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Justicia restaurativa o por qué el ojo por ojo no es una solución
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UNA MUJER QUE MATÓ A UN VIOLADOR REÚNE 5.000 FIRMAS PARA SU INDULTO

Justicia restaurativa o por qué el ojo por ojo no es una solución

El detonante de todo fue una simple pregunta: “¿Qué tal está su hija?”. Mari Carmen, vecina de Benejúzar (Alicante), no pudo contener la rabia y, tras

Foto: Justicia restaurativa o por qué el ojo por ojo no es una solución
Justicia restaurativa o por qué el ojo por ojo no es una solución

El detonante de todo fue una simple pregunta: “¿Qué tal está su hija?”. Mari Carmen, vecina de Benejúzar (Alicante), no pudo contener la rabia y, tras buscar gasolina, quemó vivo al hombre con el que acababa de hablar en la parada del autobús y que siete años antes había violado a su hija, que por entonces tenía 13 años. El Pincelito sobrevivió sólo unos días a esta agresión que le abrasó el 60% de su cuerpo.

Cuatro años después, en julio de 2009, la Audiencia Provincial de Alicante condenó a esta madre a una pena de nueve años y medio de prisión y a una indemnización de 140.000 euros. Menos de un año después, el Tribunal Supremo, tras aplicarle la eximente incompleta de trastorno mental transitorio, rebajó a cinco años y medio su condena. Apenas han pasado seis meses desde esta última revisión y la representación legal de Mari Carmen ha logrado reunir 5.000 firmas que reclaman su indulto.

No es un caso único en España. Hace pocos meses, un jurado popular de la Audiencia Provincial de La Coruña pidió el indulto parcial para una mujer que mató a su marido tras 34 años de malos tratos. Los dramáticos testimonios escuchados durante el juicio conmovieron a buena parte de los miembros del jurado que sí que la consideraron culpable del homicidio.

Sin embargo, diversos expertos no consideran que estos apoyos sean un guiño a favor de la Ley del Talión. Para Gonzalo Caro, politólogo, “sentir empatía no significa dar una justificación”. Muchas de las personas que firmaron a favor del indulto no estaban justificando un crimen, sino simplemente poniéndose en su lugar.

Algo en lo que coincide con la socióloga Cristina Sánchez, quien explica a El Confidencial que “la idea del ojo por ojo ya no forma para de nuestra cultura, pero no está tan lejos de nuestra reacción visceral. Los firmantes se sitúan en el lugar del otro”.

La Justicia, “al poner énfasis en castigar el delito y no en reparar a la víctima, genera cierta frustración, que da lugar a un proceso de empatía”, comenta Caro. “Es una cuestión bastante general. Los sistemas de justicia buscan castigar al infractor, pero se olvidan de las víctimas. La correcta atención de éstas es una asignatura pendiente”.

Esta frustración puede degenerar en reclamaciones para endurecer las penas por graves delitos. En la memoria colectiva quedan las reivindicaciones por cambiar la Ley del Menor tras el caso de Sandra Palo, o la petición de la cadena perpetua en España tras el caso Mari Luz. “Con medios de comunicación irresponsables y con políticos irresponsables, es posible que se modifiquen leyes como éstas”, advierte Caro, a pesar de que “España tiene una de las tasas de criminalidad violenta más bajas de Europa y uno de los índices de población reclusa más altos”. Por su parte, Cristina Sánchez no cree que estas protestas sean peligrosas, ya que “es bueno que la ciudadanía exprese su malestar”.

El detonante de todo fue una simple pregunta: “¿Qué tal está su hija?”. Mari Carmen, vecina de Benejúzar (Alicante), no pudo contener la rabia y, tras buscar gasolina, quemó vivo al hombre con el que acababa de hablar en la parada del autobús y que siete años antes había violado a su hija, que por entonces tenía 13 años. El Pincelito sobrevivió sólo unos días a esta agresión que le abrasó el 60% de su cuerpo.

Banco de España Sandra Palo