Quimios, dos trasplantes y una CAR-T: así ha pasado Lorena de sufrirlo a explicar a su médico cómo funciona
Lorena García recibió el diagnóstico de leucemia linfoblástica aguda tipo B cuando apenas tenía 11 años. Seis después, y tras varias terapias, está libre de la enfermedad
Lorena García López, en el Hospital Universitario Niño Jesús. (L.C.)
La adolescencia de Lorena García López está siendo atípica. En 2019 le detectaron un cáncer y, desde entonces, ha pasado por varios tratamientos— alguno muy innovador— hasta llegar a sus 17 años actuales: está libre de la enfermedad y acaba de impartir un curso a los sanitarios del hospital que le han tratado durante años sobre una de las terapias que recibió. En un futuro le gustaría dedicarse a curar, pero a los animales.
Todo comenzó cuando esta joven de Velilla de San Antonio (Madrid) tenía 11 años. Siempre ha sido muy deportista y, por aquel entonces, llevaba tres años jugando al fútbol sala como pívot. De repente, empezó a notar que “no daba lo de antes” e incluso que en las pruebas de educación física se asfixiaba al correr. “Le dije a mi madre que yo tenía que tener algo”, recuerda. Como consecuencia, le realizaron una analítica en su centro de salud, pensando que quizá tendría anemia o algún constipado.
Pero la realidad fue otra. El día de la prueba, como era habitual, se fue a entrenar y en ese momento su madre recibió una llamada del ambulatorio en el que le instaban a acudir rápidamente. Los sanitarios les dijeron que habían detectado una posible leucemia y que tendrían que ir al Hospital Universitario Niño Jesús para corroborarlo.
Al día siguiente le realizaron las pruebas pertinentes y llegó el nombre y apellido de la enfermedad, una leucemia linfoblástica aguda tipo B. La propuesta terapéutica pasaba por un tratamiento “normal” de seis ciclos de quimioterapia. “Me comentaron que iban a ser momentos difíciles y me quedaría ingresada, pero que dentro de las leucemias era la más fácil, por así decirlo”, detalla a El Confidencial.
El diagnóstico cayó como un jarro de agua fría, pero las visitas de sus familiares y amigos le ayudaban a estar entretenida y a no pensar mucho en ello. En el segundo ciclo de quimio, la situación se complicó, pues cogió una infección fúngica que le causó una neumonía que le llevó a ser intubada y pasar un mes en la UCI.
“Me recuperé, pero seguía teniendo la infección fúngica, por más antibióticos que me daban. Mis médicos me decían que debía tener algún gen mutado o algo que hacía que no me llegara a curar del todo. Durante ese proceso no me pudieron dar mis ciclos de quimio porque hubiera sido peligroso con el hongo”, comenta. Y así fue como durante un año estuvo tomando antifúngicos y pasando temporadas en el Niño Jesús y otras en casa.
Al año recayó de la leucemia y fue entonces cuando le hicieron un trasplante de médula con un doble objetivo, que era curar tanto los hongos como el cáncer. Este procedimiento ya de por sí es peligroso, pero con las circunstancias que tenía Lorena, aún más. Sin embargo, todo fue bien, al menos al principio, pues los hongos desaparecieron, pero la enfermedad volvió un año después.
CAR-T: qué es y cómo ayudó a Lorena
En ese momento, cuando Lorena tenía unos 14 o 15 años, los sanitarios optaron por hacerle una terapia con CAR-T cuyo funcionamiento, según sus palabras, consiste en que le sacan sangre separando sus componentes, cogen los linfocitos T (los glóbulos blancos que defienden de infecciones); estos son modificados para que encuentren las células B (que son las que tiene enfermas) para luego volver a introducirlos en el cuerpo y “ya se encargan de hacer todo el trabajo de matarlas”. Antes de esto, tuvo que recibir una quimio “suave” para reducir la enfermedad, “pero no del todo, ya que es bueno tener alguna célula mala en el momento de la infusión”.
En esta ocasión, a diferencia de otras anteriores, los sanitarios también se lo explicaron a ella y no solo a sus padres para que estos luego se lo transmitieran, algo que “no le gustaba”. Esto fue cambiando conforme crecía y, con la CAR-T se apoyaron en dibujos para que lo entendiera. El proceso fue mucho mejor que los anteriores, pues apenas tuvo efectos secundarios, estuvo “muy poco tiempo” ingresada y se recuperó “súper rápido”.
“Con la CAR-T todo va genial, recupero mi vida normal, pero mi leucemia es un poco complicada y buscó la manera de salirse de la sangre y volvió la enfermedad extramedular, por lo que la CAR-T no detectaba la enfermedad y no la podía matar”, matiza.
Lorena García López durante su charla para el II curso de oncología impartido por pacientes para profesionales. (Hospital Universitario Niño Jesús)
De nuevo, tuvieron que recurrir a un trasplante de médula, pero en esta ocasión un 50% compatible porque “querían que me diera un poco de rechazo y que mis células lucharan contra las de la donante, que era mi hermana, para tener menos riesgo de recaída”. “Y lo consiguieron. Llevo un año ya curada y ahora estoy con revisiones”, comenta con una gran sonrisa en la cara.
Todo este proceso, que se ha alargado durante más de cinco años, no ha sido fácil. Comenzó a la vez que su adolescencia y, por el camino, ha tenido que dejar de lado cosas que le encantaban, como el deporte, y otras típicas de la edad, como salir con sus amigos, pues durante mucho tiempo ha tenido que estar entre los pasillos de este hospital monográfico. Tanto es así que, durante la mañana en la que se hace esta entrevista, son varios los que le saludan y le paran para preguntarle qué tal está.
Ahora, con 17 años, lleva un año libre de enfermedad y, más allá de las pruebas rutinarias a las que ha de someterse, está “muy bien”. Está retomando el ejercicio para recuperarse físicamente: “Echaba de menos moverme con facilidad, simplemente agacharme y poder levantarme. Aparte, me encanta comer y probar de todo. Entonces, estos tratamientos te dejan sin apetito y con ganas de vomitar. Ahora estoy aprovechando con todo lo que puedo”.
Por otra parte, tiene intención de volver pronto al instituto y, en un futuro, dedicarse a la medicina, “pero no de personas, yo prefiero animales porque son un gran apoyo en la enfermedad, ya que tienes que estar mucho tiempo en casa y son los que te acompañan siempre”.
Con todas estas vivencias también ha adquirido mucho conocimiento. Esta conversación se ha celebrado en el contexto de la celebración delII curso de oncología impartido por pacientes y dirigido a profesionales. Durante una mañana del jueves, niños y jóvenes de entre 8 y 24 años que han padecido o padecen una patología oncológica, han dado charlas cortas a médicos, enfermeras y psicólogos. En ellas han abordado temas como el trasplante de médula, el hospital de día, la unidad de adolescentes o qué es una CAR-T. Esta última ha estado a cargo de Lorena. “Participo para mejorar el estado de los siguientes pacientes que vengan, para que se sientan más cómodos y no tengan que sufrir tantos efectos secundarios”, concluye.
La adolescencia de Lorena García López está siendo atípica. En 2019 le detectaron un cáncer y, desde entonces, ha pasado por varios tratamientos— alguno muy innovador— hasta llegar a sus 17 años actuales: está libre de la enfermedad y acaba de impartir un curso a los sanitarios del hospital que le han tratado durante años sobre una de las terapias que recibió. En un futuro le gustaría dedicarse a curar, pero a los animales.