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Desmontando a Marcos Llorente: ¿de verdad sirven las gafas amarillas, la luz roja o la dieta del paleolítico?
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Con dos médicas, una bióloga y un químico

Desmontando a Marcos Llorente: ¿de verdad sirven las gafas amarillas, la luz roja o la dieta del paleolítico?

El futbolista colchonero cuenta con 2,4 millones de seguidores en Instagram y casi todos los fines de semana, durante gran parte del año, se cuela en los televisores de miles de personas

Foto: El futbolista Marcos Llorente con sus gafas amarillas. (Instagram/@marcosllorente)
El futbolista Marcos Llorente con sus gafas amarillas. (Instagram/@marcosllorente)
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Marcos Llorente, jugador del Atlético de Madrid, colma titulares en los medios de comunicación. Y no solo es por sus jugadas. El colchonero también es famoso por sus declaraciones, en muchas ocasiones polémicas y relacionadas con la salud: es defensor de la dieta del paleolítico (restringiendo ciertos alimentos), de tomar el sol sin protección solar, de usar gafas con cristales amarillos o rojos, y también habla de las estelas de los aviones. ¿Qué dicen los expertos de las declaraciones de alguien que, semana tras semana, se cuela en las casas de millones de personas?

Probablemente, si haces memoria, recordarás declaraciones de Llorente ataviado con unas gafas de sol con cristal amarillo o rojo. En una publicación en Instagram en otoño, explicó que él usaba gafas con cristales amarillos especiales durante el día cuando estaba en interiores, y rojos por la noche si sale y está expuesto a luces artificiales. Lo hace “porque protege mi biología”. “La luz azul, fuera de su contexto natural (el día), es un tóxico. Y no lo digo yo, lo dicen tus mitocondrias cuando dejan de producir energía como deberían”, sostenía.

María Ángeles Bonmatí, miembro del grupo de trabajo de Cronobiología de la Sociedad Española del Sueño (SES), explica que se supone que con esas lentes por la noche busca reducir la exposición a la luz azul y que esta hace creer a nuestro cerebro que aún es de día. “Además, se retrasa o se inhibe la secreción de melatonina, una hormona importante del sueño y la fisiología circadiana. Sin embargo, durante el día necesitamos exponernos a luz natural, protegiéndonos cuando sea necesario, eso sí, de la radiación ultravioleta (no de la azul) con unas gafas con filtro homologado”, detalla.

La bióloga afirma que, hasta ahora, “no hay evidencia sólida que pruebe la eficacia de las gafas con cristales amarillos o rojos en personas sanas” y defiende que unos hábitos saludables “sí serán útiles” para proteger nuestra fisiología, “y eso no tiene por qué implicar el uso de gafas ni lámparas especiales”.

Las gafas con cristales amarillos o rojos (que actualmente están agotadas) son vendidas, entre otros sitios, en Aureo Lightstyle, una compañía que Llorente fundó junto con otros dos socios. Los precios alcanzan casi los 200 euros para adultos. Pero no solo se comercializan estas lentes, sino que se ofrecen, entre otras cosas, lámparas de luz roja, que también están sin stock. Entre los beneficios que asegura la compañía que ofrece el producto estarán la mejora del sueño, el embellecimiento de la piel y la relajación de músculos.

Al respecto, la investigadora centrada en el sueño insiste en que cuando es de noche y nos enfrentamos a luz con alto contenido en azul, es decir, muy blanca, esta envía al cerebro una información “errónea” de que es de día, lo que puede dificultar el descanso. “Pero esto no significa que la luz roja tenga un efecto beneficioso por sí misma sobre el sueño y, de hecho, no hay evidencia científica sólida de que así sea”, asegura.

Por tanto, aboga por utilizar una luz cálida y, sobre todo, de menor intensidad que la utilizada durante el día, y considera que será suficiente y, también, una decisión más respetuosa con la percepción del entorno.

“Como ocurre en muchas ocasiones, este tipo de declaraciones de personajes conocidos suele responder a un interés comercial concreto y no tanto al afán por compartir el conocimiento de una evidencia científica sólida”, defiende Bonmatí.

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También es conocida la relación de Llorente con el sol. La última publicación en redes sociales se remonta a la semana pasada, cuando se disfrazó de crema solar con carteles que rezaban “protección total contra tu biología” y “bloqueando la vitamina D desde 1985”. La dermatóloga Elena Godoy sostiene que no es la primera vez que ven esas publicaciones y su valoración es “negativa” porque “todo aquello que genere desinformación es problemático”.

En otra parte, recogía una receta en la que se podían leer “alternativas reales (que tu abuela ya conocía)”. El primer punto anima a ponerse en la sombra cuando el cuerpo te diga ‘eh, ya vale’. El problema es que, en cuanto a la radiación solar o los daños que se pueden producir en la piel, “no tenemos ningún instinto fiable”, según la responsable nacional de coordinadores de la campaña Euromelanoma de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

La especialista confirma que cuando las personas notamos calor, sudamos y el cuerpo percibe que se tiene que poner a la sombra, pero esa es la radiación infrarroja. La cuestión es que, para la radiación ultravioleta, que es la que más se ha relacionado con el cáncer de piel (en más del 90% de los casos) y con el daño profundo en la piel, no tenemos mecanismos para percibirla. Como consecuencia, en un día en el que la radiación infrarroja no se perciba —porque haga más fresco o incluso viento, que impida notar el calor— la piel se seguirá dañando y no se acudirá a la sombra por no sentir esa sensación.

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Este no es el único post polémico en relación con tomar el sol. Ya en 2024, Llorente aseguró que había estado tomando el sol sin crema ni gafas de sol desde las 10.00 hasta las 14.00 horas. El riesgo, a corto plazo, es un golpe de calor o una quemadura que puede provocar enrojecimiento hasta ampollas en el peor de los casos; en los ojos, se puede tener una sensación de pérdida visual a corto plazo por el daño sufrido en la retina.

“No es una problemática solo a corto plazo porque sabemos que la vamos resolviendo poco a poco. La cuestión es que esas quemaduras sabemos que se van acumulando en la piel, pues tiene memoria. Es daño en el ADN y al final nos van a generar problemas en la piel: lesiones premalignas de cáncer cutáneo, como son las queratosis actínicas, manchas, arrugas generadas por el sol y, por supuesto, envejecimiento general en la piel”, desarrolla.

¿Qué es el 'callo solar'?

Al deportista se le ha vinculado con el término callo solar. Godoy comenta que ese concepto es un “bulo o desinformación” que se basa en la idea de que al broncearse y exponer la piel al sol de forma repetida se hace más resistente. Pero esto es “totalmente falso”: lo que hace es acumular daño en las células, un daño que se queda “para siempre”.

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“Lo que iremos viendo con el tiempo son los mecanismos de defensa que tiene nuestro cuerpo cuando está sufriendo ese daño, como el engrosamiento de la piel y el aumento de la melanina, el bronceado. Pero eso que vemos es el escudo que está sacando la piel para defenderse. Lo que llaman callo solar son signos de que ya se ha estropeado la piel”, ahonda.

Además, insiste en que el bronceado con la melanina es una forma “muy pobre” para proteger la piel y lo ejemplifica apuntando a que equivaldría a una protección solar de 2-4 y no de 50+.

Dieta del paleolítico

No solo destaca su manera de relacionarse con las diferentes luces —naturales y artificiales—, sino también por la dieta que sigue. En una entrevista con Cadena SER (recogida por Men's Health), explicaba que sigue la del paleolítico, que, en palabras de Gloria Lugo Rodríguez, es un patrón dietético que incluye alimentos que consumía el ser humano durante el Paleolítico, fundamentalmente aquello que podía recolectar y cazar. La base, por tanto, son las frutas, verduras, hierbas, semillas, frutos secos, y se admiten carnes de caza, pescado y huevo.

Sobre esta dieta, la miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) destaca que los beneficios que se le atribuyen podrían estar asociados a la modificación de hábitos existentes previamente poco saludables, “presentando efectos positivos para la salud el abandono de consumo de alimentos ultraprocesados y un aumento de la ingesta de alimentos naturales”.

La exclusión de ciertos grupos de alimentos puede conllevar deficiencias nutricionales

“Tendrías que eliminar, por supuesto, todos los ultraprocesados, ni mirarlos. Y también los cereales, todo lo que sea pasta, pan, trigo, arroz… todas esas cosas fuera. Así como los lácteos: quesos, acaso que sean de mucha calidad…”, resumía entonces el futbolista. Al respecto, la endocrinóloga matiza que la exclusión de ciertos grupos de alimentos puede conllevar deficiencias nutricionales, como el déficit de calcio al eliminar lácteos y disminución del aporte de hidratos de carbono complejos de cereales integrales y legumbres.

Insinuaciones de fumigación

Aunque no esté directamente asociado con la búsqueda de la vida saludable, también hay otra cuestión más relacionada con el cielo. En esta ocasión, es sobre las estelas de los aviones, con comentarios, por ejemplo, en un post de un compañero que afirman “Fumigada en la [foto] 2”.

Al ser preguntado en un programa de COPE al respecto, matizó que no dice que estén echando “mierda aposta, que no lo sé”. Pero insiste en que antes “no veían esos cielos”. En primer lugar, Íñigo Pérez-Baroja Verde, decano del Ilustre Colegio Oficial de Químicos de Madrid, asegura que no hay evidencias científicas de que estén fumigando.

“Las estelas de los aviones no son más que nubes formadas por la condensación e inmediata congelación del vapor de agua que expulsan los motores de los aviones durante el vuelo en atmósferas muy frías”, incide. Es más, comenta que es muy parecido a cuando se va andando rápido en invierno y se expira aire por la boca, saliendo vaho. La diferencia está en la altura a la que vuelan los aviones, que hace que ese vapor de agua expulsado por este transporte se congele.

Foto: chemtrails-estelas-aviones-conspiracion

Llorente se preguntaba también por la duración de las estelas, a lo que Pérez-Baroja responde que la persistencia depende del avión, si tienen motores más o menos potentes; de la humedad que haya, a mayor, se queda durante más tiempo; del viento y su velocidad.

Sobre si ha cambiado algo respecto a años anteriores y por eso no se veían cielos así, el experto afirma que lo que ha variado son la eficacia de los motores y, sobre todo, el tráfico aéreo: “De acuerdo con datos de la OACI/Worldbank, ACI Europe (Airports Council International Europe) y EUROSTAT, en los años 70, había 310 millones de pasajeros al año, de los cuales unos 280 millones eran en Europa. En 2025, se habla de 2.600 millones en Europa y 5.200 millones en el mundo, debido a que vivimos en un mundo más global, con un aumento del turismo masivo y de la proliferación de compañías y vuelos low cost”.

Marcos Llorente, jugador del Atlético de Madrid, colma titulares en los medios de comunicación. Y no solo es por sus jugadas. El colchonero también es famoso por sus declaraciones, en muchas ocasiones polémicas y relacionadas con la salud: es defensor de la dieta del paleolítico (restringiendo ciertos alimentos), de tomar el sol sin protección solar, de usar gafas con cristales amarillos o rojos, y también habla de las estelas de los aviones. ¿Qué dicen los expertos de las declaraciones de alguien que, semana tras semana, se cuela en las casas de millones de personas?

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