LOS EXPERTOS ANALIZAN LOS AIRES DE CAMBIO EN LA SOCIEDAD

Ser de derechas y decirlo deja de ser "pecado"

La cantautora madrileña Lourdes Hernández, más conocida como Russian Red, ha generado cierta polvareda en las redes sociales al definirse de derechas en una revista femenina.

Foto: Ser de derechas y decirlo deja de ser pecado
Ser de derechas y decirlo deja de ser "pecado"

La cantautora madrileña Lourdes Hernández, más conocida como Russian Red, ha generado cierta polvareda en las redes sociales al definirse de derechas en una revista femenina. Ciertamente, se trata de una afirmación inusual, en tanto esta cantante de moda en los círculos indies pertenece a un estrato en el que lo normal es no interesarse por la política, y si acaso, manifestarse de izquierdas. Ella ha tomado el camino contrario con bastante soltura y despreocupación, y sin reparo alguno a la hora de abrazar valores tradicionales. Declaró que dejará de cantar “cuando sea madre y tenga una familia: entonces estaré bien, segura y tranquila”, lo que ocurrirá “a los 30, como muy tarde”.

Más allá de una simple postura personal, aparece en las declaraciones de Lourdes Hernández un signo de los tiempos: ser de derechas no sólo ha dejado de ser algo negativo, sino que ahora chana mil. En el pasado reciente, pocas personas de un barrio obrero votaban a formaciones conservadoras, y cuando lo hacían se lo guardaban para sí. Hoy los barrios populares son cada vez más conservadores, el PP obtiene cada vez más votos en ellos, y desde luego, no hay reparos en manifestar públicamente la indignación derechista. De igual modo, pocas personalidades públicas, desde ‘celebrities’ hasta periodistas, decían pertenecer a la derecha, y hoy los informativos y las tertulias están llenos de ellos. Estamos, pues, asistiendo a un cambio de ciclo político mayor en la calle que en las urnas.

Como asegura el escritor y periodista José Javier Esparza, “ser de derechas ha dejado de ser pecado, gracias en parte a que ha tenido lugar en los últimos años una notable producción intelectual de escritores y pensadores provenientes de ese estrato ideológico y en parte a que muchos medios de comunicación, que han acudido al sector de la derecha sociológica, están enganchando con lo que los españoles sienten”.

Este cambio obedece, para Antonio Alonso, profesor de Historia del Pensamiento de la Universidad CEU San Pablo a un habitual movimiento pendular. “En Europa soplan vientos de derecha, todos los gobiernos de los países más poderosos (Francia, Alemania, Italia, Reino Unido) son conservadores, y aquí también estamos sintiendo esos aires. Según Alonso, en España han influido especialmente dos factores a la hora de transformar las mentalidades, como son “la radicalización del PSOE, que ha asustado a mucha gente, y los ochos años de gobierno tranquilo del PP, que demostró que estaba formado por  personas responsables y democráticas que nada tenían que ver con el franquismo”. Además, en los años precedentes “se han dado una serie de movilizaciones de la sociedad civil que han conseguido que la gente se quite el complejo de ser de derechas: si defender la vida del no nacido, a la nación española o a las víctimas del terrorismo significaba ser conservadores, mucha gente no tenía problema en reconocerse como tal”.

Pero las novedades de este tiempo van más allá de la mera acción de los partidos. Hablamos de cambios sociales de notorio calado, y no simplemente del ascenso de una formación política u otra. Para Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, “aunque las complejidades del presente son muy difíciles de definir desde el eje tradicional izquierda/derecha, heredado de los siglos XIX y XX,  sí aparecen en ellas algunos elementos clásicos, como es el refugio en la derecha de las clases medias cuando aumenta el miedo social. Estamos en un momento de fuerte conservadurización que es culmen de un ciclo de conservadurismo previo, y que está afectando tanto a las clases populares como a las medias. En estas aparecen sujetos con contradicciones evidentes, como son los jóvenes, ya que vienen de familias que les pueden mantener, pero ellos no pueden mantenerse a sí mismos, lo que está creando un muy fuerte conflicto de expectativas. Es ahí donde ha prendido el nuevo lenguaje de los indignados”. Sin embargo, en ese contexto, la salida más frecuente no suele ser hacia movimientos de izquierda, sino hacia el conservadurismo, lo que podría explicar que si hubo apoyo en la calle al movimiento, lo hubo mayor en las urnas a los partidos de derecha.

Sin embargo, ese magma que está concretándose en el giro social hacia el conservadurismo no está teniendo una traslación íntegra y directa a la esfera político-electoral. “Mientras que en la sociedad”, asegura Antonio Alonso, “se ha normalizado el hecho de decir que se es de derechas, en la política no tanto, ya que se tiene miedo a perder votos, por lo que los dirigentes suelen preferir proclamarse de centro”, esa esfera a la que todo el mundo se dirige pero que nadie logra definir. “Los políticos no quieren decir una palabra más alta que otra por temor a que posibles votantes huyan hacia otras formaciones, de modo que prefieren destinar sus discursos a ese centro en el que desde la transición la mayoría de los españoles decían ubicarse”.

Para Esparza, el problema es distinto, porque puede que la gente de la calle sea de derechas, pero el PP no. “Los populares huyen del término derecha como del demonio, por eso sus postulados están más cerca del partido demócrata americano que del republicano. El PP encarna a la derecha sociológica española porque no hay otra alternativa”.  En ese sentido, asegura Esparza citando a Christopher Lasch, autor de La rebelión de las élites,  esta posición del PP no es más que un síntoma de cómo ha quedado organizada nuestra sociedad, donde “hay una nueva clase que manda, que es un mixto de gente de las finanzas, de la empresa, de la política y de la prensa que es mayoritariamente progresista y que impone sus criterios a una sociedad que es mayoritariamente conservadora. Aplican sus nefastas recetas a la política y a la economía, pero la calle piensa de otro modo”.

Para Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma, lo que las elecciones vienen demostrando no es esa divergencia entre la gente común y la política, sino que el PP tiene techo. “Los populares sólo han aumentado un punto y medio sólo, lo que demuestra que la distancia entre la derecha y la izquierda no obedece a un salto cualitativo sino a que el apoyo al PSOE se ha desmembrado”. Tampoco le parece a Vallespín que la frecuente penetración en las televisiones de discursos de derechas tenga que ver con un cambio social. “Las televisiones de Madrid y Valencia hurtan a la gente un debate serio y lanzan discursos populistas sobre que todos los políticos son iguales. Hablan de los trajes de Camps y de los Eres de Andalucía, y acaban banalizando el discurso y poniendo a todos los políticos a la misma altura”. Sin embargo, tampoco cree que esos mensajes calen en la gente: “lo que hacen es reforzar posiciones y prejuicios, pero su alcance está limitado a un grupo de hooligans de la derecha. Quienes ven El gato al agua no votarán jamás algo distinto del PP”.

Sin embargo, el asunto tiene, para Luis Enrique Alonso, una profundidad mucho mayor. “Estamos ante un cambio de ciclo político que durará mucho más allá de la crisis, porque los efectos de conservadurización son muy fuertes en el conjunto de la vida social, pero también en las soluciones institucionales.  Lo que vamos a ver son frecuentes movimientos expresivos, como el del 15 M, pero no cambios institucionales profundos. La hegemonía de las instituciones económicas sobre la política está tan marcada, tenemos tan interiorizado que no se puede hacer otra cosa que lo que dicta la racionalización económica, que cambiar esa forma de pensar va a llevar mucho tiempo”.  Para Luis Enrique Alonso, la mentalidad de la época precedente, la del estado del bienestar europeo, partía de la necesidad de moderar las necesidades de la economía en función de las necesidades sociales. “Ahora estamos ante una mentalidad liberal que, cuando esté ante una crisis, adquirirá matices prefascistas y cuando esté en un buen momento regresará a un liberalismo más tradicional. Pero reinstitucionalizar una serie de pactos sociales parece muy difícil a corto plazo”. La derecha va a estar de moda durante mucho tiempo.

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