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El estudio que vincula ciertos patrones de siesta con un mayor riesgo de mortalidad
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El estudio que vincula ciertos patrones de siesta con un mayor riesgo de mortalidad

Aunque en muchos casos puede resultar reparadora, la somnolencia diurna excesiva en la vejez ya se había relacionado con distintos problemas de salud

Foto: Una pareja se echa la siesta. (Freepik/Gpointstudio)
Una pareja se echa la siesta. (Freepik/Gpointstudio)

Una siesta no siempre es solo descanso. En las personas mayores, dormir más durante el día, hacerlo con mayor frecuencia o concentrar ese sueño por la mañana podría ser una señal de alarma sobre problemas de salud subyacentes. Esa es la principal conclusión de una nueva investigación liderada por científicos de Mass General Brigham y del Rush University Medical Center, que vincula ciertos patrones de siesta con un mayor riesgo de mortalidad.

El trabajo, publicado en JAMA Network Open, siguió durante hasta 19 años a 1.338 adultos mayores para examinar de forma objetiva sus hábitos de sueño diurno y su relación con la mortalidad por cualquier causa. Los resultados apuntan a que las siestas más largas, más repetidas y en horario matutino se asocian con tasas de mortalidad más elevadas.

“El exceso de siestas en la edad adulta se ha relacionado con la neurodegeneración, las enfermedades cardiovasculares e incluso una mayor morbilidad, pero muchos de estos hallazgos se basan en los hábitos de siesta autoinformados y omiten datos como la frecuencia o el momento del día en que se producen”, explica Chenlu Gao, autor principal del estudio, investigador del Departamento de Anestesiología de Mass General Brigham y de la División de Trastornos del Sueño y Circadianos del Departamento de Medicina. “Nuestro trabajo es uno de los primeros en demostrar una asociación entre patrones de siesta medidos objetivamente y mortalidad, y sugiere que su seguimiento puede tener un gran valor clínico para detectar precozmente problemas de salud”.

Entre el 20% y el 60% de los adultos mayores duerme la siesta de forma habitual. Aunque en muchos casos puede resultar reparadora, la somnolencia diurna excesiva en la vejez ya se había relacionado con distintos problemas de salud. Sin embargo, hasta ahora existían pocas investigaciones con datos objetivos sobre cuánto se duerme, cuántas veces al día se descansa o en qué franja horaria se concentra ese sueño.

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Para cubrir ese vacío, los investigadores recurrieron a los datos del Proyecto Rush sobre memoria y envejecimiento, una cohorte iniciada en 1997 para estudiar principalmente la cognición y la neurodegeneración en población mayor del norte de Illinois, mayoritariamente blanca. Desde 2005, los participantes llevaron durante 10 días monitores de actividad en la muñeca, lo que permitió al equipo reconstruir con precisión sus patrones de reposo y actividad. A partir de esa información, analizaron la duración de las siestas, su frecuencia, el momento del día en que ocurrían y su variabilidad diaria.

Con datos recogidos hasta 2025, el análisis halló una asociación clara entre determinados hábitos de siesta y un mayor riesgo de muerte. En concreto, cada hora adicional de sueño diurno al día se relacionó con un incremento aproximado del 13% en el riesgo de mortalidad. Cada siesta extra diaria se asoció con una subida cercana al 7%. Además, quienes dormían la siesta por la mañana presentaban un riesgo de mortalidad un 30% superior al de quienes lo hacían por la tarde. En cambio, la irregularidad en los patrones de siesta no mostró una relación significativa con un mayor riesgo.

Foto: (Fuente: TikTok)

Los autores insisten, no obstante, en que los resultados no demuestran que dormir la siesta cause la muerte. “Es importante subrayar que hablamos de una correlación, no de una relación causal”, advierte Gao. “Las siestas excesivas probablemente reflejan enfermedades subyacentes, patologías crónicas, trastornos del sueño o una alteración del ritmo circadiano”.

A juicio de los investigadores, el hallazgo abre la puerta a utilizar dispositivos portátiles para monitorizar el sueño diurno como una herramienta clínica sencilla. El objetivo no sería desalentar la siesta, sino identificar de forma temprana señales que ayuden a anticipar un empeoramiento de la salud.

Una siesta no siempre es solo descanso. En las personas mayores, dormir más durante el día, hacerlo con mayor frecuencia o concentrar ese sueño por la mañana podría ser una señal de alarma sobre problemas de salud subyacentes. Esa es la principal conclusión de una nueva investigación liderada por científicos de Mass General Brigham y del Rush University Medical Center, que vincula ciertos patrones de siesta con un mayor riesgo de mortalidad.

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