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El número de tazas de café al día que se asocia con un menor riesgo de demencia
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El número de tazas de café al día que se asocia con un menor riesgo de demencia

Un gran estudio a 40 años sugiere beneficios modestos del café y el té con cafeína (pero no así del descafeinado)

Foto: Las personas que bebían más café con cafeína tenían un menor riesgo de sufrir demencia en comparación con quienes bebían descafeinado (Pexels).
Las personas que bebían más café con cafeína tenían un menor riesgo de sufrir demencia en comparación con quienes bebían descafeinado (Pexels).

Para millones de personas, el día no empieza hasta que aparece el primer sorbo de café. Y, cada cierto tiempo, la ciencia vuelve a preguntarse si esa rutina mundial y cotidiana de tantas personas podría estar haciendo algo más por nosotros.

La última pista llega desde un análisis a largo plazo que ha concluido que beber entre 2 y 3 tazas de café con cafeína al día o 1-2 tazas de té, se asocia con un menor riesgo de demencia. Se trata de un dato sugerente, respaldado por décadas de seguimiento en una de las bases de datos más sólidas en epidemiología nutricional. Una posible pieza más en el rompecabezas de la salud cerebral.

La investigación, publicada en la revista JAMA, analizó datos de 131.821 adultos procedentes de dos grandes cohortes estadounidenses: el Nurses’ Health Study (principalmente mujeres) y el Health Professionals Follow-Up Study (principalmente hombres). Según los investigadores, los participantes fueron seguidos durante décadas (en algunos casos, llegando hasta a 43 años de seguimiento) con cuestionarios dietéticos repetidos cada pocos años.

El resultado principal es realmente llamativo: durante el seguimiento, 11.033 personas desarrollaron demencia. Al comparar consumos, quienes bebían más café con cafeína mostraron una reducción relativa del 18% en el riesgo respecto a quienes tomaban poco o nada. En el caso del té, la reducción se movió en torno al 14%. En conjunto, se podría resumir el rango en alrededor de un 15-20% menos riesgo para quienes mantenían el hábito de 2-3 cafés o 1-2 tés al día. Y algo muy importante: el café descafeinado no mostró la misma asociación que el normal.

¿Cuál es la dosis ideal de café?

Además de observar tendencias generales, el análisis intentó precisar el rango de consumo con mejor perfil. La mejor receta fue la de 2 a 3 tazas de café con cafeína al día, o de 1 a 2 tazas de té al día. En términos de cafeína, esto equivale aproximadamente a unos 300 mg diarios; es decir, no se trata de hartarse de café o de beber café 'a lo loco', sino de consumo moderado. Y es que según la investigación, más cafeína no implicó necesariamente más protección cerebral; la curva 'se aplana'. Eso contrasta con otros estudios previos que han sugerido que consumos muy altos podrían relacionarse con peores resultados, un recordatorio de que la dosis importa y el contexto también.

¿Por qué el descafeinado no 'cuenta'?

Que el descafeinado no salga beneficiado en estas conclusiones ha llevado a algunos titulares a insinuar que 'la cafeína es el ingrediente protector', pero tal y como explican los científicos, el asunto es más complejo, ya que es difícil aislar el efecto de la cafeína del de otros componentes del café y el té. Ambos contienen polifenoles y otras sustancias bioactivas con potencial antioxidante y antiinflamatorio.

De la misma forma, estos compuestos podrían contribuir a proteger el cerebro mediante una mejor salud vascular, menor inflamación y reducción del estrés oxidativo. Incluso podría haber una relación indirecta con la salud metabólica, ya que la cafeína se ha vinculado a un menor riesgo de diabetes tipo 2, un factor relacionado con la demencia. En resumen podríamos decir que es probable que haya un 'cóctel' de factores que influya en el riesgo y todavía no sabemos cuál pesa más.

No es causalidad

Ante todo hay que tener en cuenta que se trata de un estudio observacional que registra hábitos y resultados a lo largo del tiempo, pero no asigna al azar quién bebe café y quién no, por lo que puede haber factores de confusión. Pero no hay causalidad entre tomar más café y un menor riesgo de desarrollar demencia; para demostrar causalidad se necesitarían ensayos clínicos aleatorizados larguísimos (de varias décadas), algo prácticamente inviable. Lo que sí se puede hacer es avanzar en estudios mecanísticos con biomarcadores, neuroimagen, medidas fisiológicas... tal y como proponen los investigadores. Así que, si ya tomas café o té con cafeína y te sienta bien, estos datos son tranquilizadores, pero si no lo tomas o no puedes por ansiedad, insomnio, arritmias o presión arterial, no hay motivo para forzarlo solo por estos resultados.

"Si bien nuestros resultados son alentadores, es importante recordar que el tamaño del efecto es pequeño y que existen muchas maneras importantes de proteger la función cognitiva a medida que envejecemos", afirmó Daniel Wang, nutricionista del Hospital General Brigham de Massachusetts en Boston.

Para millones de personas, el día no empieza hasta que aparece el primer sorbo de café. Y, cada cierto tiempo, la ciencia vuelve a preguntarse si esa rutina mundial y cotidiana de tantas personas podría estar haciendo algo más por nosotros.

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