Dentro de una terapia de grupo para adicciones: "Sufrí abusos a los siete y mi vida se fracturó"
Unas 21 personas acuden a este centro de lunes a jueves con el objetivo de recuperarse de sus adicciones a sustancias, alcohol o juego. Aunque esta terapia es privada, en España hay entidades que ofrecen recursos públicos
Héctor, asistente de las sesiones de terapia, posa para El Confidencial. (J. I. R.)
Héctor lleva 18 meses recuperándose de una adicción. A los siete años fue víctima de abuso sexual infantil, algo que fue tapando con las drogas hasta que se lo confesó a su familia. “Ahí se fracturó mi vida. Nunca he sido capaz de mirarme desnudo en el espejo porque me avergonzaba. Todavía me sigo culpando”, confiesa el joven en la terapia de grupo para adicciones a la que acude de lunes a jueves.
Recibe una réplica de la psicóloga que conduce el grupo, Patricia Ávila: “Para, aquí no hay responsabilidad porque fuiste una víctima”. Héctor continúa con su historia y recuerda el momento en el que se lo contó a sus padres. “Mi madre me abrazó y mi padre dijo que iba a matar a la persona que me lo hizo. Yo pienso si lo olvidaré alguna vez en la vida, es un dolor muy grande que tengo ahí. Forma parte de mi vida y tengo que aprender a vivir con ello”, relata visiblemente emocionado. Las drogas le alejaron de su familia, incluido su hijo, al que ahora ve una vez a la semana después de un largo camino de reconciliación. Tras escuchar a Héctor, sus compañeros opinan. “Valoro mucho que hables de esto, pero me genera ira y disconformidad”, dice uno de ellos.
En total son ocho los participantes, seis hombres y dos mujeres y todos, excepto dos que están por videollamada en una pantalla de gran dimensión, se encuentran sentados en círculo en una sala. En una de las paredes hay un corcho con un par de mandalas coloreados y folios con frases como esta: “La recuperación no se trata solo de dejar una sustancia, sino de volver a encontrarte contigo mismo”. También hay un reloj, parado a las 11 de la mañana, como las vidas de estos pacientes que de alguna forma se pausan al entrar aquí y concentran todas sus energías en su recuperación. Las adicciones son múltiples, pero en esta sesión verbalizan la cocaína, las apuestas y el alcohol.
“¿Ahora quién quiere hablar?”, dice el coordinador de esa sesión. Esta figura va rotando en cada terapia y es la encargada de dar paso y gestionar los turnos de palabra. Le toca el turno a Ismael (nombre ficticio), que a sus casi 35 ha vivido unos 20 juicios con la madre de su hijo en los últimos 15 años. “Ya no te quiero”, le dijo al mes y medio de dar a luz en el año 2011.
Grupo de terapia de adicciones. (J. I. R.)
El comienzo de su periplo judicial fue una denuncia por violencia de género. “Era falsa”, asegura Ismael. En la conversación reconoce que su relación era “tóxica”, en ese momento uno de los participantes le pregunta si en ese momento había empezado su consumo de cocaína. Ismael responde que no, que en ese momento fumaba porros y que dicha droga vino después. “Comenzó a raíz de todo ese proceso judicial. Sentía mucha impotencia al querer ejercer de padre y que no me dejaran serlo”, recuerda.
Y fue así como los episodios de consumo se hicieron cada vez más habituales cada vez que acudía al punto de encuentro a ver a su hijo y la otra parte no se presentaba. “Hacía cosas muy malas como robar o extorsionar”, expone. Uno de los asistentes le pregunta que cómo es la relación con su hijo actualmente: “Es mentiroso y manipulador, como su madre”.
Comienza el turno de réplica y Héctor interviene. “Es la primera vez que te escucho hablar de esto. Creo que estás poniendo el foco en ella y al final hay que ver también tu parte de responsabilidad. A mi hijo me lo quité yo por mi consumo y pensaba que había sido ella”, apunta.
Esto es un ejemplo real de lo que viven cada día en el centro de desintoxicación ambulatorio que el grupo Guadalsalus tiene en el madrileño distrito de Tetuán. Aquí trabajan con dos modalidades, ambulatoria y centro de día, y, en ambos casos, la actividad grupal se desarrolla de lunes a jueves. Según explica Mario Adrián Garrido, coordinador territorial, para formar parte del grupo hay un requisito común: estar abstinentes, algo que verifican mediante controles de tóxicos.
Mensajes en las paredes del centro. (J. I. R.)
La primera modalidad, que es la descrita al principio de este texto, es la intensiva y está destinada a personas que pueden sostener la abstinencia sin necesidad de alejarse de los estímulos externos. Garrido señala que aquí entran, por ejemplo, pacientes que ya han pasado por una comunidad terapéutica (donde se trabaja la parte conductual y la deshabituación) y dan el paso a un tratamiento ambulatorio, o personas que por circunstancias personales o económicas no pueden permitirse esa comunidad terapéutica, pero a las que consideran capaces de mantenerse abstinentes. Estas personas asisten al centro a partir de las 18:30, es decir, una hora y media de lunes a jueves.
La segunda modalidad es la de centro de día, pensada para pacientes que, en palabras de Garrido, “necesitan más herramientas” y un trabajo intensivo que realizan a través de terapia, diarios de comportamiento y emociones, lecturas recomendadas, actividades de atención, como mandalas o tareas manuales, entre otras. Cuenta que en este formato acuden de 16 a 20 de la tarde los mismos cuatro días de la semana. “Los lunes se hace revisión de lo ocurrido el fin de semana y los jueves tienen que traer una planificación de viernes, sábado y domingo detectando los posibles riesgos o dificultades con los que se pueden encontrar. Martes y miércoles realizan talleres orientados a adquirir herramientas y conciencia de la enfermedad”, comenta.
Sobre la organización del equipo, Garrido precisa que en el centro trabajan dos profesionales: Patricia, terapeuta y psicóloga, con experiencia en adicciones, y él, que además de coordinador, es adicto recuperado con un máster en adicciones. En total hay alrededor de 21 usuarios en este centro, repartidos en grupos mixtos entre mañana y tarde.
Patricia Ávila, psicóloga, conduce el grupo de terapia. (J. I. R.)
Por último, al hablar de la duración de las terapias, Garrido habla de un “tratamiento completo” de aproximadamente 24 meses como “ideal”. A su parecer, el recorrido debería comenzar en una comunidad terapéutica, seguir por un paso intermedio como los pisos tutelados con apoyo terapéutico y acercamientos progresivos a casa y finalizar con el tratamiento ambulatorio.
Igualmente, matiza que esos 24 meses no implican acudir todos los días, la frecuencia se reduce según la fase en la que se encuentre el paciente: “Lo llamamos el destete, es muy importante que se quite la dependencia a la sustancia, pero no queremos que se convierta en dependencia a un grupo. Hay determinados lugares donde la gente que lleva 10 años en un grupo de autoayuda y para mí eso no es una buena recuperación”.
¿Hay opciones gratuitas?
Guadalsalus es un recurso privado cuyo precio varía de 600 a 750 euros, dependiendo de la modalidad. Sin embargo, en España hay redes de apoyo y recursos gratuitos. El expresidente de Socidrogalcohol y médico en la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital de Alcoy, Francisco Pascual, pone el foco en una idea que, en la práctica, determina el acceso a tratamiento. “El primer problema que tenemos en España es que cada autonomía tiene una estructura de atención a las adicciones distinta”, explica a El Confidencial.
Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana, donde trabaja, la asistencia está integrada en la sanidad pública, lo que permite una atención “gratuita, integral y en red, coordinada con otros servicios médicos y sociales”. Tal y como detalla, en otras, como Madrid, existen dos redes paralelas: municipal y autonómica.
Héctor muestra uno de sus tatuajes, donde se lee: 'Per aspera ad astra'. (J. I. R.)
Aun así, subraya que en cualquier territorio hay atención: desde terapias individuales hasta grupos, “y hay lo que uno pueda necesitar”. Según cuenta, el problema es que muchas personas no saben a dónde acudir, especialmente cuando no cuentan con recursos económicos.
En esos casos, plantea un primer paso claro y común en toda España, empezar por Atención Primaria para una derivación adecuada según el área de residencia. En algunas comunidades, añade, la asistencia a las adicciones se canaliza dentro de salud mental, de modo que el acceso puede ser por psiquiatría o por el médico de familia, que “o bien te tratan directamente o te derivan al sitio más adecuado”.
Para orientarse, recomienda acudir a herramientas de información pública y directorios: la web del Plan Nacional sobre Drogas, con un mapa de recursos asistenciales gratuitos; la de UNAD (red de entidades) y guías como Adictalia, que permiten filtrar por comunidad, provincia y tipo de dispositivo (centros de día, comunidades terapéuticas, etc.). "Se puede ir a la privada, pero hay recursos públicos de distintas entidades, como Alcohólicos Anónimos o la Confederación de Adictos y Alcohólicos en Rehabilitación y Familiares de España", concluye.
Héctor lleva 18 meses recuperándose de una adicción. A los siete años fue víctima de abuso sexual infantil, algo que fue tapando con las drogas hasta que se lo confesó a su familia. “Ahí se fracturó mi vida. Nunca he sido capaz de mirarme desnudo en el espejo porque me avergonzaba. Todavía me sigo culpando”, confiesa el joven en la terapia de grupo para adicciones a la que acude de lunes a jueves.