Misión: salvar el cacao. Por qué el alimento de los dioses necesita ayuda
Un estudio publicado por la Unión Europea de Geociencias y presentado en el marco de su Asamblea General propone una vía para proteger el cacao sin seguir sacrificando bosques tropicales
El chocolate no es solo un capricho global. Es, literalmente, el alimento de los dioses. Así lo recuerda el nombre científico del árbol del que nace este dulce: Theobroma cacao, una combinación de las palabras griegas theós —dios— y brôma —alimento—. Este pequeño árbol de hoja perenne crece en bosques tropicales ricos en biodiversidad y carbono, pero el aumento de la demanda mundial de chocolate lo ha colocado en el centro de una tensión cada vez mayor: producir más cacao sin destruir los ecosistemas que lo sostienen.
Un estudio publicado por la Unión Europea de Geociencias y presentado en el marco de su Asamblea General propone una vía para proteger el cacao sin seguir sacrificando bosques tropicales. En los últimos 40 años, la demanda de chocolate se ha disparado, explica Isabella Steeley, doctoranda en la Universidad de Sheffield, en Inglaterra. Y ante esa presión, resume: “Es necesario producir más cacao”.
El problema es cómo hacerlo. La solución habitual ha sido talar bosques tropicales para sustituirlos por plantaciones, transformando ecosistemas diversos y capaces de almacenar carbono en terrenos agrícolas mucho más simples. La alternativa es mejorar el rendimiento de las fincas ya existentes. Hoy, el rendimiento medio del cacao ronda los 480 kilos por hectárea, pero su potencial podría ser hasta diez veces mayor.
Ahí comienza la misión: salvar el alimento de los dioses sin seguir arrasando su templo natural. El estudio de Steeley analiza si la meteorización mejorada de rocas puede aumentar la fertilidad del suelo y mejorar los rendimientos en dos sistemas de cultivo de cacao en la Selva Atlántica de Brasil, un ecosistema degradado y fragmentado. El primero consiste en reforestar pastizales degradados con hileras de cacao y árboles de sombra en una finca comercial. El segundo es el sistema tradicional de cabruca, que intercala árboles de cacao dentro del bosque nativo. Este modelo conserva más bosque que las plantaciones convencionales, pero produce menos, lo que plantea un delicado equilibrio entre rendimiento y biodiversidad.
En un bosque intacto, las plantas reciclan nutrientes de forma natural: las raíces los absorben del suelo mientras la materia orgánica los repone. Pero la tala rompe ese ciclo. En los trópicos, el calor y las lluvias intensas dificultan además la retención de nutrientes. El suelo se empobrece, se acidifica y, con el paso del tiempo, los árboles de cacao suelen producir menos. Esa acidez también favorece la absorción de elementos tóxicos como el aluminio o el cadmio.
La meteorización mejorada de rocas busca corregir ese deterioro añadiendo al suelo roca finamente triturada; en este caso, polvo de basalto andesítico producido en Brasil. A medida que ese polvo se descompone, neutraliza la acidez, mejora la disponibilidad de nutrientes y puede aportar elementos esenciales para los cultivos. Además, el proceso contribuye a retirar CO₂ de la atmósfera.
Los primeros resultados, correspondientes a dos años de un estudio de tres, muestran mejoras especialmente notables en la plantación comercial de cacao. Esto sugiere que estas explotaciones podrían tener un papel no solo productivo, sino también ecológico, ayudando a reconectar fragmentos de selva tropical degradada.
El equipo también presenta una nueva forma de medir cuánta roca se meteoriza realmente en el suelo, lo que permite calcular con mayor precisión cuánto carbono queda secuestrado. Los resultados iniciales apuntan a que los suelos de cabruca podrían capturar más CO₂ que las fincas comerciales gracias a una mayor erosión de la roca. Esto abre una posibilidad relevante: que pequeños agricultores puedan financiar la mejora de sus suelos mediante la venta de créditos de carbono.
Y ese punto es clave. La mayor parte del cacao se produce en fincas de menos de 50 hectáreas, por lo que mejorar los rendimientos puede tener un impacto directo en las comunidades locales. Steeley subraya que el trabajo es un esfuerzo colectivo, apoyado por agricultores y agrónomos de la zona, y que los productores están “muy entusiasmados” con cualquier innovación que pueda ayudarles a mantener su sustento.
Salvar el alimento de los dioses no consiste solo en producir más chocolate. Consiste en hacerlo sin sacrificar los bosques tropicales, sin empobrecer los suelos y sin dejar atrás a quienes viven del cacao. Es una misión científica, climática y humana: demostrar que productividad, biodiversidad y captura de carbono no tienen por qué ser enemigos.
El chocolate no es solo un capricho global. Es, literalmente, el alimento de los dioses. Así lo recuerda el nombre científico del árbol del que nace este dulce: Theobroma cacao, una combinación de las palabras griegas theós —dios— y brôma —alimento—. Este pequeño árbol de hoja perenne crece en bosques tropicales ricos en biodiversidad y carbono, pero el aumento de la demanda mundial de chocolate lo ha colocado en el centro de una tensión cada vez mayor: producir más cacao sin destruir los ecosistemas que lo sostienen.