Por qué aparecen los tics nerviosos y cómo librarse de ellos
Puede que solo duren unas semanas, pero si esa mueca o ese gruñido persiste, es probable que un neurólogo lo llame trastorno del neurodesarrollo. Averiguar su origen es clave para su tratamiento
Parpadeos, muecas, carraspeos, gruñidos, o incluso repetición de palabras sin control y de forma rápida y repetitiva son parte de la lista que engloba lo que se conoce como tics nerviosos. La cuestión es que, tanto su tipología como su origen son muy variados, por lo que, ante la sospecha de su existencia, lo más conveniente es acudir a la consulta del neurólogo para que valore esos movimientos. Y es que, si bien es cierto que no suelen ser un problema serio, también lo es que no siempre es así, y en muchos casos, llegan a interferir en la vida cotidiana del que los sufre. De modo, que la intervención de un experto es clave para recuperar el control.
La mayoría de las veces, solemos achacar los tics a los nervios o situaciones de estrés, pero nunca hay un motivo único. En palabras de la doctora Ana Laura Fernández Perrone, Neuropediatra del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa: “Los tics se consideran un trastorno del neurodesarrollo.
La evidencia científica identifica su origen en alteraciones funcionales en circuitos cortico-estriado-talámico-corticales, sobre todo en ganglios basales y áreas motoras. Además, -continúa la experta- se sugiere la participación de varios sistemas de neurotransmisión (especialmente dopamina), con un funcionamiento distinto al habitual. También existe interacción de factores genéticos (vulnerabilidad heredada) y ambientales (estrés, infecciones, otros factores perinatales) que modulan la expresión de los tics, sin que exista una ‘causa única’ en la mayoría de los casos”.
Por tanto, la genética tiene un papel importante. Sin embargo, “no hay un único ‘gen del tic’ para la mayor parte de casos. Estudios de familias y gemelos muestran que los tics, incluidos Tourette y los trastornos de tics crónicos, tienen una heredabilidad moderada-alta”, apunta la experta. Y añade: “Hoy se acepta que la mayoría de casos se deben a la suma de muchos genes de pequeño efecto (herencia poligénica) junto con factores ambientales. En un porcentaje pequeño, los tics forman parte de síndromes genéticos concretos (ej. algunas canalopatías, síndromes cromosómicos), donde el tic no es el único problema neurológico”, aclara la experta.
Identificarlos para saber cómo tratarlos
Más allá de si son los genes o el entorno la razón para que alguien, ya sea un niño o un adulto, presente tics nerviosos, conocerlos bien es el primer paso para identificarlos e intentar detenerlos.
Así, desde la neurología, la doctora resume brevemente lo que la ciencia entiende por tics: “Movimientos (parpadeos, muecas, sacudidas de cuello, encogerse de hombros…) y/o sonidos (carraspeos, gruñidos, olfatear, repetir palabras…) que se caracterizan por ser rápidos, repetitivos y sin ritmo regular. Además, la persona no lo hace a propósito, aunque a veces pueda ‘aguantarlos’ un rato, y suelen ir precedidos (en niños mayores y adultos) de una sensación interna molesta o de ‘ganas’ que se alivian al hacer el tic”.
Tipos de tics nerviosos
Pueden clasificarse según la forma, la complejidad y la duración:
Según la forma del tic:
- Tics motores: implican movimientos (parpadeo, muecas, sacudidas de cabeza…).
- Tics vocales o fónicos: implican sonidos (carraspeo, tos breve, olfatear, gruñidos, palabras…).
Según la complejidad:
- Simples: muy breves, implican pocos músculos o sonidos muy elementales. (parpadear, encoger hombros, carraspear…).
- Complejos: movimientos o secuencias más elaboradas o sonidos/palabras con contenido reconocible. (tocar objetos en un orden, dar un salto, repetir palabras propias u oídas…).
Según la duración y el patrón:
Trastorno de tics transitorios:
- Tics motores y/o vocales.
- Duración inferior a 1 año desde su inicio.
- Inicio antes de los 18 años.
Trastorno de tics motores o vocales persistentes (crónicos):
- Solo motores o sólo vocales.
- Duración ≥ 1 año
- Inicio antes de los 18 años.
Síndrome T. de Tourette:
- Varios tics motores + al menos un tic vocal.
- Presentes (no necesariamente de forma continua) durante ≥ 1 año.
- Inicio antes de los 18 años.
Aunque menos, también aparecen en adultos
El abordaje de los tics nerviosos, no solo tiene en cuenta su tipología, también es relevante a la hora de escoger una estrategia terapéutica, si el que lo sufre es un niño, un adolescente o un adulto. Y es que, aunque es mucho más habitual entre los menores, la población adulta no se libra de padecerlos. En este sentido, la doctora señala que “el inicio típico de los tics es infantil. Suelen empezar entre los 4 y 6 años, con un máximo de intensidad entre los 10 y 12 años. Siendo mucho más frecuentes en varones que en niñas”.
Por otro lado, en el caso de los adultos, la experta distingue varios escenarios: “persistencia o reaparición de tics que empezaron en la infancia (los más frecuentes) o inicio aparente en la edad adulta, menos habitual, donde hay que pensar en: tics que han pasado desapercibidos de niños o en causas secundarias (fármacos, consumo de sustancias, lesiones estructurales, otras enfermedades del movimiento)”. Por eso, “un tic de inicio genuino en la edad adulta requiere siempre una valoración neurológica cuidadosa”, concluye.
Ante la sospecha, mejor acudir a la consulta
Tanto si observamos tics en niños, como si se trata de un adulto, la consulta a un médico siempre es importante, ya que “permite tranquilizar e indicar aquellos síntomas y cambios si es necesario ampliar evaluación”, apunta la doctora.
Ahora bien, ¿cómo saber si estamos ante un tic nervioso que merezca un tratamiento médico? “En la consulta y en la entrevista con padres/pacientes, los rasgos que orientan a pensar en tics son movimientos o sonidos repetitivos, breves e iguales a sí mismos, que aparecen en ráfagas (parpadeos, muecas, carraspeos…) y cambian de intensidad y frecuencia a lo largo del día”, describe Fernández. Y añade: “suelen empeorar con estrés, cansancio, excitación y mejorar cuando el niño está muy concentrado en algo agradable. A menudo, la persona puede aguantarlos unos segundos o minutos si se lo propone, pero después vienen más intensos (‘efecto rebote’). En niños mayores y adultos, suele haber una sensación interna (picor, presión, hormigueo, tensión…) que se alivia al hacer el movimiento o el sonido. No hay pérdida de conciencia, ni desconexiones, ni síntomas neurológicos acompañantes como debilidad, alteraciones bruscas del habla, etc. Siempre es importante que un profesional diferencie tics de otras entidades (mioclonías epilépticas, crisis focales motoras, corea, distonía, estereotipias, movimientos funcionales), porque para la familia pueden parecer todo lo mismo”.
Tics en la consulta del neurólogo
Una vez se ha detectado el tic, “el abordaje, según las guías clínicas basadas en evidencia, se puede resumir en un primer paso definido por la evaluación y psicoeducación”, apunta la doctora. A continuación, “se confirma el diagnóstico de tic y se descartan otras causas. También hay que valorar comorbilidades (TDAH, TOC, ansiedad, etc.) y explicar de forma clara a la familia/paciente qué es un tic, cuál es la evolución esperable, qué factores lo empeoran o mejoran, qué opciones de tratamiento existen”, añade.
Si los tics son leves, es decir, si no interfieren en la vida diaria, la recomendación suele ser “observar, ajustar el entorno y no medicalizar en exceso, pero manteniendo seguimiento clínico”, sostiene Fernández. Mientras que cuando los tics son suficientemente problemáticos, “la primera línea de tratamiento no farmacológico suele ser intervenciones conductuales específicas para tics, en especial, entrenamiento en inversión de hábito y CBIT (Comprehensive Behavioral Intervention for Tics). Estos programas, -explica la experta- realizados por profesionales formados, han demostrado reducción significativa de la frecuencia e intensidad de los tics en niños y adultos”.
Además, la experta recomienda medidas generales como “rutinas de sueño adecuadas, reducción de estrés y organización del entorno escolar/laboral, intervenciones psicológicas adicionales si hay ansiedad, baja autoestima, etc.”.
Cuando los tics son moderados o graves, causan dolor, deterioro funcional o emocional y las medidas anteriores no son suficientes, “las guías contemplan el uso de medicación, siempre bajo control de un especialista (neuropediatría, neurología infantil o de adultos, psiquiatría infantil/adultos, según el caso)”, sostiene Fernández.
Tratamiento para niños y para adultos
Dado que existen ciertas diferencias entre los tics en función de la edad, cabe pensar que el abordaje debería contemplar esta distinción. En este sentido, según la experta, “los principios generales (psicoeducación, intervenciones conductuales, medicación sólo si es necesario) son similares”. Sin embargo, existen ciertos aspectos que pesan más en los niños, como el impacto en la escolarización y en la dinámica familiar, la necesidad de coordinación con colegio y apoyos educativos o la prudencia con efectos secundarios farmacológicos a largo plazo; mientras que, en el caso de los adultos, “las decisiones giran más en torno a la autonomía, trabajo, conducción, vida social. Además, puede haber más comorbilidades psiquiátricas y uso concomitante de varios psicofármacos, lo que complica el manejo”.
¿Y si hacemos como que no pasa nada? ¿Desaparecen?
A pesar de la recomendación de consultar a un experto, hay quienes piensan que los tics nerviosos son transitorios y que pueden desaparecer por sí solos. Sin embargo, “la evidencia reciente ha matizado bastante lo que tradicionalmente se decía a las familias (‘esto se pasa solo en unos meses), y estudios prospectivos más modernos muestran que niños que habían tenido tics durante unos 3 meses, seguían teniendo tics (aunque a veces muy leves) al año del inicio. La gravedad suele disminuir en la adolescencia y entre 17 % y el 65 % de los pacientes acaban en remisión completa”.
Por otro lado, aunque es cierto que “pueden desaparecer por sí solos, no es así en todos los casos, y no siempre en el plazo que tradicionalmente se decía”, señala Fernández. Así, “una proporción relevante de niños con tics tiene remisión completa en la adolescencia o al inicio de la edad adulta. Incluso en quienes no remiten del todo, los tics suelen volverse mucho más leves y menos incapacitantes”.
Parpadeos, muecas, carraspeos, gruñidos, o incluso repetición de palabras sin control y de forma rápida y repetitiva son parte de la lista que engloba lo que se conoce como tics nerviosos. La cuestión es que, tanto su tipología como su origen son muy variados, por lo que, ante la sospecha de su existencia, lo más conveniente es acudir a la consulta del neurólogo para que valore esos movimientos. Y es que, si bien es cierto que no suelen ser un problema serio, también lo es que no siempre es así, y en muchos casos, llegan a interferir en la vida cotidiana del que los sufre. De modo, que la intervención de un experto es clave para recuperar el control.