Un experto en salud pública advierte sobre el hantavirus en los cruceros: "En el bufé está el mayor riesgo de contagio"
Vikram Niranjan, de la Universidad de Limerick, ha hablado sobre este riesgo. Asegura que las probabilidades de contraer el virus son bajas, pero crecen en este tipo de embarcaciones
El MV Hondius, crucero en el que se ha producido un brote de hantavirus (Reuters)
Un brote de hantavirus en un crucero ha vuelto a situar el foco en la salud pública marítima. El profesor Vikram Niranjan, especialista de la University of Limerick, advierte en The Conversation de que los barcos concentran factores que favorecen la transmisión de enfermedades como esta.
La alerta llega tras las muertes registradas en el MV Hondius, un episodio poco habitual porque los brotes de hantavirus en barcos son raros. Sin embargo, el caso ha servido para recordar que los cruceros funcionan como pequeñas ciudades flotantes, con restaurantes, camarotes, cocinas, teatros, ascensores y zonas comunes compartidas durante varios días.
El experto subraya que el peligro no depende únicamente del virus, sino también del entorno. Muchas personas conviven en espacios cerrados, comen en los mismos lugares y se desplazan por áreas comunes de manera constante. Por eso, según su análisis, “en el servicio de comidas está el mayor riesgo de contagio”.
Por qué preocupan los cruceros
Los cruceros reúnen condiciones especialmente sensibles para la propagación de infecciones. El caso del Diamond Princess, durante la crisis de la COVID, mostró hasta qué punto una respuesta tardía puede facilitar la expansión de un patógeno: 619 pasajeros y tripulantes dieron positivo durante aquel brote.
La experiencia con otros agentes infecciosos refuerza esta preocupación. El norovirus, asociado con frecuencia a brotes en cruceros, puede transmitirse mediante alimentos contaminados, superficies compartidas o contacto directo entre personas. Las zonas de bufé, los utensilios comunes y las mesas manipuladas por muchos pasajeros aumentan el riesgo cuando alguien infectado todavía no presenta síntomas.
El problema no se limita a la comida. Los camarotes, bares, pasillos, ascensores, teatros y spas forman una red de contacto difícil de cortar una vez que la enfermedad entra a bordo. Además, la tripulación vive y trabaja en el mismo ambiente, a menudo en alojamientos compartidos, lo que puede facilitar la circulación del patógeno entre empleados y viajeros.
El papel de la ventilación y el agua
La ventilación también resulta clave en la prevención. Aunque los barcos no son espacios completamente cerrados, buena parte de la vida a bordo transcurre en interiores. Restaurantes, salas de ocio y camarotes necesitan una adecuada renovación del aire, filtros eficaces y sistemas de purificación para reducir el riesgo de transmisión respiratoria.
Otros brotes responden a mecanismos distintos. La legionelosis, por ejemplo, no suele transmitirse de persona a persona, sino por la inhalación de pequeñas gotas procedentes de sistemas de agua contaminados, duchas o jacuzzis. Por ello, Niranjan insiste en la importancia de actuar pronto: comunicar síntomas, aislar a los afectados, extremar la limpieza y evitar bufés o espacios concurridos cuando aparecen signos de enfermedad.
Un brote de hantavirus en un crucero ha vuelto a situar el foco en la salud pública marítima. El profesor Vikram Niranjan, especialista de la University of Limerick, advierte en The Conversation de que los barcos concentran factores que favorecen la transmisión de enfermedades como esta.