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La matrona que pasó por 4 abortos y 2 procesos de adopción: ahora acompaña a mujeres que no pueden ser madres
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Entrevista

La matrona que pasó por 4 abortos y 2 procesos de adopción: ahora acompaña a mujeres que no pueden ser madres

Gloria Labay trabaja en un centro de atención primaria donde forma parte de grupos de apoyo en el posparto, en infertilidad y en duelo perinatal. En mayo publica un libro que ahonda en el duelo silenciado de la no maternidad

Foto: Gloria Labay es matrona desde hace más de 25 años. (Cedida)
Gloria Labay es matrona desde hace más de 25 años. (Cedida)
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Gloria Labay siempre quiso ser madre, desde joven le gustaban mucho los niños. Pasaban los años y no encontraba la pareja ideal para serlo, a la vez que tenía otros planes por delante: estudiar, ir a la universidad, especializarse… Y así llegó a los 37, cuando se quedó embarazada por primera vez y también, por primera vez, sufrió un aborto. Al año siguiente padeció un episodio que bien parecía un espejismo con el mismo resultado: perder al bebé muy temprano, con apenas ocho semanas de gestación. Ella sabía que estaba dentro de las posibilidades y que en un 15% de los casos podía acabar derivando en eso.

Con la segunda pérdida empezó a preocuparse. Se separó de quien entonces era su pareja, pero ya había abierto el “frasco del deseo maternal” y no podía frenarlo. Decidió continuar, esta vez en solitario, con el hándicap de su edad. Se sometió a una “tanda de inseminaciones” con unos 39 años y a la tercera se volvió a quedar embarazada y ocurrió lo mismo.

Entonces fue cuando empezaron a hacerle pruebas para saber qué estaba pasando y descartar algún problema en la sangre o en el útero, entre otras cosas. Todo salió bien y le propusieron hacer una fecundación in vitro con sus propios óvulos, previa estimulación del ovario, cuando ya había alcanzado los 40 años. Aquello lo recuerda como una “montaña rusa” emocional, con cambios en la medicación, con todo lo que conllevaba a nivel hormonal.

“La respuesta que hubo fue muy mala. Mi ginecóloga incluso quiso cancelar ese ciclo, pero con todo lo que llevaba pinchado, dije: ‘Vamos a tirar para adelante, que aunque haya pocos, yo solo quiero uno’. No me quedé embarazada y la verdad es que fue una tortura”, comenta a El Confidencial.

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En ese momento se planteó la adopción y superó el primer paso, que era conseguir la idoneidad. Optó por la vía internacional, eligiendo Nepal como país. Sin embargo, un año y medio después de empezar el proceso, se torció: organizaciones internacionales denunciaron las prácticas de adopción por “no ser del todo claras” y el proceso quedó paralizado.

En ese momento, cuando Gloria tenía unos 42 años, empezó una relación con una persona que ya tenía un hijo y, aunque probaron a tener un bebé de manera natural, no lo consiguieron. Volvió a la ginecóloga, mientras se resolvía lo de la adopción, y le dijo que con sus óvulos no podría, pero que estaba la opción de probar con otros de donante.

Así llegó su cuarto aborto, con el que se sintió “muy frustrada, triste y desanimada”. Comenzó entonces simplemente a esperar “a ver qué pasaba con lo de Nepal”. Desde la Generalitat le propusieron abrir otra vía “porque se iba a retrasar bastante todo” y ella eligió la opción nacional, aunque esta vez no consiguió la idoneidad. “Fue como un quinto aborto para mí. Se acabó también esa vía”, reconoce.

Intentar ser madre mientras ayudas a otras mujeres a serlo

Esta historia probablemente es similar a la que otras mujeres han tenido que sufrir, pero tiene una particularidad: Gloria es matrona y, durante este proceso que se alargó durante más de cinco años, siguió ejerciendo y, entre otras cosas, ayudando a traer al mundo a muchos bebés, mientras ella intentaba ser madre.

Ella comenta que mantuvo su “rol profesional”, pero que había cosas que le resultaban especialmente difíciles: “Sostener la felicidad de los demás mientras tú estás que no puedes es difícil”.

En algunos momentos sí que pidió ser apartada de algunas tareas. “No solo trabajaba en el paritorio, también en el centro de salud, llevando grupos de embarazadas, de preparación al parto o de posparto, en el que las mamás vienen con los bebés. Eso era igual lo que más me tocaba y pedí no estar, sobre todo en los momentos más agudos. Luego ya lo he seguido haciendo y actualmente llevo muchos años en un grupo de ese tipo y estoy muy contenta”, sostiene.

placeholder 'Ser sin ser madre' se publica el próximo 13 de mayo. (Cedida)
'Ser sin ser madre' se publica el próximo 13 de mayo. (Cedida)

Toda su historia la ha plasmado en el libro Ser sin ser madre (Lunwerg, 2026), que se publicará el próximo 13 de mayo. En esta obra, que se define como un mapa para la no maternidad, aborda que vivir esta situación también es un duelo que considera silenciado. Actualmente, continúa con su labor como matrona y ayuda a mujeres que están pasando por lo mismo que ella vivió, con grupos de apoyo en el posparto, en infertilidad y en duelo perinatal.

Ella aprendió a ser sin ser madre permitiéndose estar triste; estuvo muchos años disimulando hasta que su cuerpo dijo 'basta' y empezó a expresar sus emociones y a hablar de ello. “No hay que sentirse juzgada por esto, por eso es importante acudir a grupos de ayuda o a psicólogas que estén formadas en el duelo de no ser madre”, afirma.

¿Qué supone un diagnóstico de infertilidad?

Pasar por este proceso en ocasiones viene acompañado de un diagnóstico de infertilidad, un “golpe para la autoestima”. “Si miras alrededor, toda la naturaleza es fértil: los animales, las plantas… Entonces piensas: 'Jolín, soy como un error, ¿qué pasa conmigo?'”, lamenta.

Además, no solo tiene consecuencias individuales, sino también en la pareja, con desigualdades, conflictos por probar con otras maneras o por cuándo parar de intentarlo. “La infertilidad a veces se carga mucho la intimidad de la pareja”, defiende.

En todo esto, el entorno inmediato tiene un papel importante, aunque no siempre sabe cómo ayudar, pues desde fuera se ve “como una peculiaridad”, por lo que no ven el camino “tan difícil” que están atravesando. Ella, incluso, ha tenido que oír frases como “llévate a uno de mis hijos y ya verás cómo se te pasa enseguida”.

Son situaciones “muy dolorosas” en momentos “muy vulnerables”. Por eso, hace hincapié en que, si no se sabe qué decir, es mejor reconocerlo, quedarse callado y ofrecer ayuda, sobre todo siendo empático.

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Es por eso que preguntas como ¿para cuándo los niños? no deben formularse. En primer lugar, porque se habla de un tema tan íntimo como es la sexualidad, pero es que, además, no se sabe por lo que está pasando esa persona. “A lo mejor lleva, como en mi caso, varios abortos o está en lista de espera para un tratamiento… Son preguntas intrusivas que pueden ser un jarro de agua fría”, asevera.

Hay otro tipo de infertilidad que la ha definido como social y que cada vez toma mayor protagonismo. Labay reflexiona que cada vez es más común no encontrar pareja en los años más fértiles o, por ejemplo, no poder afrontarlo a nivel económico. “Estamos en un momento social muy difícil: la gente no se puede emancipar, tiene que compartir piso con sueldos mileuristas”, critica.

Además, reconoce que no sabe cómo se puede solucionar y que las medidas tendrían que venir del Gobierno. Para ahondar en ello, defiende que la duración de las bajas de maternidad tendría que ser “como mínimo” de seis meses, que es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud para la lactancia materna. “Esta sociedad te empuja a ser madre, pero luego te abandona”, resume.

"Esta sociedad te empuja a ser madre, pero luego te abandona"

Otro de los aspectos en los que se detiene la matrona es que actualmente se vive en una sociedad “bastante pronatalista” con la reproducción como “objetivo de la vida de una persona”. Sin embargo, esto choca con cambios sociales como la incorporación de la mujer al mundo laboral, la carestía de la vida y los sueldos actuales, que no permiten que las familias subsistan con uno solo. Todo esto hace que se vaya posponiendo la edad con la que se tienen los hijos.

“No es que todo el mundo sea infértil, sino que tiene dificultades en fertilidad; con la edad eso también disminuye. Nos han educado mucho en 'cuidado con el embarazo' y poco en la fertilidad real”, lamenta. A esta ecuación hay que sumarle otro aspecto más por el que España es “la tormenta perfecta”: la sociedad ha ido retrasando la edad y es un país donde las clínicas de fertilidad están en auge y son pioneras en tratamientos a nivel mundial.

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Sobre este aspecto, Labay afirma que la gente piensa que los tratamientos “siempre funcionan” y no es así, por lo que “aunque ayudan, [estas empresas] tendrían que ser más honestas en cuanto a sus logros”. Además, al ser procesos “muy delicados” a los que la gente llega “muy vulnerable”, cree que debería haber un acompañamiento emocional paralelo a todo.

Pero no solo hacen falta cambios en esta parte de la industria, sino que, en general, considera que faltan herramientas y recursos, como formación, para que los sanitarios puedan acompañar como es debido a todas las personas que están tratando de ser padres. Para su especialidad enfermera, en concreto, Labay pide llegar a ser las matronas de todas las mujeres, no solo de las fértiles.

Gloria Labay siempre quiso ser madre, desde joven le gustaban mucho los niños. Pasaban los años y no encontraba la pareja ideal para serlo, a la vez que tenía otros planes por delante: estudiar, ir a la universidad, especializarse… Y así llegó a los 37, cuando se quedó embarazada por primera vez y también, por primera vez, sufrió un aborto. Al año siguiente padeció un episodio que bien parecía un espejismo con el mismo resultado: perder al bebé muy temprano, con apenas ocho semanas de gestación. Ella sabía que estaba dentro de las posibilidades y que en un 15% de los casos podía acabar derivando en eso.

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