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'Ghosting', 'love bombing' y banquillo: diccionario para proteger tu salud mental en el amor
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'Ghosting', 'love bombing' y banquillo: diccionario para proteger tu salud mental en el amor

La psicóloga Lara Ferreiro pone nombre a las tácticas que convierten una relación en un bucle de ansiedad —del ghosting al refuerzo intermitente— y explica qué señales tempranas conviene vigilar para cuidar la salud mental

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“No hagas caso a las palabras, solo a los actos”. La frase no es nueva, pero en boca de la psicóloga Lara Ferreiro funciona como una advertencia clínica. En consulta, explica, el patrón se repite con una precisión casi matemática: relaciones que empiezan como un tráiler de Hollywood y terminan en ansiedad, confusión y autoestima bajo mínimos. En su último libro, Ni un capullo más (Grijalbo, 2025), pone nombre y apellidos a esas dinámicas que muchas mujeres identifican tarde, cuando ya están emocionalmente enganchadas.

En una conversación con El Confidencial, la psicóloga cuenta 10 términos que tienes que conocer. Este es su diccionario rojo de la manipulación sentimental:

1. 'Love bombing': intensidad sin contexto

Todo empieza fuerte. Muy fuerte. Mensajes constantes, promesas desproporcionadas, planes a largo plazo en la segunda cita. El llamado love bombing no es romanticismo clásico, sino una estrategia de aceleración emocional. “Te hacen sentir especial desde el minuto uno”, explica Ferreiro, pero esa intensidad no está respaldada por hechos sostenidos en el tiempo.

La clave, insiste, no es lo que dicen, sino lo que hacen cuando la novedad se disipa. Si la intensidad inicial da paso al distanciamiento brusco, no era amor: era una fase.

2. 'Ghosting': desaparecer como técnica de control

Cuando el vínculo ya está creado, llega el silencio. Mensajes sin responder, llamadas que no se devuelven, excusas vagas. El ghosting no siempre es cobardía; a veces es una forma de ejercer poder. “El silencio también comunica”, señala la psicóloga. Y comunica desinterés, falta de responsabilidad afectiva o, en el peor de los casos, una maniobra para descolocar al otro.

La consecuencia es clara: la persona que lo sufre entra en un bucle de interpretación y culpa. ¿Habré hecho algo mal? ¿Estaré exagerando? Esa duda constante es parte del daño.

3. 'Gaslighting': cuando la realidad se deforma

Si el ghosting desorienta, el gaslighting desarma. Es la técnica por la que el manipulador niega hechos evidentes hasta hacer que la otra persona dude de su propia percepción. “Te dicen que estás loca, que exageras, que todo está en tu cabeza”, resume Ferreiro.

El resultado es una erosión progresiva de la confianza en uno mismo. Ya no solo dudas de la relación; dudas de tu criterio. Y cuando alguien pierde esa brújula interna, es mucho más fácil que permanezca en un vínculo dañino.

4. Refuerzo intermitente: la tragaperras emocional

Uno de los conceptos que más repite Ferreiro es el del “refuerzo intermitente”. Lo compara con una máquina tragaperras: no siempre ganas, pero ganas lo suficiente como para seguir jugando. Un día te trata con frialdad; al siguiente, vuelve a ser encantador. Esa alternancia genera una adicción emocional potente.

“No sabes cuándo te va a tocar la versión buena, y eso engancha”, explica. El cerebro se acostumbra a perseguir la recompensa imprevisible. Y cuanto más escasa es, más valor parece tener.

5. El banquillo: estar, pero no estar

Otro clásico de consulta es lo que ella llama “el banquillo”: relaciones indefinidas en las que no hay compromiso claro, pero tampoco ruptura. La persona queda en una especie de reserva emocional, disponible cuando el otro lo decide.

Suelen ir acompañadas de frases como “necesito tiempo”, “ahora no quiero etiquetas” o “mi ex está loca”. Para Ferreiro, estas expresiones funcionan como señales de alerta temprana. No por lo que dicen en sí, sino por lo que anticipan: falta de claridad y de responsabilidad.

6. El HEND y otros perfiles recurrentes

En su experiencia clínica, Ferreiro identifica perfiles que se repiten. Uno de ellos es el HEND (Hombre Emocionalmente No Disponible): seductor, interesante, pero incapaz de sostener intimidad real. También habla del fóbico al compromiso o del narcisista perverso. No todos son conscientes de su patrón, matiza, pero el efecto en la pareja suele ser similar: inseguridad y desgaste.

La advertencia aquí no es demonizar, sino reconocer dinámicas. “No es cuestión de género”, aclara, sino de conductas.

7. Atracción no es compatibilidad

Uno de los errores más frecuentes, según la psicóloga, es confundir química con proyecto de vida. La atracción puede ser intensa y, al mismo tiempo, profundamente incompatible con nuestros valores y objetivos.

Por eso propone hacer lo que llama “casting del amor”: evaluar si la persona encaja en aspectos básicos —visión de futuro, compromiso, estilo de comunicación— más allá de la chispa inicial. Es un enfoque menos romántico, pero más preventivo.

8. El termómetro emocional

Si hubiera que resumir todo el diccionario en una herramienta práctica, Ferreiro habla de un “termómetro emocional”. La pregunta es sencilla: ¿esta relación me genera más paz o más ansiedad?

Cuando predominan la inquietud, la vigilancia constante del móvil o el miedo a decir algo que moleste, algo no está funcionando. “La alegría debería pesar más que la angustia”, sostiene.

9. No escuchar las palabras, sino los actos

La frase vuelve como conclusión. Muchas de estas dinámicas se sostienen en discursos seductores: promesas, explicaciones brillantes, declaraciones intensas. Pero, insiste Ferreiro, lo que define una relación sana es la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Si alguien afirma querer compromiso pero evita cualquier definición; si asegura que le importas pero desaparece cuando le conviene; si te dice que exageras cada vez que señalas algo que duele, el problema no es de interpretación. Es de hechos.

10. Salir del patrón

El verdadero reto no es identificar el ghosting o el love bombing en abstracto, sino reconocer por qué enganchan. El refuerzo intermitente, la necesidad de validación, el deseo de que esta vez sea distinto. Ferreiro insiste en que el primer paso es asumir que el patrón existe.

No se trata de volverse desconfiada ni de hacer auditorías sentimentales, sino de ajustar el foco. Mirar menos la narrativa romántica y más la conducta repetida. Porque, como resume la psicóloga, las palabras pueden enamorar; los actos, en cambio, son los que sostienen —o desmontan— una relación.

“No hagas caso a las palabras, solo a los actos”. La frase no es nueva, pero en boca de la psicóloga Lara Ferreiro funciona como una advertencia clínica. En consulta, explica, el patrón se repite con una precisión casi matemática: relaciones que empiezan como un tráiler de Hollywood y terminan en ansiedad, confusión y autoestima bajo mínimos. En su último libro, Ni un capullo más (Grijalbo, 2025), pone nombre y apellidos a esas dinámicas que muchas mujeres identifican tarde, cuando ya están emocionalmente enganchadas.

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