Un fármaco al que era alérgico, 15 minutos de parada y una vida destrozada: reclaman 1,5 millones por negligencia
Ingresó por una pancreatitis en el Hospital Montecelo. Tras administrarle metamizol, pese a constar la alergia a este en su historial, sufrió un shock anafiláctico y un daño cerebral irreversible
El 14 de julio de 2024, Agapito Dorado, de 48 años, entró caminando en el Hospital Montecelo (Pontevedra) por una pancreatitis. Tres días después, desde el punto de vista digestivo, estaba recuperado. Pero nunca volvió a salir por su propio pie, según narra a El Confidencial su hijo Daniel Dorado.
Durante su ingreso, el personal sanitario le administró metamizol, un fármaco al que era alérgico, tal y como constaba en su historial clínico al que ha tenido acceso este periódico. Sufrió un shock anafiláctico, entró en parada cardiorrespiratoria y tardaron unos 15 minutos en reanimarlo. El daño ya estaba hecho.
Hoy, Agapito vive con una tetraparesia espástica, deterioro cognitivo severo y dependencia absoluta. No puede hablar ni moverse, pero Daniel insiste: “Mi padre lo entiende todo”.
Para la familia y su despacho de abogados, la negligencia no está en discusión, ni siquiera por parte de la aseguradora del Servizo Galego de Saúde (Sergas). Una aseveración para la que se apoyan en diferentes documentos. La batalla ahora es otra: cuánto vale su vida.
Un error reconocido en los propios documentos
Los informes médicos y la documentación judicial son claros. En uno de los escritos del propio sistema sanitario se recoge que el paciente, “alérgico al metamizol”, recibió el medicamento por vía intravenosa, lo que le provocó una parada cardiorrespiratoria por shock anafiláctico y graves secuelas neurológicas.
En las órdenes médicas también figura la alergia… y la administración posterior del fármaco.
“No se discute la mala praxis”, insiste a El Confidencial Isabel Bonilla, abogada de Bley Abogados, despacho especializado en derecho sanitario que representa a la familia. “Lo que discute la aseguradora es la valoración del daño”, aclara.
De la UCI a una residencia sin rehabilitación
Agapito estuvo varias semanas en coma. Contra el pronóstico inicial, sobrevivió. Pero su evolución posterior también ha estado marcada por decisiones cuestionadas por la familia.
Según relata Daniel, su padre iba a ser trasladado a una unidad de neurorehabilitación meses después del ingreso. Sin embargo, una fiebre el día del alta frustró el traslado y nunca volvió a ser derivado.
“Lo mandaron directamente a una residencia de mayores, no preparada para personas con daño cerebral adquirido y tan jóvenes como mi padre”, explica.
Hoy vive en un centro en Vigo donde, según la familia, solo recibe cuidados básicos. En cuanto a la rehabilitación –fisioterapia y logopedia–, la pagan ellos mismos.
“Hemos tenido que hacer crowdfunding, vender pulseras… porque el sistema no cubre lo que necesita”, denuncia Daniel. “Yo quiero dedicarme a cuidar de mi padre, no a estar viendo cómo pago cada crema o cada tratamiento”, añade.
La disputa: 5 años de vida frente a más de 2 décadas
La familia reclama una indemnización cercana a 1,5 millones de euros, basada en informes periciales que calculan la esperanza de vida del paciente en más de 20 años.
Sin embargo, la abogada explica que la aseguradora, Relyens, ofrece alrededor de 200.000 euros o una renta anual de unos 41.000. En este sentido, señala que la clave está en el argumento que esgrimen de que la esperanza de vida de Agapito es de apenas cinco años.
Explica que en su informe, Relyens sostiene que pacientes con ese nivel de daño neurológico suelen tener una supervivencia muy limitada, muy por debajo de las tablas generales.
Pero la familia y su defensa lo rechazan de lleno. “Eso es un futurible. Nadie tiene una bola de cristal”, responde Bonilla. “La ley dice que hay que valorar los daños actuales, no especular sobre lo que va a pasar”, explica.
Daniel va más allá: “En el informe dicen que tiene traqueotomía o infecciones recurrentes, pero lleva más de un año sin ninguna de esas cosas. Ni siquiera han ido a valorarlo”.
El Confidencial se ha puesto en contacto con Relyens para recabar su versión, a lo que han respondido que "por política de empresa no se realizan declaraciones sobre procesos judiciales abiertos o en curso, ni sobre sentencias".
Un juicio por delante
La demanda, presentada contra la aseguradora, ya ha sido admitida a trámite. Tras el intento fallido de acuerdo, el caso avanza hacia juicio. “El siguiente paso es la audiencia previa y luego el juicio, donde se determinará la indemnización”, explica la abogada.
En este sentido, insiste en que no se discutirá si hubo negligencia. Eso, a estas alturas, ya no está en duda. Lo que decidirá el juez es cuánto vale la vida que quedó después.
“Nos destrozó la vida”
El impacto familiar va más allá de lo clínico o lo económico. “Mi padre era mi compañero de vida. Venía conmigo a todos los entrenamientos, jugábamos al fútbol juntos…”, cuenta su hijo.
Cuando ocurrió todo, la hija de Daniel tenía tres años y medio y su mujer estaba embarazada. El nacimiento de esta última coincidió con el ingreso de su padre en la UCI.
“Nos destrozó la vida”, resume. Aun así, insiste en algo que es su prioridad, que hay margen para mejorar su calidad de vida: “Tal vez no se pueda recuperar, pero puede ganar calidad de vida. Responde a estímulos, me reconoce…”, añade.
Mientras el juicio llega, Daniel sigue visibilizando el caso en redes sociales y tratando de financiar las terapias de su padre. "Mi padre no es una cifra para calcular si va a durar cinco años. Es una persona que necesita atención y dignidad”, señala.
Su objetivo inmediato no es la indemnización, sino algo más básico, que su padre reciba la rehabilitación que necesita. “Para él, el tiempo es oro”, concluye.
El 14 de julio de 2024, Agapito Dorado, de 48 años, entró caminando en el Hospital Montecelo (Pontevedra) por una pancreatitis. Tres días después, desde el punto de vista digestivo, estaba recuperado. Pero nunca volvió a salir por su propio pie, según narra a El Confidencial su hijo Daniel Dorado.