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Cuando los políticos dejan el sillón, llega la hora de la revancha
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LA VENGANZA DE LOS SIRVIENTES

Cuando los políticos dejan el sillón, llega la hora de la revancha

Conductores, mayordomos, secretarias, conserjes… cuando el político deja el sillón llega la hora de la revancha. La venganza es un plato que se sirve en frío

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Cuando los políticos dejan el sillón, llega la hora de la revancha

Conductores, mayordomos, secretarias, conserjes… cuando el político deja el sillón llega la hora de la revancha. La venganza es un plato que se sirve en frío y no hace distinciones. Una vez que no hay riesgo de represalias hay quienes van a degüello a por su presa. Esta semana, leíamos en prensa algunos de los secretos de las damas de Zapatero. Medio centenar de conductores del parque móvil del Estado han sido despedidos y han empezado a contar algunos de esos detalles que tanto incomodan a sus señorías, entre otros, que Elena Salgado va a Pilates en coche oficial cuando no se le antoja comprar bombones en una de las bombonerías más lujosas de Madrid, que ninguno quería conducir para Bibiana Aído porque eso era sinónimo trasnochar y llevar a casa a sus amigas o que con De la Vega se jugaban los puntos por ir a más de 190 km/h.

La historia está llena de este tipo de ejemplos, pero hay casos en los que se cruza peligrosamente la línea de la más pura intimidad. Vean sino cómo delataron los escoltas del servicio secreto de la Casa Blanca a sus presidentes en el libro In the President's Secret Service. De John F. Kennedy supimos que fue quien más amantes coleccionó engañaba a su esposa, era un marido despreciable y sus ayudantes le llevaban mujeres a la Casa Blanca para que calmara su desenfrenado apetito sexual. De Lyndon Johnson contaron el día en que le pillaron haciendo el amor con su secretaria en el despacho Oval. Tal fue el escándalo que montó un sistema de alerta que se activaba cuando la primera dama se acercaba al despacho. Sobre Jimmy Carter descubrieron al mundo que era un hombre de guardar las apariencias, iba a la sala Oval a las cinco de la madrugada para aparentar que trabajaba, pero una vez allí echaba la persiana y a dormir. Igual sucedía con las maletas, nada más bajar del coche oficial simulaba que era él quien cogía el peso y lo único que se hacía era la foto porque realmente, como narró John Piasecky, uno de sus escoltas, las maletas estaban vacías. Cuando se producían encuentros entre Bill Clinton y Monica Lewinsky los agentes lo comunicaban con este santo y seña “sale el conejo, entra la liebre, se mueve el gatito”. En Francia muchas intimidades sobre Carla Bruni y su esposo, Nicolás Sarkozy, han salido precisamente del personal del Palacio del Elíseo. Y en Reino Unido aún recuerdan al famoso ex mayordomo de Diana de Gales que hoy cuenta con una fortuna que supera los 24 millones de dólares y va ya por el segundo libro con los tormentos de Lady Di: Un deber real y Tal como éramos.

Esperan a vengarse cuando ya no van recibir represalias

Antonio Cano, catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y Presidente de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés, cree que tras este tipo de comportamientos lo que están en juego son las emociones, los valores y las normas sociales. “La emoción más interesante en estos casos es la del enfado, la ira. Surge como una reacción en tres niveles, el cognitivo, el subjetivo y el fisiológico. Primero pensamos en el daño que nos han hecho y podemos tratar de magnificarlo o todo lo contrario de infravalorarlo. Eso va a depender de nuestro carácter, del estatus de la otra persona, de nuestra situación respecto a ella. Si valoramos el daño como importante la reacción será más intensa. A nivel subjetivo notamos malestar, le damos muchas vueltas, sentimos el deseo de intervenir, de responder haciendo daño o llamando la atención y desde el punto de vista fisiológico aumenta la presión arterial, la presión muscular, lo propio de estados de preparación para la agresión o para enfrentarnos cara a cara”.

En el caso de esos conductores, guardaespaldas o escoltas está claro que ellos han buscado la forma de hacer más daño al político. Su acción es premeditada. Los medios son la brújula de los políticos y ellos saben que si hay algo que les puede doler es utilizarlos. Han esperado, además, a mostrar su enfado cuando ya no van a recibir represalias, cuando el afectado no tiene poder sobre ellos como es lógico”. Unas declaraciones de ese tipo pueden hundir la vida de un político. En el caso de Mónica Lewinsky “es evidente que guardó durante años el vestido sucio, no le metió en la lavadora, eso hubiese sido lo lógico, pero ¿por qué? y ¿para qué? Pues con la clara intención de hacer daño. Sabía lo que hacía perfectamente”.

La ira es una emoción esencial en el individuo, cumple la función de parar al otro, pero hay unas normas sociales de expresarla. “En toda interacción humana -apunta Antonio Cano- surgen conflictos y están tan establecidos que, por ejemplo, la cara de enfado es universal, hasta los niños ciegos de nacimiento que no la han aprendido a enfadarse la muestran. La ira tiene un gran papel en nuestra especie. Ahora bien, los valores son esenciales y las normas sociales también”. Hay por tanto unos límites.

La autora de Los Presidentes en zapatillas tuvo serias dudas

Aquí, en España, la última en escribir un libro descubriendo los secretos de los inquilinos del Palacio de la Moncloa ha sido la autora María Ángeles López de Félix que, tras 32 años como Secretaria de la Presidencia decidió dar el paso. Según ha confesado a El Confidencial.com, “la idea no fue mía sino de la editorial Espasa. Yo escribí una novela y al saber ellos a qué me dedicaba me hicieron la propuesta. Al principio dije que no rotundamente, pero luego fue una idea que me desafiaba enormemente dada su complejidad y su delicadeza. Me permitía aportar una serie de datos y conocimientos que no aparecen en los libros de historia”.

Los presidentes en zapatillas es un libro en el que he tenido muy claro que había que hacerlo con muchísima delicadeza. Treinta años dan para mucho y tenía muy claro que había una línea que no iba traspasar. Creo que en ningún momento he tratado ni de molestar, ni de ofender, ni de que sea motivo de escándalo ni de nada parecido. Incluso te puedo decir que he tenido muchas ofertas de medios de crónica rosa y las he rechazado”.

Sí apunta la autora, López de Félix, que “tras leerlo, con lo que se quedan los medios de comunicación es con el morbo, con la anécdota porque hay detalles preciosos desde el punto de vista histórico y, sin embargo, en el 90% de las entrevistas me han hecho las mismas preguntas lo de Rosa Conde y Felipe González con el pestillo famoso. Quizás aquí en España funcionamos de otra manera muy diferente a EEUU o al Reino Unido. Aquí tenemos muchísimo cuidado con nuestras instituciones a la hora de escribir, pero los asuntos morbosos llaman la atención de una forma increíble aunque ocupen tres líneas en un libro de más de doscientas páginas”.

Es evidente que al margen de que los unos escriban por venganza o los otros por aportar datos curiosos a la historia, ningún político debería temer absolutamente nada si aplicara a su trayectoria las palabras del historiador inglés Thomas Fuller:El hombre honesto no teme la luz ni la oscuridad”.

Conductores, mayordomos, secretarias, conserjes… cuando el político deja el sillón llega la hora de la revancha. La venganza es un plato que se sirve en frío y no hace distinciones. Una vez que no hay riesgo de represalias hay quienes van a degüello a por su presa. Esta semana, leíamos en prensa algunos de los secretos de las damas de Zapatero. Medio centenar de conductores del parque móvil del Estado han sido despedidos y han empezado a contar algunos de esos detalles que tanto incomodan a sus señorías, entre otros, que Elena Salgado va a Pilates en coche oficial cuando no se le antoja comprar bombones en una de las bombonerías más lujosas de Madrid, que ninguno quería conducir para Bibiana Aído porque eso era sinónimo trasnochar y llevar a casa a sus amigas o que con De la Vega se jugaban los puntos por ir a más de 190 km/h.

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