¿Qué es la grasa en el corazón, por qué ocurre y qué consecuencias tiene?
La acumulación de grasa en el músculo cardíaco es una de esas enfermedades que llegan sin avisar. Su detección precoz es clave para evitar eventos como el infarto de miocardio o el ictus
Las estadísticas sobre la prevalencia de los eventos cardíacos, como el ictus o el infarto de miocardio, evidencian que desde hace décadas la salud cardiovascular requiere una atención suficiente y constante, tanto por parte de las instituciones públicas, como por comunidad científica y santitaria, y por supuesto, por la sociedad.
Por tanto, detectar y combatir estas patologías se revela como una de las prioridades del cuidado de la salud pública. Una tarea, sin duda, complicada, que todavía lo es más si tenemos en cuenta que muchas de las patologías cardiovasculares “asoman la patita” demasiado tarde, es decir son asintomáticas.
Una de esas enfermedades “traicioneras” por su avance progresivo y silencioso es la esteatosis miocárdica o acumulación de grasa en el corazón. En concreto, esta grasa se puede acumular “a nivel de la pared de las arterias coronarias produciendo con su crecimiento una disminución del flujo sanguíneo; y también, por la parte externa de las paredes del corazón (el epicardio) favoreciendo inflamación y rigidez en la contracción cardiaca”, distingue el doctor Diego Segura, vocal de la Asociación de Cardiología Clínica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).
El problema para su detección temprana es que “al principio este acúmulo de grasa puede no dar síntomas”, apunta el experto. Sin embargo, “conforme va aumentando la cantidad depositada en el corazón se puede producir dolor centrotorácico opresivo con esfuerzos en el caso de obstrucción de las arterias coronarias; o bien síntomas de cansancio o ahogo con los esfuerzos o hinchazón de piernas, en el caso del acúmulo de grasa en la parte externa del corazón”, detalla.
¿Por qué se acumula grasa en el corazón?
Una cosa en reaccionar una vez hemos detectado alguno de los síntomas descritos por el cardiólogo, y otra distinta es prevenir su aparición. Para ello, es fundamental conocer y estudiar las posibles causas de la esteatosis miocárdica. De esta manera, es posible diseñar una estrategia terapéutica mucho más certera y eficaz.
Tal y como explica el doctor, las causas se reparten entre la genética y el entorno: “En primer lugar, hay algunas condiciones genéticas que favorecen el acúmulo de grasa tanto en las arterias coronarias como en las paredes del corazón. Por otro lado, también hay factores ambientales como hábitos dietéticos inadecuados como el consumo de azúcares refinados o ultraprocesados, hábitos tóxicos como el alcohol o el tabaco, factores como la diabetes o la obesidad, o tener una vida sedentaria. Todos ellos son determinantes del acúmulo de grasa a nivel cardiaco y otros órganos”.
Puede afectar a todo el organismo
Por si las consecuencias a nivel cardíaco no fueran lo suficientemente serias, el doctor sostiene que “este acúmulo nocivo de grasa se produce a nivel de todo el cuerpo”, lo que extiende sus efectos a todo el organismo.
En primer lugar, “hablando en concreto del corazón, puede llegar a producir infarto agudo de miocardio (cuando una o varias arterias coronarias se obstruyen completamente) o insuficiencia cardiaca (dificultad para el bombeo de sangre)”, detalla Segura. Ahora bien, también “sabemos que este acúmulo de grasa se produce en otros órganos como el hígado o riñón, entre otros, inflamándolos y reduciendo su funcionamiento normal”, añade.
Por tanto, por un lado, tenemos las consecuencias derivadas de la acumulación de grasa en el corazón, las cuales “pueden poner en peligro nuestra vida, como un infarto de miocardio o la insuficiencia cardiaca”; y por otro, “no podemos obviar que si esta grasa se acumula en otros órganos puede también puede tener consecuencias graves para nuestra salud general”, advierte el doctor.
Lo más importante, corregir los desencadenantes
Ante este panorama, aparentemente oscuro y definitivo, el doctor deja caer una buena noticia, y es que “esta situación se puede frenar o ser reversible en muchos casos si cambiamos ‘las cartas con las que jugamos’, es decir, si eliminamos los factores predisponentes e incorporamos otros hábitos más saludables”.
Esta decisión sería el primer paso, y puede que el más importante, ya que, según el doctor, “existe evidencia científica de que combinar una dieta mediterránea, evitando los ultraprocesados, con ejercicio físico adaptado incluyendo ejercicios de fuerza, puede lograr una gran reducción de esta grasa acumulada en el corazón y en otros órganos”. Tanto es así, que “ambas herramientas son el mejor tratamiento antiinflamatorio que podemos incorporar para eliminar este exceso patológico de grasa”, insiste el cardiólogo.
El ejercicio aeróbico moderado ayuda a reducir la grasa acumulada. (Freepik)
Por otro lado, y si ampliamos el enfoque terapéutico, “no hay que olvidar algo que es muy importante: siempre hay que considerar y trabajar el entorno social de cada persona para que estos cambios de estilo de vida sean sostenibles en el tiempo”, remarca.
Por último, en aquellos casos en los que la dieta y el ejercicio no fueran suficientes, “se pueden añadir algunos fármacos que también han demostrado reducción de la grasa en órganos como el corazón, pero siempre se deben valorar individualmente y bajo prescripción médica”, asevera el doctor.
Las estadísticas sobre la prevalencia de los eventos cardíacos, como el ictus o el infarto de miocardio, evidencian que desde hace décadas la salud cardiovascular requiere una atención suficiente y constante, tanto por parte de las instituciones públicas, como por comunidad científica y santitaria, y por supuesto, por la sociedad.