Madrid acogió el Foro Mundial de Longevidad (LWF en sus siglas en inglés), un encuentro científico que abordó los avances más destacados en este ámbito. La conferencia inaugural corrió a cargo del profesor Nir Bazilai, presidente de la Academia de Investigación en Salud y Envejecimiento de la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York, que detalló las diferencias entre edad biológica y cronológica, cómo tratar a las personas antes de que desarrollen enfermedades, retrasando el envejecimiento. E, incluso, revertirlo.
“He estudiado a 850 personas centenarias de Estados Unidos y también a sus familias. Tienen determinados genes que retrasan el envejecimiento de sus células. Pero es que, además, viven más años y más sanos: tienen a los 90 años las enfermedades que la mayoría de la gente tiene a los 60. E, incluso pasados los 100 años, el 30% no tiene enfermedades relevantes”, destaca.
“Andrew Scott, profesor de Economía en la London Business School, analizó nuestros datos y me comentó que estos centenarios, al no estar hospitalizados, estaban viajando o comprando regalos a sus nietos, por lo que tienen un valor económico. Y este se eleva a 36 billones de dólares por año, porque hay que recordar que los mayores de 65 poseen el 40% de recursos mundiales”, subraya.
En su opinión, estas cifras han servido para que políticos de distintas partes del mundo –“desde Estados Unidos a Singapur”– tengan claro que estar sanos y parar el envejecimiento todo lo posible es clave para la economía.
“Por ejemplo, en el Congreso de Estados Unidos, se ha puesto en marcha una comisión de longevidad denominada ‘Longevity Science Caucus’, que reúne a demócratas y republicanos y que nos están apoyando, desarrollando normas que nos están ayudando en nuestras investigaciones: porque morir joven a una edad avanzada es bueno no solo para la personas, también para el país, que paga menos costes sanitarios”, detalla.
Otra cifra que subraya es que, si nuestros padres son centenarios, “viviremos un 25% más de la esperanza de vida de la zona. Por ejemplo, en Madrid la esperanza de vida es de 86 años, una de las más elevadas del mundo, junto a Mónaco. Por lo que, si añadimos un 25%, alcanza los 107 años y medio de media. Si tienes a uno solo de tus padres centenarios, el porcentaje es del 13%, lo que supone 97 años. Y, en el caso de los nietos, el porcentaje es del 7%. El motivo es que los genes de los centenarios tienen un efecto muy potente en sus familias: hemos estudiado los datos y hemos observado que los hijos tienen la mitad de enfermedades cardiovasculares, la mitad de demencia y la mitad de mortalidad. Y la explicación es que hay genes que retrasan el envejecimiento, con fármacos ya aprobados o en desarrollo para ello”.
Pero la respuesta, como es obvio, no se basa solo en los genes. La calidad de vida también juega un papel muy relevante. Como apunta Bazilai, “los genes y el entorno están en colaboración en un porcentaje aproximado del 50%, por lo que hay que optimizar el ejercicio, la dieta, el sueño y la conectividad social, porque permiten vivir más años y más sano”.
¿Son las personas centenarias de Japón, España o Estados Unidos similares? Algunos genes que ha analizado en el experto parecen indicar que sí “y los que no lo son están en una misma vía de señalización celular”.
En la actualidad, su investigación se centra en los biomarcadores del envejecimiento. “Estamos tratando de desarrollar pruebas similares a los de colesterol o diabetes y que nos permitan saber de manera precisa lo anciana que es una persona. Ya hay varios, pero yo he probado diez distintos y me han dicho desde que soy 20 años más joven de mi edad a 40 años más viejo. Por eso nuestro objetivo es que nuestra prueba sirva para medir las mejoras en la dieta o en el sueño. O que señalen que estos nuevos fármacos que comentaba que sirven para prevenir el envejecimiento van en la dirección correcta. Hemos concluido un proyecto de ocho millones de dólares y estamos recogiendo las muestras de sangre para hacer cientos de miles de pruebas”, precisa.
Madrid acogió el Foro Mundial de Longevidad (LWF en sus siglas en inglés), un encuentro científico que abordó los avances más destacados en este ámbito. La conferencia inaugural corrió a cargo del profesor Nir Bazilai, presidente de la Academia de Investigación en Salud y Envejecimiento de la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York, que detalló las diferencias entre edad biológica y cronológica, cómo tratar a las personas antes de que desarrollen enfermedades, retrasando el envejecimiento. E, incluso, revertirlo.