Cómo afecta a la salud echarse la siesta a diario: ventajas e inconvenientes
Podría decirse que la siesta es un arma de doble filo, ya que posee ventajas, pero también inconvenientes cuando no se cumplen ciertas condiciones, como la duración o el entorno
Una cosa es que a los españoles nos encante echar una cabezadita después de comer, y otra muy distinta que realmente lo hagamos. Y es que, más de la mitad de la población, el 60 %, parece que no hace realidad este deseo, es decir, no tienen la costumbre de echarse la siesta. Así se reflejaba en el Primer estudio sobre salud y descanso, elaborado por la Fundación de Educación para la Salud del Hospital Clínico San Carlos (FUNDADEPS) y Asociación Española de la Cama (Asocama), en 2009.
El estudio concluía que entre el 16% y el 18% de los españoles duerme la siesta a diario, siendo más común entre hombres (47%) que mujeres (35,7%) y a menudo se limita a fines de semana o vacaciones.
Además, el trabajo no entra en las motivaciones que hay detrás. Es decir, no sabemos a ciencia cierta si el que no se echa la siesta es porque no quiere, o porque no puede. En cualquier caso, si fueran las obligaciones laborales o personales la razón por la que ese 60% no se echa la siesta, no habría nada que hacer. Pero, si se dispusiera de un paréntesis en la jornada laboral lo suficientemente ancho como para echarse un ratito, quizá los motivos de salud que apuntan los expertos les resultaran 100% convincentes.
En relación a estos beneficios, lo más relevante es que, según los expertos, para poder disfrutarlos hay que cumplir ciertos requisitos. “La evidencia científica dice que una siesta breve puede mejorar la atención, el rendimiento cognitivo y la sensación de descanso, siempre que se realice de forma adecuada”, apunta la Dra. Lidia Leticia Lithgow Jiménez, miembro del Grupo de Residentes y Jóvenes Especialistas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
En concreto, “la siesta ideal debería durar entre 10 y 20 minutos. Este tipo de descanso breve permite recuperar energía y mejorar la concentración sin entrar en fases profundas del sueño”, señala la experta. Y añade: “Cuando la siesta se prolonga más de 30 o 40 minutos, es más probable despertar con inercia del sueño, una sensación de aturdimiento o somnolencia que puede afectar al rendimiento durante un tiempo”.
Más requisitos…
Además de la duración ideal, también es determinante el ambiente. Así, según la experta, “lo importante es que el entorno sea cómodo y tranquilo, con luz tenue, poco ruido y una temperatura agradable. Muchos especialistas -continúa- recomiendan incluso usar un sillón o sofá reclinable para evitar que el descanso se prolongue demasiado”.
En cuanto a la hora idónea, “la mejor franja para la siesta suele situarse entre las 13:00 h y las 16:00 h, cuando el organismo experimenta un descenso natural de la alerta dentro del ritmo circadiano. Dormir demasiado tarde puede dificultar la conciliación del sueño nocturno, en personas que sufren de insomnio”, advierte.
¿Qué puede mejorar si nos echamos la siesta?
Partiendo de la idea de que echarse una siesta corta, ocasional y en un entorno adecuado “tiene premio”, la experta resume cuáles son los principales efectos positivos asociados, siendo, en su opinión, el más relevante la mejora del estado de alerta y del rendimiento cognitivo inmediato, ya que “una breve siesta puede mejorar significativamente la concentración y reducir errores en tareas que requieren atención”:
Mejora de la alerta y la atención. Las siestas cortas aumentan el estado de alerta, reducen la somnolencia y mejoran la capacidad de concentración durante varias horas tras despertar. Mejora la fatiga y el estado de ánimo en pacientes que tiene privación del sueño.
Mejora del rendimiento cognitivo. La evidencia muestra mejoras en velocidad de procesamiento, memoria de trabajo y funciones ejecutivas después de una siesta breve.
Consolidación de la memoria. Dormir durante el día puede facilitar la consolidación de la información aprendida previamente, un proceso relacionado con la actividad del hipocampo durante el sueño.
Recuperación física y rendimiento. En algunos estudios, especialmente en deportistas, las siestas se asocian a mejor recuperación y rendimiento físico.
Apoyo en situaciones de privación de sueño. En profesiones con turnos prolongados (sanitarios, transportes, seguridad), las siestas cortas ayudan a reducir la somnolencia y mejorar el rendimiento.
Los riesgos de “dejarse llevar”
Aunque una siesta corta puede ser beneficiosa, también se han descrito algunas consecuencias negativas, especialmente cuando se prolonga demasiado. Estos son, según Lithgow los más relevantes:
Inercia del sueño. Cuando la siesta dura más de 30 minutos es más probable entrar en sueño profundo. Despertar en esta fase produce desorientación, somnolencia y menor rendimiento cognitivo temporal.
Alteración del sueño nocturno. Si la siesta es larga o se realiza demasiado tarde, puede reducir la “presión de sueño” acumulada durante el día y dificultar conciliar el sueño por la noche.
Posible marcador de trastornos del sueño. Cuando una persona necesita siestas largas y frecuentes puede ser un indicador de falta crónica de sueño, apnea del sueño o trastornos del estado de ánimo.
“Desde el punto de vista clínico, lo más relevante es que las siestas largas y frecuentes pueden ser un marcador de problemas de salud o de mala calidad del sueño nocturno. Por ello, -aconseja la experta- cuando alguien necesita dormir siestas prolongadas de forma habitual, puede ser recomendable evaluar la calidad del sueño y descartar trastornos como la apnea del sueño”.
La siesta como estrategia
Por último, en el caso de las personas que trabajan en turnos nocturnos, como personal sanitario o trabajadores de transporte, Lithgow considera que “la siesta puede ser una estrategia útil para reducir la somnolencia y mejorar el rendimiento, ya que estos trabajadores suelen presentar desajustes del ritmo circadiano y privación de sueño”.
Además, “la evidencia científica sugiere que siestas breves de 20 o 30 minutos antes o durante el turno nocturno pueden mejorar el estado de alerta y disminuir errores o accidentes. No obstante, tras despertarse puede aparecer inercia del sueño, por lo que se recomienda esperar entre 10 y 15 minutos antes de realizar tareas que requieran máxima atención”, remarca.
Una cosa es que a los españoles nos encante echar una cabezadita después de comer, y otra muy distinta que realmente lo hagamos. Y es que, más de la mitad de la población, el 60 %, parece que no hace realidad este deseo, es decir, no tienen la costumbre de echarse la siesta. Así se reflejaba en el Primer estudio sobre salud y descanso, elaborado por la Fundación de Educación para la Salud del Hospital Clínico San Carlos (FUNDADEPS) y Asociación Española de la Cama (Asocama), en 2009.