UN JUEGO COMO SOLUCIÓN A LA CRISIS

“Me gano la vida jugando al póker”

Hasta hace poco, el choque de las blanquinegras piezas del dominó contra la sucia mesa de un bar era el ruido que resultaba más familiar a

Foto: “Me gano la vida jugando al póker”
“Me gano la vida jugando al póker”

Hasta hace poco, el choque de las blanquinegras piezas del dominó contra la sucia mesa de un bar era el ruido que resultaba más familiar a la hora de jugar en España. Los amarracos del mus y las piezas de moneda de poca monta marcaban el envite. Sin embargo, el click de un ratón y el glamour de la reina de corazones ante la asexuada sota, marcan el comienzo de una nueva era en la que el póker manda y no falta el avispado jugador que logra moverse en la cuerda floja y ganarse la vida con ello.

Es el caso de I.S., que con tan sólo 27 años y con alargadas sombras de duda sobre su futuro laboral decidió lanzarse a la aventura. Hace un año no sabía cómo jugar bien sus cartas y hoy, por el momento, cabalga a lomos del juego on line. “Veo póker en mi futuro, pero soy consciente de que la vida da muchas vueltas y uno nunca sabe”, apuesta por el momento este joven. “Por el momento, no me he marcado una fecha tope para retirarme”.

El boom no ha venido sólo con jugadores que se ganan el sustento directamente vía cartas. En España también han surgido escuelas que se encargan de dar lecciones a futuros jugadores de póker, como es el caso de Los Pelayos, que lleva abierta desde 2006 y cuenta con una web con casi 5.000 usuarios registrados. “Tenemos a seis profesores en plantilla que corrigen manos, imparten clases a través de un canal de comunicación y, además, tenemos coachers, que se dedican a dar clases personales”, nos señala Raúl Cantero, director y coordinador de la escuela.

Por su parte, I.S., autodidacta, trabaja solamente 30 horas a la semana divididas en cinco días, en los que intenta alcanzar la cota de las 40.000 manos mensuales. Sin embargo, a este tiempo también hay que sumarle todas las horas de entrenamiento de cara a mejorar las prestaciones en el juego. Este joven navarro solamente se sienta ante el ordenador para apostar, evitando el cara a cara.

“Con interés económico sólo he jugado on line, pero el presencial me tira mucho y me encantaría incluirlo en un futuro. Para eso antes tengo que aprender a jugar no limit”, afirma. Y para esa modalidad todavía le pesa su inexperiencia: “Aprendí las reglas del juego hace un año”. “Alguien me comentó que tal o cual persona sacaban dinero con ésto, así que pensé: ¿Si ellos pueden, por qué no podría yo?”, y así comenzó todo. “Empecé como con todo, leyendo por aquí y por allí, pero el tema me atrajo mucho desde el principio y no tardé en decidir en tirarme a la piscina y que pasaría, al menos unos meses, intentándolo al 100%, a ver qué pasaba”.

Este navarro es parte de la ola de póker que ha invadido el país, un boom que, según nos indican desde Los Pelayos, viene marcado “por Internet, la información y las redes sociales. Una cosa que mueve tanto dinero para las empresas y más tarde, cuando llegue la regulación, para el Estado, es algo que se puede permitir dejar pasar en ningún país”.

Sin embargo, no todos alcanzan su sueño. Christian García Pelayo, profesor de la escuela Los Pelayos, nos cuenta el caso de sus alumnos: “Para ganar al póker no sólo es suficiente con aprender. Hay más factores determinantes como la compatibilidad del póker con el trabajo, la familia… Hay muchos jugadores que le dedican un par de horas al día compaginándolo con su trabajo y perfectamente, como en mi caso, se sacan un sobresuelo y, muchas veces, más que eso, pero hay otros que deben dejarlo”.

El factor miedo

I.S. no tiene miedo a verse arruinado o a no poder moverse de delante de la pantalla por una posible adicción. “Creo que el riesgo de ludopatía, como en el caso de cualquier otra adicción, depende más de la personalidad del individuo que la de la adicción en sí. Para jugar bien a póker hay que potenciar mucho la lógica en tu mentalidad, y me parece que la lógica y la ludopatía no son muy compatibles”, nos confiesa.

“Creo que lo de arruinarse jugando al póker no es habitual porque la mayoría de jugadores empiezan invirtiendo poco y luego evolucionan conforme hacen crecer su dinero disponible. Lo suyo es no jugarse dinero que tuvieses tuyo de antes, ni bienes, ni nada así”, afirma.

“La ludopatía es una enfermedad que a veces se encuentra en el póker, pero creo que es una de las modalidades de juego donde menos se encuentra, ya que es competitivo, te hace pensar, analizar y razonar”, piensa, por su parte, el profesor Christian. A pesar del boom, la organización todavía es escasa. Christian cree que sería beneficioso la existencia de una federación de póker: “Aunque ya se haya lavado mucho la imagen del póker, con la existencia de una federación quedaría mucho más limpia, llegando a ser visto oficialmente como deporte”.

Poco le importa la posibilidad de federarse, pero sí que reclama su papel como deporte mental. “Desde luego que si el ajedrez es deporte, el póker también lo es”.

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