Más neuronas, más memoria: la pista biológica que distingue a los superancianos
El trabajo analizó muestras de hipocampo de cinco grupos de adultos, incluidos los superancianos, personas con demencia leve o temprana y pacientes con diagnóstico de enfermedad de Alzheimer
Los cerebros que envejecen “mejor” no solo resisten el paso del tiempo: siguen fabricando neuronas. Esa es la idea central de un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago, la Universidad Northwestern y la Universidad de Washington, que apunta a una diferencia biológica clave entre quienes conservan una mente excepcionalmente ágil en la vejez y quienes desarrollan alzhéimer.
El trabajo, publicado en la revista Nature, analizó muestras de hipocampo —la región cerebral crucial para la memoria— de cinco grupos: adultos jóvenes sanos, mayores sanos, mayores con memoria extraordinaria, los llamados superancianos, personas con demencia leve o temprana y pacientes con diagnóstico de enfermedad de Alzheimer. El patrón fue claro: los superancianos presentaban un cerebro “más fértil” a la hora de generar nuevas neuronas, mientras que en el alzhéimer el crecimiento neuronal era prácticamente insignificante.
“Este es un gran avance en la comprensión de cómo el cerebro humano procesa la cognición, forma recuerdos y envejece”, afirma Orly Lazarov, profesor de la Facultad de Medicina de la UIC y director de su programa de formación en alzhéimer y demencias relacionadas. Y añadió una consecuencia práctica: “Determinar por qué algunos cerebros envejecen de forma más saludable que otros puede ayudar a desarrollar terapias para el envejecimiento saludable, la resiliencia cognitiva y la prevención” de estas enfermedades.
Durante décadas, la idea de que el cerebro adulto pudiera “estrenar” neuronas fue recibida con escepticismo. Las neuronas —las células que sostienen prácticamente todas nuestras funciones— son las encargadas de transmitir las señales que hacen posible desde un movimiento hasta un recuerdo. En la segunda mitad del siglo XX, investigaciones en animales mostraron que, al menos en el hipocampo, podían formarse nuevas neuronas a lo largo de la vida: un proceso denominado neurogénesis adulta.
Primero se observó en roedores y después en primates, donde empezó a vincularse con un envejecimiento cerebral más saludable y un procesamiento de la memoria más eficiente. El nuevo estudio refuerza el argumento de que ese fenómeno también ocurre en humanos y, además, lo relaciona con una “firma” de resiliencia cognitiva.
Para medir la neurogénesis, los investigadores buscaron en el hipocampo tres etapas del desarrollo neuronal: células madre con potencial para convertirse en neuronas, neuroblastos (una fase intermedia) y neuronas inmaduras a punto de volverse funcionales.
“Piensen en las etapas de la neurogénesis adulta como un bebé, un niño pequeño y un adolescente. Todas son señales de que estos hipocampos están desarrollando nuevas neuronas”, explica Lazarov.
Los resultados indicaron que la formación de neuronas nuevas sí se detecta en adultos sanos, pero con una diferencia notable entre perfiles: los superancianos generaban activamente más neuronas que otros mayores sanos. “Los superancianos tenían el doble de neurogénesis”, asegura Lazarov. “Algo en sus cerebros les permite mantener una memoria superior. Creo que la neurogénesis hipocampal es el ingrediente secreto, y los datos lo respaldan”.
En el otro extremo del espectro, las muestras de personas con deterioro cognitivo preclínico —la etapa más temprana, antes de los síntomas— ya mostraban una neurogénesis mínima. Y en quienes padecían alzhéimer, la producción de neuronas nuevas era prácticamente nula.
El estudio añade otra capa: las nuevas neuronas presentaban diferentes “firmas epigenéticas” según la salud cognitiva del cerebro del que procedían. Es decir, variaban los patrones que funcionan como una especie de guía molecular sobre cómo responder a cambios del entorno.
Para Jalees Rehman, coautor principal y responsable del departamento de bioquímica y genética molecular de la UIC, el hallazgo encaja con un reto demográfico evidente. “La medicina moderna ha revolucionado la atención médica de tal manera que la esperanza de vida es ahora mayor que nunca. Debemos asegurar que este aumento… se acompañe de una alta calidad de vida, incluyendo la salud cognitiva”, señala.
Rehman apunta a un posible horizonte clínico: comprender el “panorama molecular completo” de la neurogénesis y su firma epigenética podría ayudar a diseñar terapias dirigidas a preservar memoria y función cognitiva. El equipo, de hecho, ya plantea el siguiente paso: estudiar factores ambientales y de estilo de vida —dieta, ejercicio e inflamación— que podrían interactuar con la neurogénesis e influir en cómo envejece el cerebro.
“Lo emocionante para el público es que este estudio demuestra que el cerebro envejecido no es inmutable ni está condenado al deterioro”, resumió Ahmed Disouky, primer autor del trabajo. La pregunta, a partir de ahora, es si se puede convertir esa ventaja natural de unos pocos en estrategias reales para que más personas lleguen a viejas con la memoria en forma.
Los cerebros que envejecen “mejor” no solo resisten el paso del tiempo: siguen fabricando neuronas. Esa es la idea central de un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago, la Universidad Northwestern y la Universidad de Washington, que apunta a una diferencia biológica clave entre quienes conservan una mente excepcionalmente ágil en la vejez y quienes desarrollan alzhéimer.