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'Tomasín', una historia de violencia
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'Tomasín', una historia de violencia

Aprovechó un permiso para escapar y matar, y ha sido un permiso lo que sus asesinos han aprovechado para matarle. La vida de Tomás Ruiz Fernández, 'Tomasín',

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'Tomasín', una historia de violencia

Aprovechó un permiso para escapar y matar, y ha sido un permiso lo que sus asesinos han aprovechado para matarle. La vida de Tomás Ruiz Fernández, 'Tomasín', es el mejor ejemplo de esa máxima que reza que "mal acaba lo que mal empieza". Su historia delictiva terminó el pasado lunes, 19 de octubre, cuando un desconocido lo mató a balazos a las puertas de la prisión que se había convertido en su casa: El Dueso, Cantabria, el lugar donde más años pasó de su vida. 'Tomasín' se encontraba dentro de una furgoneta, a escasos metros de la prisión, cuando él y sus dos acompañantes fueron abatidos a tiros. Según los cuerpos de Seguridad del Estado, todo apunta a un ajuste de cuentas. A una historia de violencia que continúa viva.

Tomás Ruiz Fernández fue portada en varias ocasiones de los diarios locales de finales de los ochenta, además de frecuentar con regularidad la sección de sucesos de los periódicos de toda España. La fama le llegó definitivamente en 1986, cuando por fin fue detenido después de meses en busca y captura. Tomasín había aprovechado un permiso de siete días, en diciembre de 1985, para pasar la Navidad en familia lejos de El Dueso. La idea era acudir a visitar a sus padres, las únicas personas que parecía respetar en el mundo, pero en lugar de aprovechar la oportunidad que le brindaba la Justicia, que además vivía un momento aperturista, 'Tomasín' decidió no regresar a la cárcel. No fue muy lejos: todos los testimonios de entonces apuntan a que Ruiz Fernández no salió de Cantabria. De hecho, ni siquiera se alejó de la ciudad de Santander. El problema fue que dedicó los escasos cuatro meses que duró su fuga a continuar con su historial delictivo, hasta el punto de que, además de dos robos, las manos de Tomasín se cobraron cinco vidas. Mató a tres personas a balazos y a otras dos a palos, para después quemarlas.

Estos hechos significaron condenas que le alejaron de la calle de por vida. El juez de la Audiencia de Cantabria que dictó sentencia el 2 de diciembre de 1987, le impuso nada menos que 88 años de cárcel, que Tomasín estaba cumpliendo en El Dueso. A partir de entonces, su nombre no volvió a aparecer en la prensa más que como arma arrojadiza con la que cuestionar las medidas aperturistas iniciadas por Fernando Ledesma, cuando fuera ministro de Justicia de Felipe González, en un intento de favorecer la reinserción de los reclusos en la sociedad.

Casos como el de 'Tomasín' dificultaban y mucho tales iniciativas. Un recluso que aprovecha un permiso de Navidad para acabar con la vida de cinco personas, es razón más que suficiente para llenar editoriales y columnas de prensa contra las medidas del Gobierno que lo permitió. Resulta curioso, por eso, enterarse ahora de que el asesinado el lunes se encontraba de nuevo en la calle con un permiso que, según ha podido saber este periódico, venció el viernes pasado. Tres días antes de que muriera a escasos metros de un muro dentro del cual 'Tomasín' debería haber estado. Para su desgracia, no fue así.

Toda una vida consagrada al crimen. 'Tomasín', 55, fue detenido como autor de diversos delitos contra la propiedad cuando tan sólo tenía quince años. De corta estatura, poco más de metro sesenta, todo su entorno lo ha caracterizado siempre como un "hombre desequilibrado", a pesar de que recibió tratamiento psiquiátrico desde su adolescencia. Su personalidad, según los que le conocieron, era violenta con un único resquicio de sensibilidad: "El especial afecto que sentía hacia su madre". Ésta fue la razón por la que no abandonó Santander. De hecho, durante su brutal escapada cuatro meses, visitó a sus padres al menos en tres ocaciones. Los que le vieron, sólo lo hicieron frecuentando ambientes de prostitución en el barrio chino de Santander.

El punto y final de sus extendidas navidades fue tan casual como violento. Tres días después de acabar con la vida de su quinta y última víctima mortal (por la que no se le pudo condenar), la pistola se le encasquilló frente a los ojos de Jesús Losada, el dueño de una bolera que 'osó' llamarle la atención por su temperamento y pudo vivir para contarlo. Fueron varios los clientes que esa noche frecuentaban el bar y entre todos pudieron reducir al pistolero, para después avisar a la Policía. Hoy, en una entrevista concedida al Diario Montañés, Losada reconoce "alegrarse" por la muerte del asesino que pudo haberle matado.

'Tomasín' fue así detenido y, año y medio más tarde, juzgado. Cuando se le interrogó por primera vez reconoció su autoría en todos y cada uno de los asesinatos que se le inculpaban, pero en el juicio sólo pudo demostrarse su implicación en cuatro de éstos. En la sala de lo penal, 'Tomasín' se declaró inocente, pero la Audiencia de Cantabria le condenó a 88 años de cárcel, de los cuales había cumplido 23, antes de morir asesinado el pasado lunes a manos de alguien a quien la Policía aún no ha puesto cara. La investigación, bajo secreto, apunta desde el principio a un posible ajuste de cuentas, similar a los que 'Tomasín' perpetró en 1986.

Aprovechó un permiso para escapar y matar, y ha sido un permiso lo que sus asesinos han aprovechado para matarle. La vida de Tomás Ruiz Fernández, 'Tomasín', es el mejor ejemplo de esa máxima que reza que "mal acaba lo que mal empieza". Su historia delictiva terminó el pasado lunes, 19 de octubre, cuando un desconocido lo mató a balazos a las puertas de la prisión que se había convertido en su casa: El Dueso, Cantabria, el lugar donde más años pasó de su vida. 'Tomasín' se encontraba dentro de una furgoneta, a escasos metros de la prisión, cuando él y sus dos acompañantes fueron abatidos a tiros. Según los cuerpos de Seguridad del Estado, todo apunta a un ajuste de cuentas. A una historia de violencia que continúa viva.