CIERRE DE BARES Y AUMENTO DE LOS EFECTIVOS POLICIALES

Se acabó la fiesta: el “turismo de borrachera y de low cost” destruye la imagen de España

Durante décadas,  España ha ofrecido a los jóvenes extranjeros un tipo de turismo basado en ofrecer litros y litros de alcohol  low cost en algunas zonas

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Se acabó la fiesta: el “turismo de borrachera y de low cost” destruye la imagen de España
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    Durante décadas,  España ha ofrecido a los jóvenes extranjeros un tipo de turismo basado en ofrecer litros y litros de alcohol  low cost en algunas zonas costeras. Sin embargo, la fiesta y el desmadre definitivamente se han terminado en Lloret de Mar, la emblemática ciudad del turismo masivo de británicos, franceses, holandeses e italianos, principalmente.

    A principios de este mes, la Policía se vio obligada a utilizar material antidisturbios, como bolas de goma, contra una pandilla de turistas ebrios que se volvieron completamente locos: rompieron escaparates de varios establecimientos y quemaron un coche de las fuerzas de seguridad tras salir de la discoteca Colossos’, que previamente los agentes tuvieron que desalojar. La actuación policial se saldó con 20 jóvenes detenidos, todos ellos extranjeros, acusados de delitos de desorden público y atentado contra los agentes de la autoridad. Una cifra bastante reveladora si tenemos en cuenta que Lloret tiene 40.000 habitantes, 25 discotecas y 231 bares y, aproximadamente, un millón de turistas al año.

    Ya en el año 2004 -tras unos incidentes similares- el conseller de Interior de Cataluña catalogó este tipo de turismo como de borrachera y prometió atajar este problema. Sin embargo, siete años después la situación parece que está estancada. Este verano, Andrew Milroy, un chaval de apenas 15 años, fue apuñalado en un club nocturno de Lloret por dos turistas franceses. Las reacciones políticas fueron inmediatas: “Cerraremos los bares más conflictivos y prohibiremos la prostitución en la vía pública”, afirmó Roma Codina, alcalde de Lloret de Mar. Otras medidas que ya se han hecho efectivas han sido limitar los horarios de cierre de las discotecas y evitar que los menores consuman alcohol. Además, la presencia policial se ha intensificado para acabar con la impunidad de este turismo, que más que reportar beneficios degrada la imagen de un turismo español que ha costado décadas construir.

    Se extiende a otras zonas

    En cuanto las cosas se calmaron en Lloret de Mar, los problemas aparecieron en otros lugares. Las autoridades de las Islas Baleares advirtieron la semana pasada de una nueva ola de muertes por ‘balconing’, un peligroso juego en el que turistas con síntomas de embriaguez saltan desde sus habitaciones hasta la piscina del hotel. Eso sí, ese ‘momentazo’ tiene que ser inmortalizado por algún amigo de turno para subirlo a Youtube. Ahí está la gracia de esta moda que, en lo que va de año, ha costado la vida de tres chicos que rozan la veintena (dos franceses y un italiano) y ha provocado más de una docena de heridos en Ibiza y Mallorca.

    Sin necesidad de movernos de las Islas Pitiusas, en Magaluf (Mallorca), los británicos continúan poniendo sus ‘locuras’ de moda traídas desde los peores antros de Gran Bretaña. Esta vez, son capaces de emborracharse sin necesidad de beber alcohol gracias al ‘Oxy Shot’. Se trata un aparato que permite, mediante la inhalación de alcohol, un efecto mucho más rápido y sin resaca y que pone en riesgo la salud de los jóvenes aumentando la posibilidad de presentar problemas asmáticos e incluso un enfisema pulmonar.

    Sin embargo, no todo turista con un perfil joven, de entre 16 y 24 años, y extranjero tiene este comportamiento tan radical, pero sí evidencia una realidad que cada año se va acentuando y que ya ha llamado la atención de muchos de los comerciantes: zonas como El Arenal y Magaluf, enclaves alemanes y británicos por excelencia, se están convirtiendo en auténticos guetos en los que solo se escucha y se ven sus canales de televisión o se compra productos traídos directamente de Alemania y Gran Bretaña.

    Otros destinos muy british son Benidorm, donde existe una Plaza Británica repleta de clubes nocturnos en los que no se escucha ni una sola palabra de español y que han sido rebautizados con nombres londinenses como Piccadilly, Carnaby Street y The Red Lion, o Salou, primer lugar de España donde se obligó a los turistas a ir con camiseta una vez que dejaran de pisar la arena de la Costa Dorada. Esta ciudad es el epicentro de las fiestas de fin de curso de jóvenes no solo ingleses, sino también alemanes y holandeses, conocido como SalouFest en el que, durante cinco días, 5.000 estudiantes comen, beben y duermen por menos de 200 euros. Ahí es nada.

    Málaga, Alicante, Castellón o Barcelona también sufren este turismo de doble filo. Ofrecer bebida más barata reporta mayores beneficios económicos pero se olvida lo más importante: la imprudencia a la hora de beber puede provocar situaciones que no solo son culpa de ese “turismo de borrachera” y de saldo, sino de esa ambición de obtener el máximo beneficio de la forma más simple. Y además sin cuidar uno de los mejores bienes que tiene nuestro país de cara al exterior: el turismo.

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