemada”.

Cuando calculó u observó José que la incineración pudiera haber tenido finalmente lugar (el volumen de la ceniza y la existencia de ascuas impediría un análisis concienzudo) retiraría la mesa y el material utilizado de parapeto, consiguiendo de este modo, posiblemente con la ayuda de ropas sintéticas o simplemente por oxigenación provocada por la retirada de obstáculos, o manipulación de ascuas, que la llama se avivara en el entorno de las 17.14”. A esa misma hora, el Infoca detecta a unos 50 kilómetros de distancia (desde el puesto avanzado situado en la sierra de Adamuz) una inmensa columna de humo negro.

Es a partir de esa hora cuando, según el juez, Bretón cree que ya no queda resto alguno de sus hijos, sale de la parcela y ejecuta la siguiente parte de su plan. Abandona la hoguera (que producía llamaradas que se elevaban por encima de la tapia, ya que estuvo a punto de quemar dos naranjos) y se marcha, en su coche, al parque Cruz Conde de Córdoba, a unos 13 kilómetros de su parcela. Allí, simula haber perdido a sus hijos. En la Ciudad de los Niños, comienza a llamarse a los pequeños por megafonía. La Policía empieza a buscar en la zona. Los taxistas se lanzan a la búsqueda por toda la ciudad...

El plan que le “saldría bien”

El magistrado asegura que Bretón contaba con que el plan de simular la desaparición de sus hijos le “saldría bien” y nadie sospecharía de él. Así, tendría tiempo, en horas o días sucesivos, de “pasarse por la parcela, recoger las cenizas y esparcirlas poco a poco por la misma parcela o cualquier otro lugar, sin posibilidad alguna de ser descubierto”. Pero no le dio tiempo. Sin embargo y cuando la Policía halló los restos, Bretón se encontró con una coartada inesperada, ya que la forense estimó que no eran humanos, sino de animal.

El juez describe también, sosteniéndose en todos los informes que ya posee, cómo son esos restos y qué parte pertenece a cada niño. Por ejemplo, los huesos pertenecientes al cuerpo de seis años (los informes no determinan el sexo pero Rodríguez Laínz afirma que nadie “con un mínimo de raciocinio” puede negar que se trata de la pequeña Ruth Ortiz) son vértebras y costillas, además de pequeños restos de dientes nacientes. Mientras que los restos del niño de dos años son mucho más escasos, estacando fragmentos de cráneo, de hueso pétreo y de un tercer astrágalo.

José Bretón