TALGO CELEBRA EL ANIVERSARIO DE SU PRIMER VIAJE COMERCIAL

La ‘Virgen del Pilar’ cumple 60 años

La ayuda de la Virgen. Esa fue la única póliza de seguros que el empresario José Luis Oriol suscribió para poder traer los primeros Talgo a

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La ‘Virgen del Pilar’ cumple 60 años
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La ayuda de la Virgen. Esa fue la única póliza de seguros que el empresario José Luis Oriol suscribió para poder traer los primeros Talgo a España hace seis décadas. La escasez de medios era tal que los Oriol se lo jugaron a una carta e invirtieron todo su dinero en la parte técnica del tren sin cubrir sus espaldas con un seguro. Tal era así que la única protección ante un posible accidente eran, precisamente, sus invocaciones a la Virgen. Gracias a esta arriesgada jugada, esta semana se puede conmemorar el 60º aniversario del primer viaje comercial de Talgo II.

El 14 de julio de 1950 se produjo el primer viaje oficial. La devoción mariana del histórico transporte en barco se convirtió en tradición y las locomotoras fueron bautizadas con nombres de vírgenes durante muchos años. La primera de todas, la Virgen del Pilar. El pasado miércoles, 14 de julio de 2010, es decir, 60 años después, el Museo del Ferrocarril recibió al atardecer a viejas glorias de la firma, enternecidos por ver sobre las vías uno de esos viejos trenes que iniciaron la saga.

Entre los presentes se encontraba José Luis López Gómez, uno de los grandes conocedores de la historia de Talgo. Su experiencia da fe de cómo, a pesar de su tamaño, la empresa sigue gozando de cierto aire familiar. López Gómez empezó su vida laboral como oficial fresador y la acabó como director general de tecnología de la firma entre 1990 y 2004.

“El Real Madrid juega de una manera distinta al Barcelona. Una vez, me dijeron que la creación de estos estilos propios se debía a que los jugadores nuevos se solapaban con los viejos al menos 10 años. ¿Qué pasará en una empresa en la que nos hemos solapado 30 ó 40 años? Talgo sigue transmitiendo a día de hoy la principal idea con la que nació: innovación”, nos cuenta López Gómez.

La aventura de Talgo empezó en la deprimida España de posguerra, cuando el empresario José Luis Oriol se alía con el inventor Alejandro Goicoechea para crear un tren articulado que se guiase sobre la vía y no por la vía, como era habitual. De esta conjunción nace la sociedad Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol, acortada en el popular acrónimo Talgo.

Durante los ensayos, el tren alcanzó marcas propias de velocista. Por zonas donde habitualmente se pasaba a 50 kilómetros por hora, el primer Talgo lograba hacerlo a 75, sin desencadenar el miedo. “Durante las pruebas le preguntaron a un maquinista si no tenía miedo de ir tan rápido, a lo que contestó: ‘Si la gente de detrás, que sabe más que yo, no tiene miedo, ¿por qué he de tenerlo yo?’”.

Con las maletas llenas de optimismo, escasas de medios y vacías de la tecnología necesaria para la construcción de Talgo II, Oriol y Goicoechea tuvieron que continuar su aventura al otro lado del charco, en Estados Unidos, jugándoselo todo a la voluntad de la Virgen. El financiero de la odisea, gracias a su ilusión, logró convencer a sus hijos para hipotecar la finca familiar del Plantío. Si la empresa hubiese salido mal, los Oriol se hubiesen visto en serios apuros financieros.

Afortunadamente, todo fue un éxito. “Cuando la gente venía en Talgo no decía ‘He venido en tren’, sino ‘He venido en Talgo”, nos cuenta con orgullo López Gómez para hacer ver como la empresa se instaló, con el paso del tiempo, en la vida diaria del país.

La castigada autoestima española premiaba de esta manera la confianza y el orgullo que despertaba subirse a un tren nacional con cuidados servicios a los viajeros y que rompía marcas de velocidad, como si de un Usain Bolt plateado se tratase.

Un buen vino plateado

“El Talgo II supuso una innovación tal, que pilló desprevenida a mucha gente, entre ellos a las universidades. Si hubiese visto la luz hoy en día tendría más importancia que en aquella época por su importante ahorro de energía”, nos cuenta López Gómez. Y es que como el buen vino, el traqueteo del Talgo es más apreciado con el paso del tiempo.

“Hasta los 90, Talgo no tuvo importancia en el extranjero”. Sin embargo, gracias al espíritu innovador que evoca López Gómez, ahora, “en España, somos los primeros, mientras que en el mundo nos encontramos entre las firmas más importantes”.

El futuro, apunta López Gómez, se encuentra en los AVE. “La alta velocidad ha invertido totalmente el ámbito de los ferrocarriles. Antes estábamos en descenso y gracias a ella, el sistema más barato de transporte de viajeros, ha vuelto a resurgir”.

Son esos veloces sucesores del Talgo II los que mantienen despiertas las esperanzas de que el traqueteo de los trenes prevalezca ante la invasión de las turbulencias de los aviones.


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