Presbiacusia: la sensación de que los demás murmuran que aparece con la edad
El problema no es tener que subir el volumen de la tele, lo más importante es la dificultad para entender las conversaciones. Una consulta precoz puede mejorar la calidad de vida
Pocas sensaciones hay tan molestas como tener que hacer un sobreesfuerzo por escuchar y entender con claridad a nuestro interlocutor. Esto es algo que ocurre con frecuencia a medida que nos hacemos mayores. A partir de los 50 años, y especialmente una vez cumplidos los 55 o 60, comienzan a aparecer las primeras señales de falta de oído, o antes si ha habido factores de riesgo. Unas veces, somos nosotros los que subimos el volumen de los aparatos, y otras son las personas de nuestro entorno las que detectan esa incipiente pérdida de audición.
Este proceso vinculado a la edad se conoce como presbiacusia, prima hermana de la presbicia o pérdida de visión para objetos cercanos que afecta a las personas a partir de los 40 o 45, aunque mucho menos conocida.
Dado que, como decíamos, la presbiacusia aparece de forma progresiva con la edad, su origen se debe a que “las estructuras del oído interno y las vías nerviosas que transmiten el sonido al cerebro se van deteriorando con el paso del tiempo”, describe el doctor Francisco Márquez Dorsch, otorrino del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja quien subraya que “en la práctica, esto hace que la persona no solo oiga menos, sino que le cueste más entender lo que escucha, especialmente en situaciones con ruido”.
Partiendo de que es un problema propio del envejecimiento, y este es un proceso general del organismo, “en la mayoría de los casos la presbiacusia suele afectar a los dos oídos y de manera bastante similar. No obstante puede haber pequeñas diferencias entre un oído y otro, sobre todo si ha habido exposición desigual al ruido u otros factores”.
Los años no son la única causa
A pesar de que el deterioro del oído es la principal razón de su aparición, lo cierto es que no es la única. "En realidad, la presbiacusia suele ser el resultado de la combinación de varios elementos. Entre los más importantes se encuentran la predisposición genética, la exposición prolongada al ruido a lo largo de los años, la presencia de enfermedades como la diabetes mellitus, los problemas circulatorios, el uso de determinados medicamentos que pueden afectar al oído y el tabaquismo”, ahonda.
Conviene aclarar que “el síntoma más característico de la presbiacusia no es tanto dejar de oír por completo, sino la dificultad para entender lo que dicen otras personas”, recalca Márquez. Lo cual suele desencadenar otras situaciones como “la dificultad para seguir conversaciones en ambientes ruidosos, la necesidad de subir el volumen de la televisión o de otros dispositivos, y la pérdida de sensibilidad para los sonidos agudos, como algunas voces o consonantes. También es frecuente tener que pedir que repitan lo que se ha dicho y experimentar la sensación de “oír, pero no entender”. En algunos casos, además, pueden aparecer zumbidos en los oídos”, resume.
Todos esos síntomas pueden confundirse con otros tipos de pérdida auditiva, como “la hipoacusia neurosensorial debida a otras causas, la otosclerosis o problemas del oído medio como la otitis media crónica. Sin embargo, la presbiacusia presenta unas características bastante definidas: suele ser progresiva, afecta a ambos oídos de forma similar y está asociada al envejecimiento. Para confirmar el diagnóstico y diferenciarla de otras causas, se realizan pruebas específicas como la audiometría”.
Ignorarlo no lo resuelve
El problema es que muchas personas no consultan a su médico porque piensan que es algo normal de la edad o porque se adaptan sin darse cuenta. Además, “al principio, los síntomas son leves y progresivos, lo que retrasa la consulta. En muchos casos, son los familiares quienes detectan antes el problema que el propio paciente”, apunta el experto.
Sin embargo, “no es necesario esperar a que la pérdida sea muy evidente. “Cuanto antes se valore, mejor se puede actuar”, remarca el doctor, quien aconseja acudir al médico cuando “empiezan a aparecer dificultades en la vida diaria, como no entender bien las conversaciones, especialmente en grupo, o necesitar subir mucho el volumen de los dispositivos”.
A pesar de que es un proceso progresivo que suele empeorar con los años, y que no se puede revertir, “su evolución puede ser lenta y, con las medidas adecuadas, se puede reducir su impacto en la vida diaria”, apunta el experto.
En concreto, “la principal opción son los audífonos, que ayudan a mejorar la audición y, sobre todo, la comprensión del habla". "En casos más avanzados pueden utilizarse implantes cocleares. Además, existen programas de rehabilitación auditiva y estrategias para mejorar la comunicación en el día a día”, detalla.
De este modo, no solo puede mejorar la salud auditiva del paciente. También se verá favorecido su estado de ánimo, ya que “la dificultad para oír bien a menudo hace que la persona evite conversaciones o situaciones sociales, lo que puede llevar al aislamiento. Además, puede generar frustración, inseguridad o pérdida de confianza. Incluso, en algunos casos, se asocia con síntomas de ansiedad o depresión”, advierte.
Pocas sensaciones hay tan molestas como tener que hacer un sobreesfuerzo por escuchar y entender con claridad a nuestro interlocutor. Esto es algo que ocurre con frecuencia a medida que nos hacemos mayores. A partir de los 50 años, y especialmente una vez cumplidos los 55 o 60, comienzan a aparecer las primeras señales de falta de oído, o antes si ha habido factores de riesgo. Unas veces, somos nosotros los que subimos el volumen de los aparatos, y otras son las personas de nuestro entorno las que detectan esa incipiente pérdida de audición.