Ni los empresarios ni los empleados: los más estresados son los cargos intermedios
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LOS ESPAÑOLES, ENTRE LOS MÁS AGOBIADOS DEL MUNDO

Ni los empresarios ni los empleados: los más estresados son los cargos intermedios

Los empresarios y directivos españoles ocupan el sexto puesto en el ranking mundial del estrés (el segundo, tras Grecia, si sólo tenemos en cuenta los países

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Ni los empresarios ni los empleados: los más estresados son los cargos intermedios

Los empresarios y directivos españoles ocupan el sexto puesto en el ranking mundial del estrés (el segundo, tras Grecia, si sólo tenemos en cuenta los países europeos), según el International Business Report que realiza la empresa Grant Thornton. Mientras que los estados del norte de Europa, como  Finlandia, Dinamarca y Suecia, ocupan los últimos lugares de la clasificación, en los del sur se viven cada vez mayores cuotas de estrés, justo al contrario de lo que los estereotipos culturales suelen afirmar. Esa idea de que los países mediterráneos viven en un entorno cálido y alegre y los del norte sumidos en una cierta oscuridad depresiva, no parece tener mucha correspondencia con la realidad  empresarial. Así, un 65% de los encuestados españoles confesaba que su estrés había aumentado en el último año, mientras que sólo un 4% decía sentirse más relajado.   

La segunda paradoja estriba en que los países que nos preceden en el ranking, como China, México y Turquía (Vietnam y Grecia completarían los cinco primeros puestos) viven en contextos muy diferentes al nuestro. Como asegura  Mar Escánez, directora de Recursos Humanos de Audihispana Grant Thornton, lo que a ellos les preocupa no es la falta de actividad sino la cantidad de trabajo. “Son países en los que se trabaja a un ritmo muy elevado y en los que sus empresarios apenas tienen vacaciones (unos siete días de media anual). Allí, la presión no es tanto por sobrevivir cuanto por mantener los indicadores de la economía. Están sufriendo muchísima presión para sostener esa evolución positiva de dos dígitos”, dice.

En España, sin embargo, “los problemas aparecen porque existe una percepción muy magnificada de la crisis, que contribuye en gran medida a aumentar la incertidumbre. Como existen factores internos y externos que ejercen mucha presión, quienes toman las decisiones encuentran cada vez mayores dificultades para gestionar y planificar el día a día”, asegura Escánez.

Por eso los empresarios y directivos españoles suelen citar como causa de  estrés  la  situación económica (47% de los encuestados la señalaron como uno de los elementos principales) y la carga de trabajo (el 25%). También se señalan la preocupación por el futuro del patrimonio personal (14%) y los conflictos personales en la oficina (11%). Factores como las actividades de la competencia (3%), los recortes de plantilla (5%) o la conciliación de la vida laboral y familiar (1%) apenas fueron citados.  

La crisis dispara la ansiedad

Es lógico, asegura Diego Vicente, profesor de Comportamiento Organizacional de IE Business School, que en un instante como el actual la ansiedad se dispare entre quienes toman decisiones. “En tanto el estrés aparece cuando se percibe que las capacidades que se poseen están por debajo de las demandas (reales o imaginadas) que el entorno hace, cuando las exigencias exteriores parecen multiplicarse, como ocurre en las crisis, es normal que empresarios y directivos comiencen a preguntarse acerca de si van a estar a la altura de esa presión, y más aún cuando han de afrontar usualmente retos poco tangibles y sujetos a gran incertidumbre”. Sin embargo, buena parte de los problemas de ansiedad no vienen provocados por un entorno hostil o incierto, sino por una inadecuada reacción al mismo. “Muchos empresarios y directivos trabajan situándose en una posición de omnipotencia, como si tuvieran que saberlo todo y dar respuesta a todo. Y no es así”. Por eso, la solución a sus ansiedades “suele llegar cuando les haces caer en la cuenta de que todos tenemos nuestras capacidades, pero también nuestras limitaciones, y que lo óptimo es saber encajar unas con otras. Han de ser conscientes de que no son dioses ni super hombres, por lo que tienen que aprender a dejar cosas aparcadas, a decir que no”. Muchas situaciones tensas, asegura Vicente, vienen por un exceso de aceptación de proyectos y trabajos, “con lo cual terminan sintiéndose sobrepasados. Tienen que aprender a decir no a ese exceso”.

Hablamos, no obstante, de una situación de estrés que está ampliamente extendida en el seno de la empresa, y que no afecta sólo a los estratos superiores. Porque si bien es cierto que los directivos han de soportar una mayor responsabilidad, también lo es que están acostumbrados a disponer de recursos con los que afrontar esas situaciones. Por eso, para Vicente, quienes sufren una carga de estrés más intensa son los mandos intermedios, ya que no están en la base de la pirámide de la organización, que es más cómoda en cuanto a responsabilidades, pero tampoco están lo más alto, lo que les daría poder de decisión. “Lo pasan mal porque les exigen por un lado y por otro. La frase que más pronuncian es “me están pidiendo esto”, lo que demuestra hasta qué punto se ven como simples ejecutores de intenciones. Por eso, no sólo tienen la sensación de influir poco en la marcha de la organización, sino que frecuentemente tienen que hacerse valedores de propuestas en las que no creen. Eso provoca una sensación continua de estar quemado. Para ellos, la situación es complicada, y ahora más”.

Causas habituales del estrés

En cuanto a los trabajadores, las causas de estrés más habituales, según el Observatorio de Riesgos Psicosociales de UGT, tienen que ver con  la excesiva rotación de tareas, con un trabajo monótono, con un deficiente nivel de ajuste entre las capacidades de la persona y el puesto a desempeñar, con una carga o un ritmo de trabajo inadecuados, con un mal diseño de las funciones laborales, con cambios en la organización del trabajo o con expectativas incumplidas de desarrollo profesional.

Sin embargo, lo que resulta paradójico en estas descripciones es la desaparición, salvo en las capas intermedias, de los conflictos entre estratos de la empresa. Si en el pasado el management tuvo por objeto organizar la fuerza de trabajo, hoy esa tarea de gestión parece tener por objeto vencer la incertidumbre exterior, ya que en las organizaciones no se visualiza ninguna clase de conflicto interno. No obstante, según afirma  Amparo Serrano, profesora de psicología social de la Universidad Complutense de Madrid, la conflictividad en la empresa no ha desaparecido, sino que se ha desplazado hacia explicaciones más individualizadas.

Así, los conflictos en las empresas suelen plantearse en términos de dilemas personales. “Cada vez que aparecen contradicciones o presiones que provienen del mundo organizacional o del modelo productivo, no son interpretadas en desde una perspectiva política, sino que se plantean como tareas a resolver individualmente”. Un buen ejemplo, asegura Serrano, es el de la cualificación. “En el pasado había un sistema social que acreditaba, con un título, que se poseían determinadas capacidades, existiendo también  un sistema de relaciones laborales que defendía un puesto y un salario con base a ese título. Pero hoy, mucho más que una formación determinada, se demandan habilidades personales, competencias, que son mucho más difíciles de medir y mucho más arbitrarias”. En ese contexto, afirma Serrano, cuando aparecen problemas internos en las empresas, “el trabajador suele interpretarlos desde un punto de vista personal, pensando en qué ha podido hacer mal, o en qué capacidades le faltan, en lugar de verlos como el resultado de contradicciones en la empresa. Y, sin duda, esa perspectiva es mucho más estresante”.

En todo caso, ya sea porque hemos de tomar decisiones en entornos complejos o porque hayamos interiorizado las contradicciones del mundo laboral, afirma Vicente, sentimos que hemos de hacer frente “a retos poco tangibles. Y eso, en tanto hace que la incertidumbre aumenta, provoca un elevado malestar y un notable aumento del estrés”. 

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