Primera semana de huelga de médicos: ¿éxito o fracaso para los doctores?
Las cifras de seguimiento han bailado más que nunca entre convocantes y Administración, en unas jornadas donde los parones se han notado especialmente en los hospitales, pero han pasado de puntillas por la atención primaria
Esta semana ha tenido lugar la primera huelga médica de 5 días consecutivos contra el Estatuto Marco que prepara el Ministerio de Sanidad. Los doctores estaban llamados por los sindicatos de su gremio a protestar contra la norma que prepara Mónica García para regular las condiciones laborales de todos los sanitarios. Un texto que consideran que no contempla sus singularidades, por lo que exigen un estatuto propio, cambios en las guardias o que los altos cargos puedan compatibilizar su actividad pública con la privada. En la otra cara de la moneda están el resto de profesionales de la sanidad –entre ellos también sindicatos generalistas que afirman representar a doctores– que ya han llegado a un acuerdo con el ministerio sobre esta norma que los engloba a todos.
Los parones de esta semana han estado más marcados que nunca por las contradicciones en las cifras de seguimiento. Todo ello con el telón de fondo de unos servicios mínimos que han sido calificados por los doctores como “abusivos”.
De este modo se ha podido ver cómo, por ejemplo, la Consejería de Salud de Cantabria cifraba el seguimiento del lunes en un 19,6% por la mañana y un 8,9% por la tarde, mientras que el sindicato de la tierruca lo situaba en un 70%. Una disparidad parecida se ha vivido en Aragón, donde el Gobierno regional iba dando a lo largo de la semana datos en torno al 10% y los sindicatos el 85%. Un baile de cifras similar que se ha producido en todas las regiones.
Aunque los números de las consejerías pudieran apuntar a un bajo seguimiento, desde los sindicatos apuntan a una “trampa” por parte de las regiones. Víctor Pedrera, secretario de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), señala a este periódico que “la trampa está en cómo se presentan los porcentajes”. El representante de uno de los sindicatos convocantes pone como ejemplo la Comunidad Valenciana, donde se han fijado por decreto servicios mínimos del 75% para la mayoría de áreas y del 100% en servicios considerados esenciales —UCI, quirófanos, urgencias u oncología—. Eso significa, explica, que en esos departamentos ningún médico puede secundar la huelga y que, en el resto, solo puede hacerlo el 25% de la plantilla.
Por ello, cuando el sindicato habla de un 90% de seguimiento, se refiere al porcentaje de facultativos que han secundado la huelga dentro de ese 25% que tenía derecho efectivo a hacerla. En cambio, la Administración calcula el seguimiento sobre el total de profesionales. “Si de 100 médicos solo pueden hacer huelga 15 y de esos 15 la secundan 13 o 14, para nosotros el seguimiento es altísimo, del 90%; para ellos es un 10% o un 15%, porque lo miden sobre el total”, resume.
Además, asegura que ningún sindicato ha recomendado incumplir los servicios mínimos, ya que hacerlo puede acarrear sanciones graves, incluso suspensiones de empleo y sueldo de hasta dos años.
Eso sí, a pesar de que las regiones apunten a cifras bajas de seguimiento en unos comunicados, en otros señalan un gran impacto: en Castilla y León, este jueves la consejería cifraba el seguimiento en el 18,6%, pero han sido canceladas 224 operaciones y 4.418 consultas; el mismo día, 88 operaciones y más de 4.400 consultas fueron anuladas en Baleares; y en la Comunidad Valenciana se han visto obligados a cancelar un total de 32.000 actos asistenciales en solo tres días.
En este sentido, el dirigente sindical ve otra “incongruencia” en el relato oficial, ya que las comunidades que hablan de un seguimiento reducido reconocen, al mismo tiempo, miles de consultas suspendidas, cientos de cirugías canceladas y costes económicos elevados. “Si solo ha parado un 10%, ¿cómo se han suspendido tantas intervenciones y exploraciones?”, se pregunta.
Más allá de la guerra de datos, en realidad la huelga ha pasado de puntillas por la atención primaria, como recogen medios especializados. Y hay un discurso que se repite entre varias fuentes médicas consultadas por El Confidencial: muchos doctores de los centros de salud no han hecho huelga, pero donde sí se ha notado es en las consultas de los hospitales.
Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), explica por qué se ha notado menos la huelga en los centros de salud. No se debe a una falta de apoyo en sí, sino a una combinación de factores organizativos y de enfoque. En primer lugar, explica que la convocatoria gira en torno al nuevo estatuto marco y no incorpora reivindicaciones específicas de atención primaria, lo que hace que parte del malestar propio del primer nivel asistencial no quede claramente reflejado.
Otro de los motivos es práctico: en los ambulatorios, cuando un médico secunda el paro, su agenda no desaparece, sino que se redistribuye. “Si un día alguien está de huelga, al día siguiente le suman 20 pacientes más”, explica. Ese “estiramiento” posterior de las agendas diluye el efecto inmediato de la movilización y reduce su repercusión de cara al ciudadano. A todo ello suma que ha tenido más acogida entre los médicos jóvenes que entre los senior, por una cuestión tan sencilla como que tienen más carrera laboral por delante.
¿Éxito o fracaso de la huelga?
El secretario del sindicato califica esta semana de huelga de “éxito”, aunque matiza que no buscaba “paralizar la sanidad”. Destaca el alto grado de movilización visible en concentraciones a las puertas de los centros de salud, donde incluso profesionales designados para servicios mínimos han participado en los actos de protesta fuera de su horario asistencial. Insiste en que el objetivo no es colapsar el sistema, sino lanzar “una llamada de socorro a la sociedad” ante lo que consideran un deterioro progresivo de las condiciones laborales médicas.
Pero no todos lo ven igual. Charo Quintana, que fue consejera de Sanidad y Servicios Sociales de Cantabria de 2003 a 2007, apunta a un seguimiento “escaso y desigual” de la huelga y cree “que muchos profesionales médicos y facultativos cada vez encuentran menos sentido en mantenerla, ya que el acuerdo alcanzado con los sindicatos del Ámbito de Negociación recoge muchas de sus reivindicaciones históricas [fin de las guardias de 24 horas, descansos y libranzas obligatorios] e introduce sustanciales mejoras [jornada máxima semanal, ofertas públicas de empleo periódicas, límites a la temporalidad, concursos de traslado, conciliación, etc.]. “También van siendo conocedores de que cuestiones que pueden echar en falta en el estatuto pactado, como reivindicaciones salariales o la duración concreta de las guardias y su remuneración, son competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas y tendrán que ser planteadas y negociadas con las Consejerías de Sanidad de cada comunidad”, añade.
Por otra parte, como facultativo que también es, valora: “Muchos profesionales creemos que defender un estatuto propio para los profesionales médicos y facultativos va en contra de la medicina actual, que requiere de equipos multiprofesionales, totalmente interdependientes. Y pensamos que es defendido a ultranza por los sindicatos convocantes para convertirse en interlocutores obligados en todas las negociaciones sindicales, de las que ahora se ven excluidos por no haber obtenido la representatividad suficiente. Muchos profesionales también consideramos un auténtico disparate reivindicar que las guardias sean voluntarias, a menos que lo que se persiga sea dificultar la existencia de una sanidad pública”.
Además, añade que “los llamados sindicatos médicos convocantes de esta huelga no representan a todo el colectivo, muchas de cuyas voces se canalizan a través de sindicatos firmantes del acuerdo como CCOO, UGT y CSIF”.
(Diego Radamés / Europa Press)
Para Antonio Martín Artiles, catedrático de Sociología del Trabajo de la Universidad Autónoma de Barcelona, la pregunta de si la huelga ha sido un éxito o un fracaso “depende de cómo se defina el concepto de éxito”. Comienza recordando que han participado entre el 6% y el 25% del personal médico y que “en algunas comunidades como Murcia y Andalucía la participación ha sido mayor y en otras, como Cataluña, más baja”. En este punto hace especial hincapié en cómo los convocantes están fragmentados en diversos pequeños sindicatos y que esta fragmentación “no ayuda a la movilización”, “pero dicha fragmentación de la representación colectiva es típica de los sindicatos corporatistas de clases medias”.
El catedrático continúa diciendo que el éxito “no estriba tanto en el volumen de médicos movilizados, sino en el impacto social y mediático de la huelga. En lo que se refiere al impacto social, estas huelgas perjudican a terceros, a los usuarios. Ello ha obligado a reprogramar los servicios de atención al paciente”. “Pero en todo caso, cuando nos referimos al éxito, hay que ver y analizar el resultado de las negociaciones,los acuerdos alcanzados. La huelga en sí misma no es un fin, sino un medio para hacer visibles determinados problemas y presionar para alcanzar unos objetivos”, apostilla.
Sea como fuere, el impacto real en las negociaciones entre los sindicatos médicos convocantes y el Ministerio de Sanidad ha sido completamente nulo. Mónica García comenzaba la semana con una entrevista en la que dejaba claro que no iba a pasar por el aro de los facultativos y, en el transcurso de estos días se ha limitado a sacar pecho sobre el texto que ya ha consensuado con el resto de sindicatos. En cualquier caso, habrá que ver cómo se mueve este tablero de juego con las próximas huelgas que hay convocadas: una semana al mes hasta junio.
Esta semana ha tenido lugar la primera huelga médica de 5 días consecutivos contra el Estatuto Marco que prepara el Ministerio de Sanidad. Los doctores estaban llamados por los sindicatos de su gremio a protestar contra la norma que prepara Mónica García para regular las condiciones laborales de todos los sanitarios. Un texto que consideran que no contempla sus singularidades, por lo que exigen un estatuto propio, cambios en las guardias o que los altos cargos puedan compatibilizar su actividad pública con la privada. En la otra cara de la moneda están el resto de profesionales de la sanidad –entre ellos también sindicatos generalistas que afirman representar a doctores– que ya han llegado a un acuerdo con el ministerio sobre esta norma que los engloba a todos.