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Sofocos fríos en la menopausia: qué son, por qué aparecen y cómo reducir su intensidad
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Sofocos fríos en la menopausia: qué son, por qué aparecen y cómo reducir su intensidad

Aunque pueden ser desconcertantes, suelen deberse a los cambios hormonales de la menopausia. Identificarlos es el primer paso para recuperar la calidad de vida perdida

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Se considera que una mujer ha llegado a la menopausia cuando han pasado doces meses consecutivos sin menstruación, como consecuencia de la disminción progresiva de la función ovárica y de la producción de hormonas, especialmente estrógenos.

De hecho, “no se trata de una enfermedad, sino de una transición biológica natural que suele ocurrir alrededor de los 50 años y que puede acompañarse de distintos cambios físicos y hormonales en el organismo”, recalca la Dra. Romina Castagno especialista en Ginecología y obstetricia y jefa de la Unidad de Menopausia de Woman Excellence.

Uno de esos cambios hormonales a los que hace referencia Castagno es la disminución de estrógenos. Esta caída constituye el origen de muchos de los síntomas vinculados a la menopausia. “Los estrógenos tienen receptores en numerosos órganos del cuerpo, como el cerebro, los huesos, el corazón, la piel, los músculos o el aparato genitourinario. Por ello, -aclara la experta- cuando sus niveles disminuyen, distintos sistemas del organismo pueden verse afectados”.

El grado de afectación no es el mismo en todas las mujeres. “Mientras algunas apenas presentan molestias, otras ven como su bienestar diario se ve alterado”, apunta la ginecóloga. “Esto depende de diversos factores, como la genética, la edad de inicio de la menopausia, el estilo de vida, el estado de salud general y factores emocionales o sociales. Además, los tejidos del organismo pueden tener distinta sensibilidad a los cambios hormonales, lo que explica la variabilidad de síntomas entre mujeres”, asevera.

Unos más conocidos que otros

“En la literatura científica se han descrito más de 60 síntomas asociados a la menopausia, y algunos estudios sugieren que esta cifra podría ser incluso mayor si se incluyen cambios más sutiles”, sostiene Castagno quien distingue entre síntomas vasomotores, alteraciones del sueño, cambios emocionales y cognitivos, sexualidad y síndrome genitourinario de la menopausia, y cambios en el peso o composición corporal.

Los más conocidos son los vasomotores, es decir, los relacionados con los cambios en el sistema que regula la temperatura corporal. Estos incluyen:

  • Sofocos o bochornos. Se describen como una sensación repentina de calor que suele comenzar en el pecho, cuello o cara.
  • Sudoración nocturna. Estos episodios pueden aparecer de forma súbita y provocar calor intenso, enrojecimiento de la piel y sudoración.

Además de los síntomas más conocidos, algunas mujeres pueden experimentar manifestaciones menos habituales, como hormigueo en la piel, lengua ardiente, cambios en el gusto, zumbidos en los oídos, palpitaciones, dolores articulares o incluso cambios en el olor corporal.

Cambios emocionales y cognitivos

Además de los cambios físicos, “durante la menopausia también pueden aparecer alteraciones del estado emocional, como irritabilidad, ansiedad, tristeza o mayor sensibilidad emocional”, recalca la doctora. Y añade: “Algunas mujeres describen además síntomas cognitivos leves, como niebla mental, olvidos ocasionales o dificultad para concentrarse. Estos cambios suelen ser transitorios y se relacionan con los efectos de las hormonas en distintas áreas del cerebro”.

Sofocos de calor y sofocos fríos

Uno de los síntomas relacionados con los cambios en la producción de hormonas, especialmente con la disminución y las fluctuaciones de los estrógenos, son los sofocos fríos.

Este síntoma aparece debido a que durante la menopausia el centro regulador de la temperatura corporal, que está en el cerebro, se vuelve más sensible, y cuando los estrógenos merman, “el organismo puede reaccionar de dos maneras: produciendo sofocos de calor o provocando vasoconstricción y escalofríos que generan la sensación repentina de frío característica de los sofocos fríos”, resume la experta.

Igual que vienen, se van

Un episodio de sofocos fríos “suele aparecer de forma repentina, incluso en un ambiente templado. La mujer puede notar una sensación intensa de frío o escalofríos que recorren el cuerpo, a veces acompañada de sudoración fría o temblores”, describe Castagno. “Suelen durar desde unos segundos hasta varios minutos y desaparecen espontáneamente. Además, con el tiempo, a medida que el organismo se adapta a los cambios hormonales, estos episodios suelen disminuir en frecuencia e intensidad”, añade.

A pesar de que puede ser uno más de los síntomas propios de la menopausia, “si aparecen muy tardíamente, si son muy intensos o si se acompañan de fiebre, pérdida de peso u otros síntomas llamativos, es recomendable consultar con un profesional de la salud para descartar otras posibles causas médicas”, aconseja la experta.

Factores predisponentes

En cierta medida, es posible controlar la frecuencia e intensidad de los sofocos fríos, ya que algunos factores externos, susceptibles de ser manejados, pueden influir en su aparición. Entre ellos, la doctora destaca:

  • Los ambientes muy calurosos.
  • La ingesta de alcohol o cafeína.
  • Las comidas picantes.
  • El estrés o la ansiedad.
  • La falta de sueño.
  • El tabaco.

“Identificar estos desencadenantes puede ayudar a reducir la frecuencia de los episodios”, asegura.

¿Molestia temporal o algo más?

Aunque lo habitual es que los sofocos fríos no pasen de ser una molestia pasajera, si “son frecuentes o intensos, pueden afectar de forma importante a la calidad de vida, alterando el sueño y favoreciendo el cansancio, la irritabilidad o la dificultad para concentrarse”, advierte Castagno.

Además, “algunos estudios han observado que cuando son severos pueden asociarse con ciertos factores de riesgo cardiovascular y con mayor pérdida de masa ósea, lo que podría relacionarse con un mayor riesgo de osteoporosis”.

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Opciones para aliviarlos

Sea cual sea la frecuencia y el grado con que se presentan, es importante saber que existen distintas estrategias para reducir ambos aspectos.

En primer lugar, se suele recomendar cambios en el estilo de vida, como, por ejemplo, “mantener una temperatura ambiental confortable, vestir con ropa en capas, evitar alcohol o cafeína, mejorar el descanso nocturno y realizar ejercicio físico regular”, enumera la experta.

En el caso de que los síntomas sean más intensos, el médico puede valorar distintos tratamientos. Entre ellos, “se encuentra la terapia hormonal de la menopausia (THM) en mujeres que no tengan contraindicaciones”, apunta la doctora. Y añade: “También existen tratamientos no hormonales, especialmente indicados para mujeres que no puedan, no quieran o no deban utilizar terapia hormonal. Algunas mujeres optan por opciones naturales basadas en fitoterapia, que pueden ayudar a aliviar los síntomas en algunos casos”.

En cualquier caso, “el tratamiento más adecuado debe valorarse siempre de forma individualizada, teniendo en cuenta la situación y las necesidades de cada mujer”, concluye Castagno.

Se considera que una mujer ha llegado a la menopausia cuando han pasado doces meses consecutivos sin menstruación, como consecuencia de la disminción progresiva de la función ovárica y de la producción de hormonas, especialmente estrógenos.

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