"Lo siento, pero ya estás envejeciendo": la científica que te explica cómo puedes llegar mejor a los 80
La catedrática de Fisiología e investigadora del envejecimiento publica un nuevo libro en el que cuenta cómo las decisiones que tomamos hoy condicionan cómo viviremos dentro de diez, veinte o treinta años
El envejecimiento es un proceso que empieza antes de lo que creemos. Ya no es extraño leer noticias o artículos científicos que hablen sobre longevidad y cómo envejecen las células, tejidos y órganos. La doctora Consuelo Borrás, catedrática de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia e investigadora del envejecimiento, estudia los mecanismos biológicos que explican por qué nos hacemos viejos y qué podemos hacer para mantenernos en las mejores condiciones.
De hecho, Borrás lidera el grupo MiniAging en el Instituto de Investigación Sanitaria (INCLIVA). Su investigación ha destacado la relación entre el estrés oxidativo y las diferencias de sexo en la longevidad. Además, ha contribuido a la comprensión de las características genéticas y epigenéticas de los centenarios, arrojando luz sobre los secretos de la salud duradera y la resiliencia.
En su nuevo libro, 100 años no es nada (La Esfera de los Libros), explica que las decisiones que tomamos hoy condicionan cómo viviremos dentro de diez, veinte o treinta años. Además, habla sobre fármacos geroprotectores, que son compuestos diseñados para retrasar el envejecimiento biológico, mejorar la salud y aumentar la longevidad al actuar sobre los mecanismos moleculares de la senescencia (proceso biológico de envejecimiento celular).
A través del libro, la autora hace un recorrido para comprender el cuerpo, el paso del tiempo y las herramientas que la ciencia pone a nuestra disposición para cuidar los hábitos, desde la alimentación hasta la gestión del estrés, pasando por los fármacos y las terapias regenerativas.
PREGUNTA. En el libro dice que envejecer no es una enfermedad, es una oportunidad para vivir mejor. ¿La sociedad actual trata el envejecimiento como una enfermedad?
RESPUESTA. Pues a ver, en algunos ámbitos sí que se ha empezado a considerar el envejecimiento como una enfermedad, pero dentro del ámbito científico sí que ha cambiado un poco la perspectiva. La OMS lo metió dentro de su catálogo de enfermedades hace unos años para intentar tratarlo de una mejor forma.
Esta idea surge a partir de aparecer el concepto de gerociencia, que dice que para intentar retrasar la aparición de muchas enfermedades asociadas al envejecimiento a la misma vez lo mejor es intentar retrasar el envejecimiento en sí mismo. Tratarlo como una enfermedad es una consideración que se toma para que sea más útil su estudio y su búsqueda de tratamientos, pero eso no quiere decir que el envejecimiento haya dejado de ser un proceso normal.
P. Si envejecer es el principal factor de riesgo de casi todo lo demás, ¿por qué la medicina sigue tratándolo como telón de fondo y no como diana?
R. En nuestro grupo de investigación el objetivo siempre ha sido el envejecimiento en sí y no sus enfermedades asociadas. Nuestra visión es que si retrasamos la velocidad de envejecimiento, retrasamos la aparición de enfermedades. Pero claro, si lo piensas, esas enfermedades asociadas están ahí ya, entonces también hay que intentar buscar curas o estrategias que nos permitan disminuir su incidencia porque alteran mucho la calidad de vida de las personas. Incluso, para algunas, como el alzhéimer, no tenemos tratamiento. Entonces tiene sentido, pero yo creo que lo positivo es intentar hacer las dos cosas: centrarnos en las enfermedades y retrasar la velocidad de envejecimiento.
P. De todos los cambios que se producen en el cuerpo con la edad (sistema hormonal, nervioso, cardiovascular, inmunológico, los sentidos…), ¿cuál diría que es el que más nos afecta?
R. Uno que notamos mucho y a lo mejor no nos afecta tanto, porque sí que existe solución, es la presbicia, o sea, la vista cansada. Sobre los cuarenta ya empezamos a notar alteraciones en la visión cercana y nos llama la atención, lo que pasa que como podemos usar gafas no altera demasiado nuestra calidad de vida
Otra de las funciones que más solemos notar es la movilidad, toda la parte que tiene que ver con el sistema nervioso y el muscular porque al final afecta a nuestra capacidad de movimiento y autonomía. Yo creo que la clave de todo esto es que nosotros queremos vivir el mayor tiempo que podamos, pero hacerlo bien. Tener una buena calidad de vida es lo más importante para poder ser independientes y para ello hace falta moverse y tener una buena capacidad mental.
P. ¿A qué edad hay que empezar a ocuparse del envejecimiento?
R. Está muy bien lo de ocuparse. Lo cierto es que aunque pensemos que el envejecimiento empieza probablemente desde el momento en que acabamos de desarrollarnos. A mis estudiantes en la Facultad de Medicina siempre les digo "chicos, lo siento, pero ya estáis envejeciendo". Eso quiere decir que si comenzamos a cuidarnos desde ese momento ganaremos más vida a nuestros años y podremos sacar más ventaja a las alteraciones que puede conllevar el envejecimiento. Pero también hay que decir que nunca es tarde para intentar envejecer de la mejor forma posible.
P. ¿Qué es lo que más le irrita del discurso público sobre longevidad?
R. La promesa de que vamos a vivir eternamente y de que todos vamos a llegar a los 150 años. Creo que es una promesa que, al menos por el momento, es falsa. No se deben hacer afirmaciones que no estén sustentadas sobre algo científico que esté demostrado, eso es lo que más me preocupa.
P. El libro deja claro que el estrés es amigo del envejecimiento. Si asumimos que no vamos a vivir sin estrés, ¿cómo diseñaría un plan de “higiene del estrés” realista para la vida moderna?
R. Se sabe que algunos tipos de estrés, como los tóxicos, los podemos evitar y esa sería la primera estrategia. Aunque hay otros que son inevitables, se ha demostrado que lo importante es cómo afrontamos el estrés y no tanto la cantidad. Muchas veces nos dicen "bueno, es que al final hay que tomar el estrés como si fuera un reto, no como algo negativo, sino como algo positivo". El estrés en sí es un mecanismo que se desencadena ante una agresión y realmente nos prepara el cuerpo para que podamos enfrentarnos a él, es decir, en condiciones normales no es malo.
Por ejemplo, tener un poco de estrés o nervios antes de hacer un examen, es normal y fisiológico, te pone en alerta para poder afrontar mejor ese reto que tienes delante. El problema es cuando te desborda y no eres capaz de afrontarlo de una forma correcta o con la suficiente energía. Ahí empieza a ser un problema porque se cronifica y conlleva alteraciones en nuestro organismo que no van a ser beneficiosas.
P. Entre alimentación, ejercicio, sueño y gestión del estrés, ¿cuál tiene el mayor impacto demostrado en la longevidad saludable según la evidencia actual?
R. Aquí hay que decir que, por supuesto, la combinación de los cuatro es lo mejor. Creo que es difícil elegir uno porque al final el envejecimiento es un proceso tan complejo que realmente solo atacando un punto no consigues la mayor efectividad.
Si no podemos hacer la combinación, siempre hay que buscar la estrategia que sea más completa y abarque el mayor número de puntos a la vez. Quizás un poco por deformación profesional, porque aquí tenemos un grupo bueno, diría que el ejercicio físico. Además de todo lo que mejora funcionalmente a nivel muscular o cerebral, también te motiva a alimentarte mejor, salir a la calle, quitarte un poco de estrés y dormir mejor porque estás cansado. Puede ayudar a que el resto también aparezcan en nuestros hábitos de vida.
P. ¿Qué descubrimiento reciente sobre el envejecimiento le parece más prometedor y por qué?
R. Últimamente se está investigando muchísimo en el envejecimiento, de hecho, en el libro aparecen un montón de estrategias. Desde mi punto de vista, y yo me dedico precisamente a ese, la medicina regenerativa y la capacidad de poder regenerar procesos más específicos a través de células madre o de las vesículas extracelulares que las células madre liberan. Ahora mismo es el foco de mi investigación y pienso que puede tener muchos efectos beneficiosos. También hay muchas investigaciones ahora que están relacionadas con la regulación del metabolismo y del control de los nutrientes que pueden ser muy prometedoras. Por eso, creo que realmente estamos en un momento bueno en ese sentido y aunque no sea para ya, estamos en el camino de conseguir muchas cosas. Hay muchas estrategias sobre cómo intentar retrasar la velocidad del envejecimiento que pueden llegar a un buen fin, esperemos que sí.
P. Actualmente se comercializan muchos test de “edad biológica” con precios de hasta 350 euros. ¿Cuáles son sus límites actuales desde un punto de vista científico?
R. Hay muchos test, pero no todos ellos son del todo válidos en mi opinión. El problema es que intentar saber la edad biológica es algo bastante difícil porque sabemos que no todas nuestras funciones envejecen a la misma vez. Entonces, no es lo mismo calcularla si lo hacemos con una muestra de saliva que con una de piel o con sangre porque la velocidad de envejecimiento de todas esas partes de nuestro cuerpo es distinta. ¿Cómo extrapolas eso a que la velocidad general de envejecimiento de tu cuerpo es la que has medido a través de la piel, por ejemplo? Esa es una de las cosas que lo hace complejo, pero hay muchísimas, porque hay muchos procesos que están involucrados en el envejecimiento. El sistema inmune se modifica, pero también nuestra capacidad de regenerar los tejidos o la capacidad de eliminar la basura de nuestras células. ¿Cuál mides? Es complejo.
Entonces de todos los test que hay hasta el momento, para mí el que tiene más sentido y el más válido, es el de edad epigenética por dos motivos. El primero es que han hecho muchísimos estudios de validación en distintas edades, tejidos y modelos. El otro, es que la edad epigenética es la intermediaria entre el ambiente y la genética, en realidad es cómo se modifica nuestro código genético a partir de cosas que pasan en nuestro entorno, como la alimentación o el ejercicio.
Realmente al final el resultado de nuestra velocidad de envejecimiento es la combinación entre lo que hacemos, nuestros hábitos, y nuestra genética. Aunque sabemos que siempre van a pesar más los hábitos que la genética. Como esta epigenética lo que mide es cómo el ambiente modifica nuestra genética, pues para mí es un poco el mejor marcador que podemos utilizar.
P. ¿Cómo cree que cambiaría nuestra sociedad si vivir 100 años con buena salud dejara de ser una excepción y pasara a ser común?
R. Pues fíjate, de momento yo creo que eso no es posible. Aunque es verdad que a lo largo de los años la proporción de gente centenaria ha ido aumentando sobre todo porque han mejorado mucho las condiciones de vida.
En realidad en los años 20 (1920), la edad media de la población en España era de alrededor de 35-40 años, sin embargo, ahora es de 85. Dentro de poco parece ser que vamos a ser el país más longevo y vamos a ganar a Japón. Lo que ha aumentado también es la proporción de personas centenarias, pero de ahí a pensar que todos vamos a llegar a 100, pues bueno, yo lo veo complicado. Al final eso significa aumentar la vida media muchísimo y no sé si sería posible con otros factores que no tienen que ver realmente tampoco con la longevidad de la población.
Pero bueno, si fuera el caso, creo que cambiaría mucho nuestra forma de actuar y de pensar. La verdad es que en mí misma nunca me lo he planteado, pero si envejeciéramos hasta los 100, tendría que cambiar toda la sociedad y adaptarnos a un estilo de vida totalmente diferente.
P. Respecto a los fármacos geroprotectores, ¿qué prácticas de marketing le parecen directamente irresponsables?
R. Básicamente recomendar productos que en la actualidad aún no han sido aprobados como tal porque no hay suficiente investigación para su uso comercial. Hay muchos productos que aún necesitan mucho estudio. Todos entendemos que la sociedad necesita tenerlos ya aquí, obviamente, pero la ciencia va despacio aunque trabajemos mucho. El motivo es que tenemos que estar muy seguros de que lo que se propone es beneficioso, pero sobre todo de que no es perjudicial ni va a producir ningún efecto indeseable grave a nadie.
P. Si tuviera que borrar una creencia sobre el envejecimiento que mucha gente tiene, ¿cuál sería?
R. Bueno, a mí me encantaría que la gente viera el envejecimiento como algo positivo en vez de algo negativo. Como esa frase de Maurice Chevalier (actor francés): "Envejecer no es tan malo cuando se piensa en la alternativa". Yo siempre que alguien cumple años le doy la enhorabuena, claro que sí, es una buena noticia porque no tenemos otra opción, solo hacer cosas para hacerlo saludablemente.
P. Si mañana se aprobara una terapia que extendiera significativamente los años de vida solo para quien se la pudiera pagar, ¿cree que se generaría un debate ético por la desigualdad que esto podría generar?
R. Sí, desde luego que sí, como en tantas cosas. Al final ya hay desigualdades sociales, no con un medicamento que saliera para el envejecimiento, existen en muchos ámbitos y hay que intentar combatirlas de la mejor manera posible. Hay estudios en los que se ha visto que las zonas más pobres de Madrid, por ejemplo, tienen una expectativa de vida menor que las zonas más ricas, así que, por desgracia, ya las hay, lo que tenemos que intentar es que disminuyan.
También es verdad que hacer que se frene todo ese estudio por las desigualdades tampoco sé si es lo suyo. Yo creo que hay que trabajar más en tratar de que llegue a todo el mundo que dejar de hacerlo. Es difícil, pero sí.
P. Por último, ¿cómo definiría en una frase cuál es el mensaje central que quiere que los lectores se lleven del libro?
R. Podemos envejecer saludablemente, actualmente sabemos qué cosas podemos hacer, aunque nos cuesten, cuanto antes empecemos mejor y mejor hacer una que no hacer ninguna.
El envejecimiento es un proceso que empieza antes de lo que creemos. Ya no es extraño leer noticias o artículos científicos que hablen sobre longevidad y cómo envejecen las células, tejidos y órganos. La doctora Consuelo Borrás, catedrática de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia e investigadora del envejecimiento, estudia los mecanismos biológicos que explican por qué nos hacemos viejos y qué podemos hacer para mantenernos en las mejores condiciones.