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Las 5 cosas que no sabías sobre la importancia del peso en la longevidad saludable
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Las 5 cosas que no sabías sobre la importancia del peso en la longevidad saludable

Como dermatólogo veo cada vez más pacientes que, tras adelgazar con fármacos antiobesidad, buscan corregir el descolgamiento facial y corporal; la clave está en hacerlo con fuerza y proteína para ganar salud y longevidad, no solo perder kilos

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Como dermatólogo estético, muchos pacientes acuden a consulta porque han perdido peso con los nuevos fármacos antiobesidad y quieren mejorar el descolgamiento facial o corporal. Esa pérdida de peso, si se realiza con el control adecuado (entrenamiento de fuerza y suplemento de proteínas) puede ser una magnífica herramienta para conseguir una longevidad saludable. Te voy a contar algunos detalles sobre el sobrepeso y la longevidad.

La Dra. Susana Monereo, jefa de Servicio de Endocrinología del Hospital Ruber Internacional, ha dado una interesantísima charla en el ciclo de conferencias de Salud y Bienestar del Club Metrópolis sobre la revolución que estamos viviendo en la relación entre obesidad y longevidad. A partir de esa idea central, quería destacar cinco puntos que, en mi opinión, cambian la manera de entender el sobrepeso: no como un problema estético, sino como un factor evitable de envejecimiento.

1. El sobrepeso no te "afea": te inflama y te envejece

El aumento de células grasas produce una inflamación interna crónica, lo que hoy se llama “infla-aging”. A la vez, empeora el funcionamiento hormonal, aumenta el estrés oxidativo y favorece la resistencia a la insulina. El resultado es un envejecimiento silencioso: acortamiento de telómeros, aumento del riesgo cardiovascular, diabetes y cáncer, más grasa visceral (entre las vísceras) y pérdida progresiva de masa muscular. Además, este sobrepeso empeora muchas enfermedades de la piel, desde la psoriasis hasta la hidrosanenitis.

2. Tenemos genes antiguos en un entorno nuevo

Durante miles de años, el cuerpo humano estuvo programado para vivir en escasez. Almacenar grasa era una ventaja cuando venían épocas de hambruna. Pero en las últimas décadas, en nuestro entorno vivimos en abundancia: comida accesible alrededor. Al comer de más, almacenamos energía en forma de grasa. Y cuando hacemos dieta y perdemos grasa, el cerebro pone en marcha esos mecanismos milenarios para que volvamos a comer y la recuperemos. Por eso es tan difícil perder peso de forma permanente. Como resumió la Dra. Monereo: “Tenemos unos genes antiguos en un entorno nuevo.”

3. No engordas por falta de voluntad

El apetito no se controla con voluntad. El lóbulo frontal participa en un control más racional; el hipotálamo coordina el hambre homeostática (la que permite desayunar o comer con criterio). Pero al final del día, cuando estamos cansados, aparece con fuerza el sistema mesolímbico, responsable del hambre emocional o hedónica: la recompensa por haber tenido un día duro. De ahí el picoteo, el alcohol social, “el homenaje” como compensación. Por eso la obesidad no es un fallo de la voluntad: es una disregulación neuroendocrina que afecta al cerebro, intestino y grasa corporal, especialmente problemática cuando la grasa se desplaza de la piel hacia la grasa visceral.

4. Adelgazar es medicina de longevidad

La pérdida de grasa tiene efectos clínicos muy potentes: con un 5% de descenso puede normalizarse la hipertensión y mejorar el azúcar en sangre; con un 15% puede revertirse la diabetes y disminuir de forma marcada el riesgo de muerte cardiovascular. Esto nos lleva a una idea clave: no hablamos de “bajar kilos”, hablamos de cambiar el pronóstico y ganar longevidad saludable. Por eso el enfoque terapéutico ha pasado de un modelo piramidal escalonado (dieta → fármacos → cirugía) a un tratamiento simultáneo y longitudinal, combinando desde el inicio hábitos, ejercicio, fármacos y psicoterapia.

5. Los GLP-1 son una herramienta revolucionaria, pero cuidado con el músculo

Los fármacos GLP-1 imitan la hormona GLP-1 (iniciales de péptido similar al glucagón-1) y aumentan saciedad, ralentizan vaciamiento gástrico y mejoran el control de glucosa. Se usan desde 2002, no son “recién llegados”, aunque sí vivimos ahora su impacto real. Los más conocidos: semaglutida (Ozempic en diabetes, Wegovy en control de peso) y tirzepatida (agonista dual GIP/GLP-1, Mounjaro). El futuro inmediato incluye triagonistas como retratutida (GLP-1 + GIP + efecto tipo glucagón), con pérdidas de peso cercanas al 24% a 48 semanas, casi la misma que se consigue con la cirugía bariátrica, y prevista su llegada a España en pocos años. Mirando a 2030, se espera un paso importante hacia más tratamientos orales. Y muchos tenemos puestos los ojos en bimagrumab, por su promesa de reducir grasa y potenciar músculo, clave en obesidad sarcopénica.

Aquí está el matiz que más se olvida: el músculo. No importa solo cuánto peso se pierde, sino qué tejido se pierde. Parte de la pérdida puede ser masa magra (músculo), en proporciones variables según fármaco, paciente y hábitos de vida. Si no se protege el músculo con ejercicio de fuerza y suficiente proteína, el paciente puede adelgazar empeorando su reserva muscular, especialmente si es mayor, sedentario o frágil. Por eso hay que tener en cuenta estos puntos:

  • Importancia de tomar proteína: Con estos fármacos, al saciar antes, puede costar llegar a la proteína diaria necesaria. Regla práctica: 1 g/kg/día (aprox. 60 g/día). Si no se alcanza con dieta, pueden ser útiles suplementos. Los suplementos de suero de leche suelen ser más “potente por gramo” por su contenido en leucina y perfil de aminoácidos esenciales, aunque las proteínas vegetales enriquecidas con leucina también son válidas.
  • La obesidad vuelve si retiras el fármaco: al suspenderlo, reaparecen los mecanismos biológicos de hambre y recuperación de peso, con deterioro metabólico, observado con semaglutida y tirzepatida. No es un efecto rebote. La comparación útil es la hipertensión: el tratamiento funciona mientras se mantiene; al retirarlo, suele volver el problema.
  • Cuidado con el músculo: suspender sin estrategia puede llevar a recuperar grasa tras haber perdido músculo, dando lugar a obesidad sarcopénica: más grasa relativa, menos músculo, menos fuerza y mayor fragilidad metabólica y física. Incluso puede ocurrir que el paciente pese menos que antes, pero esté biológicamente peor.

Esa es, en el fondo, la revolución: hemos pasado de hablar de “adelgazar” desde un punto de vista estético a hablar de composición corporal, inflamación y músculo como pilares de longevidad. Y eso cambia por completo el enfoque clínico.

Como dermatólogo estético, muchos pacientes acuden a consulta porque han perdido peso con los nuevos fármacos antiobesidad y quieren mejorar el descolgamiento facial o corporal. Esa pérdida de peso, si se realiza con el control adecuado (entrenamiento de fuerza y suplemento de proteínas) puede ser una magnífica herramienta para conseguir una longevidad saludable. Te voy a contar algunos detalles sobre el sobrepeso y la longevidad.

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