LA INVESTIGACIÓN CAMBIÓ TRES VECES DE RESPONSABLE EN SIETE DÍAS

La caótica primera semana en la búsqueda de Ruth y José

Los policías que se enfrentan a un crimen siempre afirman que las primeras horas son cruciales para su resolución. Pero la investigación del caso más impactante

Foto: La caótica primera semana en la búsqueda de Ruth y José
La caótica primera semana en la búsqueda de Ruth y José

Los policías que se enfrentan a un crimen siempre afirman que las primeras horas son cruciales para su resolución. Pero la investigación del caso más impactante en España del último año, el de la desaparición de los dos hermanos de Córdoba Ruth y José, no se inició con buen pie: el caso Bretón tuvo hasta tres responsables policiales distintos (y con conflictos entre ellos) durante la primera semana.

El 8 de octubre de 2011, el día en que Bretón denuncia que ha perdido a sus hijos en un parque, Córdoba es una ciudad que carece de comisario de Policía Nacional. El anterior, José Antonio de la Rosa, fue destituido en enero de 2011 después de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), que estimó que su nombramiento no se ajustó a derecho. Por eso, aquel 8 de octubre Córdoba tenía un comisario provisional.

Sin embargo ese día, sábado, el caso lo asumió la Brigada de Homicidios y Desaparecidos de la ciudad. Sus agentes se hicieron cargo de la investigación y a las pocas horas de la denuncia de Bretón un equipo entraba en la parcela de Las Quemadillas, donde se encontró con los rescoldos, aún humeantes, de la hoguera en la que dos informes forenses han hallado, 11 meses después, restos de dos niños de 6 y 2 años, la edad de Ruth y José. Este equipo, que en ese momento mantenía todas las hipótesis abiertas (de hecho, se interrogó a Ruth Ortiz en la Comisaría de Huelva, por si era ella quien se había llevado a los críos), ya tomó las primeras muestras de la hoguera. Además, y según ha podido saber El Confidencial, en esas primeras horas los investigadores ya sospechaban de Bretón y temían lo peor de aquel fuego.

El domingo 9 de octubre fue un día de transición e interrogatorios. Los investigadores, aún cordobeses, hablan con las familias y, sobre todo, con los padres. Pero no obtienen ningún resultado. La presión de los medios de comunicación es cada vez mayor.

Ante la falta de comisario y de resultados, el lunes 10 de octubre se hace cargo de la investigación Manuel Piedrabuena, entonces comisario jefe de la Policía Judicial de Sevilla y que venía de dirigir el caso Marta del Castillo. 48 horas después de la desaparición de los pequeños, Piedrabuena ordena un espectacular dispositivo de búsqueda: un helicóptero, unidades de subsuelo, la unidad canina, buzos rastreando el Guadalquivir en busca de pistas y, sobre todo, la Policía Científica de Sevilla.

Ese mismo día trasciende que en la hoguera de Las Quemadillas se habían encontrado huesos. Pero al día siguiente el laboratorio dijo que no eran humanos sino de animal, probablemente de perro. Todo se dejó a la espera del informe definitivo (que llegó el 10 de noviembre) pero ese día se descartó casi por completo que el fatídico fuego pusiera punto final a la incógnita sobre el paradero de los niños, tras la contundencia con la que se pronunció el laboratorio policial.

La investigación entra en un punto muerto. La Policía sospecha únicamente de Bretón, “pero el padre no se derrota”, confesaban entonces los investigadores. Le habían sometido a intensos interrogatorios, habían recorrido con él palmo a palmo de la finca, se había buscado por cielo, río y tierra algún rastro de Ruth y José. Pero nada. La investigación se estancaba cuando más presionaban los medios de comunicación (a Córdoba había llegado ya alguna televisión internacional).

Jueves 13 de octubre. a primera hora, el delegado del Gobierno en Andalucía convoca una reunión con la cúpula policial. Ese día, se decide apartar a Manuel Piedrabuena y a todo su equipo de la investigación. Piedrabuena había despertado malestar y suspicacias entre los agentes de Córdoba, que se sentían desplazados. Ese mismo día, se decide que del caso de los niños desaparecidos de Córdoba se hará cargo la todopoderosa Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), experta en la lucha contra mafias, crimen organizado y traficantes de droga. Sus responsables (entre ellos su comisario jefe, Serafín Castro) viajan a Córdoba.

El 14 de octubre la investigación ya es de la UDEV. Cambia la estrategia. Se suspende el espectacular dispositivo de búsqueda y todo se centra en el interior de la parcela de Las Quemadillas. Una cámara de seguridad de un centro penitenciario cercano había grabado a José Bretón llegando a la finca con sus hijos pero no saliendo. “Los niños están ahí dentro y los vamos a encontrar, y si para ello tenemos que levantar la parcela entera la levantamos”, declaró uno de los nuevos investigadores. Y así fue. Descartada la hoguera, se peinó literalmente la finca y ante la falta de una confesión de Bretón se le detuvo el 18 de octubre, para mandarlo a prisión el 21.

Comenzó entonces una búsqueda infinita. Ya siempre bajo la responsabilidad de la UDEV, se peinó todo el terreno (unos 10.400 metros cuadrados) con un georradar. Se buscaba un posible enterramiento bajo los naranjos del abuelo de Ruth y José. Pero no sé encontró nada. Sin embargo, y sin querer, los investigadores dieron con la clave. El responsable del equipo del georradar (una empresa externa a la Policía) comentó con un amigo forense la extraña forma de la hoguera. “Es rectangular”, le dijo. “Tendrías que verla”. Ese forense resultó ser Francisco Etxeberria, que se puso en contacto con la abogada de Ruth Ortiz para echarle de nuevo un ojo a los huesos que se hallaron en las cenizas. Concluyó que los restos eran humanos y su informe ha revolucionado un caso que se podía haber resuelto en 48 horas.

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