España consolida su modelo de trasplantes en 2025 entre avances clínicos y estabilidad en cifras
Como es habitual, el año 2025 registró en España logros importantes en el campo de los trasplantes y una actividad que mantiene el liderazgo mundial desde hace 34 años
Comenzando por las efemérides, el año recién acabado se cumplieron nada menos que 60 años desde que Josep María Gilvernet como urólogo y Antoni Caralps como nefrólogo encabezaran el equipo que realizó el primer trasplante renal de nuestro país en el Hospital Clinic i Provincial de Barcelona. Coincide que en 2025 falleció el último de estos pioneros que aún vivía, el Dr. Antoni Caralps. Nunca se reconocerá bastante el gran impulso que dieron a estas terapéuticas en unos tiempos realmente complicados desde todos los puntos de vista.
Aunque no sea una noticia española, en 2025 fueron galardonados con el premio Nobel de medicina los científicos estadounidenses Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell y el japonés Shimon Sakaguchi por la identificación y caracterización de los linfocitos T reguladores (T-reg) que juegan un papel fundamental en multitud de procesos inmunológicos entre ellos la respuesta a los trasplantes. El año pasado señalábamos como uno de los hechos a destacar el proyecto de investigación del Hospital Gregorio Marañón infantil utilizando las células T-reg extraídas del timo de los niños trasplantados de corazón para prevenir el rechazo, lo que constituye una muestra más de pujanza científica de nuestro sistema, siempre atento a incorporar las últimas innovaciones.
Y precisamente este mismo grupo madrileño realizaba en los últimos meses del año el primer trasplante cardiaco parcial infantil de una válvula pulmonar que, a diferencia de las técnicas empleadas hasta hoy, crecerá al unísono con el corazoncito del receptor al ser un tejido vivo, evitando así las reintervenciones originadas por el crecimiento del niño, inevitables con las válvulas criopreservadas. Se trata del primer caso en Europa y supone además un método de aprovechar los siempre escasos corazones infantiles que por cualquier motivo no son utilizables para un trasplante convencional. Para rizar el rizo de las dificultades, existía una incompatibilidad de grupo sanguíneo entre donante y receptor para lo que hubo que realizar un tratamiento específico de desensibilización, y además la donación fue en asistolia. Ninguna de estas tres técnicas, disponibles en contados hospitales infantiles del mundo, estaba implantada hace tan solo unos años. Hoy son una espléndida realidad.
Igualmente merece la pena resaltar los 10 años del programa PATHI para enfermos renales hiperinmunizados muy difícilmente trasplantables con la metodología convencional y que ya tratamos en su día en estas líneas. Nada menos que 1.232 enfermos, prácticamente la mitad de los que entraron en el programa alcanzaron el tan deseado trasplante en esta última década con un tiempo medio de espera de 15 meses frente a los 70 meses de los pocos que lo conseguían antes de la implantación del programa. Un éxito organizativo que ha traído la curación de muchos enfermos renales.
En 2025 se publicó en Transplantation la experiencia del programa español de Inteligencia Artificial desarrollado desde la Universidad de Córdoba en colaboración con todos los equipos españoles de trasplante hepático y la ONT y financiado con una ayuda de la Fundación Muta Madrileña para encontrar el mejor receptor de los hígados donados en situación de parada cardiaca, actualmente en vigor para la distribución de estos órganos. Un muestra más de que la IA ha llegado para mejorar múltiples aspectos de la medicina y entre ellos los trasplantes.
Como todos los eneros, la ONT hizo públicos los datos correspondientes a los 12 meses previos y su evolución desde los ya lejanos inicios de la organización. La presentación de 2025 me hizo recordar los comentarios que hacíamos siempre que un año había sido especialmente bueno como lo fue 2024. Al discurso optimista de algunos sobre lo bien que había ido todo, yo siempre pensaba: “verás tú el año que viene cuando nos tengamos que comparar con éste”.
Efectivamente, el año 2025 fue objetivamente bueno en materia de donación y trasplante, el segundo mejor en cifras de la historia, pero en comparación con el 2024, se registró un ligero descenso en casi todas las cifras tanto en números absolutos como por millón de habitantes (pmp), sobre todo teniendo en cuenta que la población a la que hay que referir los datos de actividad creció en 420.000 personas. En general podemos hablar de una estabilización tal como se previó hace meses a la vista de la evolución de los datos.
El índice de donación quedó en 51,9 pmp, lo que permite afirmar que ya son 34 los años transcurridos desde que alcanzamos el liderato mundial porque los Estados Unidos, nuestro único competidor real en este ranking, ha experimentado un descenso respecto a 2025 y, por tanto, sus cifras seguirán siendo inferiores a las españolas. Por comunidades hay que resaltar el caso de Cantabria, que con 103,4 donantes pmp supera la barrera de los 100 donantes pmp, jamás alcanzada por nadie hasta ahora. Eso significa que por undécimo año consecutivo ocupa el número uno de la donación en España, que es lo mismo que decir el primero del mundo. Algo realmente digno de señalar y de celebrar y que, aunque con la filosofía implantada por la ONT, la donación de órganos se convierte en una labor de todo el hospital, está protagonizada por el espléndido equipo de coordinación del hospital Marqués de Valdecilla encabezado por el Dr. Eduardo Miñambres, gran artífice que Cantabria lleve ya once años encabezando este ranking de solidaridad.
Un total de 13 CCAA están por encima de los 50 donantes pmp y 7 por encima de 60. Aparte descensos puntuales de algunas comunidades pequeñas que luego suelen remontar al año siguiente, como ha ocurrido este año con Baleares, las mayores oportunidades de crecimiento siguen radicando en que dos de las comunidades más pobladas como son Madrid y Cataluña, que entre las dos suponen la tercera parte de la población del país, alcancen unas cifras de donantes cuando menos similares a la media española. Significativamente se trata de las dos comunidades donde se efectúan más trasplantes y más complejos por asentar en ellas muchos centros de referencia y recibir muchos órganos y enfermos de toda España.
Por lo demás, merece la pena resaltar el aumento hasta cifras que no se conocían desde los años noventa en trasplante cardiaco. El corazón fue el mayor perjudicado por el envejecimiento progresivo de los donantes al adaptarse peor que otros órganos. Sufrió un descenso muy marcado desde los inicios de este siglo del que solo ha podido remontar gracias a la adopción para este órgano de la donación en asistolia, a la que se han incorporado ya la mayoría de los equipos, con donantes más jóvenes que los de muerte cerebral, que han permitido realizar muchos más trasplantes. Un 35% de los 390 efectuados en 2025 lo fueron con este procedimiento, lo que pone de manifiesto que mejoras técnicas pueden acompañarse de un aumento muy significativos de la actividad.
Señalar también que los donantes fallecidos por accidentes de tráfico están en mínimos históricos del 3% siguiendo la evolución que comenzó ya en los años noventa. Por edades, el 60% de los donantes superaron los 60 años, el 32 % los 70 y el 5% los 80. El de mayor edad en 2025 tenía 93 años. El donante tipo es un varón de más de 60 años que fallece por un accidente cerebrovascular.
En suma, nuestro sistema de donación y trasplante sigue gozando de buena salud y una gran vitalidad para reinventarse continuamente e ir adoptando todas las posibles vías de mejora. Un espléndido ejemplo de coordinación entre profesionales, administraciones y la propia sociedad española que es a fin de cuentas quien la hace posible. Tan solo esperar que podamos seguir manteniéndolo durante mucho tiempo con la pujanza demostrada hasta ahora. Tampoco son tantos los motivos de orgullo nacional que nos quedan.