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Del asco al hábito: ¿cambiaremos los chuletones por los grillos en los menús del día?
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Del asco al hábito: ¿cambiaremos los chuletones por los grillos en los menús del día?

Actualmente, los insectos se regulan como 'novel foods' y solo pueden comercializarse cuando la Comisión Europea los incluye en la lista de nuevos alimentos autorizados

Foto: Una hamburguesa con gusanos de la harina. (Getty Images/ Dan Kitwood)
Una hamburguesa con gusanos de la harina. (Getty Images/ Dan Kitwood)
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"Estaba tamizando harina cuando encontré una larva en ella. Tenía la intención de hacer pan con esa harina, ¿es recomendable hacerlo o debería tirarla?", pregunta una usuaria en un hilo de Reddit.

Pues resulta que esa pequeña larva que le preocupa a esta persona seguramente sea de Tenebrio molitor. Igual con ese nombre no sabes de qué se trata, pero si lees gusano de la harina, tal vez recuerdes algún episodio parecido.

¿Es arriesgado comerlos? Pues no solo no es peligroso, sino que su comercialización ya es una realidad y están consideradas entre las especies más prometedoras para la alimentación humana junto con los grillos domésticos.

De hecho, hay un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ha publicado un libro de divulgación, llamado Los insectos comestibles en el mundo, que explica el valor nutricional de los insectos y su potencial en un contexto de cambio climático y aumento de la población.

Foto: insectos-entomofagia-proteinas

El ejemplar plantea que comer insectos no es una rareza moderna, sino una práctica extendida y antigua que actualmente está presente en “aproximadamente la mitad” de los países, con más de 2.000 especies comestibles documentadas. Como ejemplo, mencionan la China de la dinastía Ming, donde los insectos se valoraban por sus propiedades medicinales y composición nutricional.

De hecho, tras hacer un repaso por especies como australopitecinos o el género Homo, concluyen que la inclusión de insectos en la dieta no solo aporta energía y nutrientes, sino que habría sido una “fuerza evolutiva” que moldeó comportamientos complejos como manipulación de objetos, uso de herramientas, planificación y transmisión social.

Actualmente, los insectos se regulan como novel foods (nuevos alimentos) y solo pueden comercializarse cuando la Comisión Europea los incluye en la lista de nuevos alimentos autorizados bajo el Reglamento de Ejecución 2017/2470. Por el momento, solo hay cuatro en ese listado: el Tenebrio molitor arriba mencionado, también conocido como larva o gusano de la harina; la Locusta migratoria, langosta migratoria; el Acheta domesticus o grillo doméstico y el Alphitobius diaperinus o escarabajo de la cama.

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Cuatro autoras del libro han dado más detalles a El Confidencial sobre la alimentación con insectos. Las dos primeras son Ligia Esperanza Díaz y Tatiana Pintado, investigadoras en el CSIC en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC). Las otras dos, Guadalupe Morales, del Hospital ISSSTEP Puebla y profesora en la Universidad Autónoma del mismo territorio mexicano y Laura Beatriz Herrero, de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN-OA).

Comentan que es un alimento aprobado, “con todas las garantías que esto supone”: “Es importante que el consumidor sepa que lo que come es seguro, porque antes de que cualquier nuevo alimento pueda comercializarse, está sujeto a una estricta evaluación científica de seguridad por parte de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)”.

Acerca de la literatura científica alrededor de esta práctica, aseguran que “no hay tantos” que evalúen su consumo de forma prolongada o crónica, pese a que “los consumen millones de personas en el mundo”. “Se trata de una costumbre arraigada para millones de personas de Asia, África y América que une tradición, nutrición y sostenibilidad”, desarrollan. A pesar de ello, explican que, como cualquier alimento, los insectos presentan riesgos químicos, microbiológicos y nutricionales: “Actualmente, en la Unión Europea, las autoridades consideran que, en lo relativo al consumo de insectos, es importante atender al riesgo sanitario por reacciones alérgicas, los riesgos microbiológicos y de contaminantes”.

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Igualmente, exponen que hay que realizar una distinción entre su consumo en los países en vías de desarrollo y en países europeos. “En los primeros, parte de su población no tiene acceso a algunos alimentos y, por tanto, los insectos comestibles son un aporte proteico, de vitaminas y de minerales importante, que puede tener un impacto a nivel nutricional muy beneficioso en la población. Debe tenerse en cuenta que los insectos no pueden considerarse como un alimento único y homogéneo, dado que hay especies muy diferentes, de grupos filogenéticos muy separados y estadios de ciclo de vida distintos, con composiciones nutricionales muy diversas. En el caso de Europa, se trata de un alimento novedoso, de escaso consumo todavía y, por tanto, hay personas que pueden presentar alergias al consumirlos”, apuntan.

Entonces, ¿cambiaremos los chuletones por los insectos en nuestra alimentación? Pues las investigadoras confiesan que es un alimento más que puede formar parte de la dieta y de la alimentación de las personas, sin que tenga que convertirse necesariamente en “algo generalista, exclusivo y que reemplace a otros alimentos”: “Es una posibilidad más, con sus ventajas y desventajas. Y lo que hemos tratado de hacer en el libro es dar a conocer la existencia de los insectos como alimento en el mundo”.

Alergias

Respecto a esas reacciones alérgicas al comerlos, indican que son debidas a la presencia de proteínas similares en diferentes invertebrados; esto se conoce como “reactividad cruzada” y ocurre cuando el sistema inmunológico confunde proteínas similares en diferentes alimentos. “En el caso de los insectos comestibles, las proteínas similares pueden estar presentes en otros invertebrados, como mariscos o ácaros del polvo. Esto significa que, si alguien es alérgico a mariscos o ácaros del polvo, también puede ser alérgico a algunos insectos comestibles”, sostienen las autoras del libro, coordinado por Esperanza Díaz.

Además, afirman que se ha demostrado reactividad cruzada de los alérgenos tropomiosina y arginina quinasa de insectos en pacientes alérgicos a los ácaros del polvo doméstico y a los mariscos, como gambas o camarones: “Existe evidencia científica que refiere que la proteína de la cutícula de la larva podría ser un alérgeno importante en la alergia primaria al gusano de la harina”.

“Hay que tener en cuenta que la alergia alimentaria a los insectos puede ser primaria. Es decir, al contacto del sistema inmunológico con el alérgeno alimentario, desencadena la producción de anticuerpos IgE específicos para ese alérgeno y puede ocurrir a través de diversos medios, como la ingestión, el contacto con la piel o la inhalación del alérgeno”, añaden las expertas.

Foto: Puesto de pescado en un supermercado británico. (Getty Images/Christopher Furlong)

Por eso mismo, cuentan que las personas que hayan consumido previamente insectos y hayan presentado datos clínicos de alergia, “deberían abstenerse de consumirlos”. “El sistema inmunitario de estas personas los percibe como sustancias dañinas y reacciona de forma exagerada, lo que puede provocar síntomas como dolor abdominal, diarrea, vómitos, urticaria o, en los casos más graves, anafilaxia”, declaran.

Sin embargo, reconocen que la investigación en este campo “avanza”, hecho que les permite tener un “mejor conocimiento y buscar soluciones”: “Por ejemplo, existen hallazgos que muestran que pueden ocurrir reactividades cruzadas específicas entre grillos, gusanos de la harina, caracoles y mejillones sin reactividad cruzada con camarones. Este descubrimiento favorece el camino para una caracterización más precisa de los riesgos de alergia asociados con la entomofagia. Por lo tanto, se deben dar sugerencias de exclusión personalizadas a los pacientes con alergias a moluscos, gasterópodos y artrópodos que deseen consumir insectos”.

"Estaba tamizando harina cuando encontré una larva en ella. Tenía la intención de hacer pan con esa harina, ¿es recomendable hacerlo o debería tirarla?", pregunta una usuaria en un hilo de Reddit.

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