ASÍ SERÁ EL MUNDO DE LA ABOGACÍA EN 2020

Lucha entre abogados y financieros por el control de los nuevos despachos

Los próximos diez años no van a ser fáciles para el mundo jurídico, ya que a las transformaciones sociales y las profesionales provocadas por las nuevas

Foto: Lucha entre abogados y financieros por el control de los nuevos despachos
Lucha entre abogados y financieros por el control de los nuevos despachos

Los próximos diez años no van a ser fáciles para el mundo jurídico, ya que a las transformaciones sociales y las profesionales provocadas por las nuevas tecnologías va a sumarse la llegada de inversores financieros que dotarán a las firmas de objetivos diferentes. Veremos, pues, cómo surgen nuevas formas de gestión, nuevos modos de captar clientes y nuevos servicios que prestar. Y hay quienes piensan que los despachos españoles no están preparados para esos nuevos tiempos, y menos aún sus abogados.

Richard Susskind, autor The end of lawyers? (Oxford University Press) estuvo presente en Madrid en unas jornadas organizadas por Thompson Reuters Aranzadi cuyo tema central era el análisis de las nuevas tendencias en la abogacía. Para el consultor británico, los cambios que traerá esta década serán sustanciales: “En 2020 el ejercicio del derecho será muy distinto del actual, tanto en las herramientas que se utilizarán, como en la relación con los clientes”. España no será una excepción.

Vivimos en un entorno globalizado, y aunque existan diferencias entre sistemas jurídicos, no serán suficientes para obstaculizar las dimensiones internacionales de los cambios, especialmente entre países con niveles socioeconómicos similares. Así, las transformaciones que acontecerán en España serán muy similares a las que sufrirán británicos o alemanes. Si en el pasado los sistemas de protección corporativos nacionales pudieron servir de sólida protección, hoy carecen de fuerza ante las nuevas corrientes económicas e ideológicas.

En este nuevo contexto, los abogados y las firmas a las que pertenecen, asegura Susskind, “deben plantearse las preguntas desde la misma perspectiva que utilizó Black & Decker cuando años atrás les preguntaron sobre lo que querían sus clientes. La tentación era contestar: “taladros”, pero ellos supieron ver la respuesta correcta: sus clientes querían agujeros. Y ese es el enfoque que deben utilizar los abogados. ¿Podemos hacer los agujeros de una manera distinta? ¿Qué soluciones podemos ofrecer?”

Aparecen, pues, nuevos desafíos para las firmas jurídicas, que para Susskind pueden resumirse en cuatro: “Habrán de prestar más servicios a menor precio”, un más por menos que entronca con el común de las tendencias del ámbito empresarial; “habrán de avanzar desde un modo artesanal de resolución de los problemas hacia una estandarización y comoditización de los servicios jurídicos”, de modo que sean más baratos y accesibles; “habrán de utilizar las tecnologías de la información de nuevos modos; y habrán de saber adaptarse a la presión que la liberalización y la desregulación traerán consigo”. Este punto es particularmente importante, en la medida que, en países como Inglaterra, “la prestación de servicios jurídicos dejará de ser monopolio de los abogados”.

Ello nos llevará a una notable redefinición del negocio. Como asegura Marisa Méndez, asesora de firmas de servicios profesionales y profesora de IE Law School, tendremos, por una parte, “las superoperaciones, asesoramiento jurídico muy especializado en temas de alto riesgo, donde la sensibilidad al precio es más baja porque el valor añadido que proporciona es muy elevado”; de otra parte, a los abogados independientes, a menudo trabajando solos, “que seguirán siendo mayoría pero que lo tendrán muy difícil para sobrevivir; y, en el medio, aparecerán nuevos profesionales, como el gestor de caso, que será quien esté al frente de los servicios estandarizados que se prestarán en masa. Este profesional, explica Méndez, “será el que coordine, gestione tiempos y dé seguimiento a los servicios, así como el que asigne el trabajo al mejor proveedor, interno o externo”.

Las capacidades gestoras, por lo tanto, serán una de las principales cualidades con las que deberán contar los nuevos abogados. Además, serán cada vez más importantes  las habilidades no técnicas, como las interpersonales y las sociales, “toda vez que la distancia con los clientes es todavía mucha, y el abogado debe hacer un gran esfuerzo por acercarse a ellos”. Como asegura Susskind, la confianza continúa siendo el elemento básico, por lo que “los abogados no pueden mostrarse como personas distantes, sino que han de ser profesionales cercanos que comprendan las circunstancias particulares de cada cliente  concreto”.

Por último, la tecnología marcará definitivamente el futuro. Según Susskind, los abogados “deben verla como una amiga absoluta, no como un bastón o como una rival. Tecnología y abogado van a ir de la mano”. En este orden, señala Méndez, “las innovaciones no provendrán de la utilización de los nuevos medios técnicos para ofrecer lo que ya estábamos ofreciendo, sino para proporcionar servicios que no estamos dando”. Susskind abunda en este sentido con el ejemplo de los cajeros automáticos “que no suponen una sustitución a través de la máquina de lo que ya se hacía, sino de un nuevo servicio que nos puede facilitar dinero a altas horas de la madrugada.   Los abogados estarán obligados a utilizar la tecnología en este mismo sentido”.

Un nuevo modelo de escuela de derecho

Tales cambios llevarán a modificar también, asegura Méndez, los programas de las escuelas de derecho, “que no sólo incluirán los conocimientos técnicos adecuados, sino que habrán de formar en diferentes habilidades, desde la capacidad de gestión hasta la de interrelación social pasando por un gran dominio de las nuevas tecnologías”, de modo que quienes salgan de los centros de formación estén preparados para el nuevo mundo.

Pero este panorama de cambios deja también dudas por resolver. Hoy es muy difícil que un pequeño despacho pueda plantar cara a los grandes, incluso en terrenos hiperespecializados. Si bien hay algunas experiencias en ese sentido, escisiones de despachos que aprovechan el caudal de conocimientos y contactos adquirido para establecerse en sectores concretos, esa no es la tendencia ganadora. Y está por ver si la tecnología posibilitará que los pequeños ganen espacio a los grandes, como prometen, o si por el contrario serán las firmas más prestigiosas quienes aprovechen las nuevas posibilidades para seguir creciendo, ganando espacios hasta ahora impensados.

Tampoco está claro quién triunfará en la batalla entre la hiperespecialización y los abogados generalistas. Porque, asegura Méndez, “las necesidades de los clientes son tan amplias que requieren de profesionales que sepan dar respuesta a los temas más diversos; y, por otro lado, la información circula tan rápido que es difícil ser un buen abogado si no se conoce muy a fondo el terreno jurídico que se pisa”. Quien sepa resolver ese dilema en su favor tendrá mucho ganado. Para Susskind, “el resultado más probable de estos procesos es que los despachos pequeños tengan muchas dificultades para sobrevivir, los más grandes se vean en problemas y los medianos y más flexibles sean los que salgan vencedores”.

El tercer gran elemento de incertidumbre, y probablemente el más significativo, proviene del cambio de regulación que permitirá a partir de octubre de 2011 el ingreso en las firmas jurídicas británicas de capital de no abogados, lo que abre las puertas a todo tipo de inversores, especialmente al private equity, el más interesado a priori. Teniendo en cuenta que no hay límites a la participación (los inversores pueden tener en sus manos el 100% de la firma), los cambios están asegurados.

Hasta la fecha, la gestión de los despachos por abogados, aseguraba que permaneciese vigente cierta perspectiva jurídica a la hora de estructurar la empresa y de adoptar objetivos. La llegada  de las ABS (Alternative Business Structures) significará una nueva dinámica de resultados inciertos, a la que las firmas legales españolas también deberán estar atentas. Aun cuando nuestro caso es diferente (en las Sociedades Profesionales españolas sólo se permite que el capital no jurídico posea un 25% de la sociedad)  los movimientos que se produzcan en Gran Bretaña tendrán consecuencias en todas partes, empezando porque cambios similares comienzan a vislumbrarse en EEUU.

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