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El nuevo 'dream team' de Trump contra el autismo: antivacunas y defensores de la medicina integrativa
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El nuevo 'dream team' de Trump contra el autismo: antivacunas y defensores de la medicina integrativa

Este miércoles nombraba 19 nuevos miembros del Comité Interagencial de Coordinación del Autismo, entre los que se pueden encontrar perfiles polémicos

Foto:  Donald Trump con Robert F. Kennedy Jr. de fondo. (REUTERS / Kevin Lamarque)
Donald Trump con Robert F. Kennedy Jr. de fondo. (REUTERS / Kevin Lamarque)

Donald Trump lleva años obsesionado con el autismo y convencido de que alguna “sustancia” está detrás del aumento de diagnósticos. Y ahora, en su segunda etapa en la Casa Blanca, ha convertido esa idea en política de Estado, respaldado por su secretario de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus sisglas en inglés), Robert F. Kennedy Jr., un viejo conocido del movimiento antivacunas y crítico feroz de la medicina basada en la evidencia. Ambos comparten un mismo marco mental: la sospecha de que fármacos de uso masivo, como las vacunas o el paracetamol, esconden la clave de la condición. 

En septiembre, la Administración Trump presentaba su polémico “plan contra el autismo”, una estrategia que llega con buena parte de la comunidad científica en contra. El paquete tiene dos ejes principales: una advertencia oficial a las mujeres embarazadas para que eviten el paracetamol en los primeros meses de gestación, salvo en caso de fiebre, y la promoción de la leucovorina, un fármaco aún experimental, como tratamiento “prometedor” para ciertos niños con trastornos del espectro autista

La decisión de finales de verano se apoyaba en estudios observacionales que sugieren una posible relación entre el uso de paracetamol en el embarazo y un mayor riesgo de autismo, pero choca frontalmente con las agencias reguladoras y las sociedades científicas europeas, que insisten en que no hay evidencia concluyente que respalde esa asociación ni una “cura” farmacológica para el autismo. Aun así, Trump y Kennedy han enmarcado su plan como el primer paso de una cruzada para “prevenir y revertir” el trastorno, alimentando un debate que muchos expertos consideran ya peligrosamente contaminado por la desinformación sobre vacunas y medicamentos.

En su guerra contra el autismo, en noviembre, se conocía una nueva batalla que también tiene a los científicos muy preocupados. Kennedy anunció que había obligado a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a modificar su página web para vincular la vacunación con los casos de autismo, alineándose con su ideología antivacunas de largo recorrido. Aunque el responsable de Salud matizase que no sostiene que las vacunas causen autismo, sí afirma que no existe evidencia suficiente para descartar esa relación. Sin embargo, las modificaciones realizadas en la web de la agencia presentan la inmunización y el autismo como conceptos estrechamente vinculados.

El nuevo comité contra el autismo

En esta lucha contra el autismo, que tiene a la mayor parte de la comunidad científica en contra, este miércoles el HHS ha nombrado a 19 nuevos miembros del Comité Interagencial de Coordinación del Autismo (IACC, por sus siglas en inglés), que estará compuesto por 21 personas. Según el departamento de Salud, estos nombramientos reflejan el compromiso del secretario Robert F. Kennedy Jr. de apoyar innovaciones disruptivas en la investigación, el diagnóstico, el tratamiento y la prevención del autismo, alineando la comprensión y las políticas nacionales sobre el autismo con la ciencia de referencia internacional.

"El presidente Trump nos indicó que lleváramos la investigación sobre el autismo al siglo XXI", declaraba el secretario Kennedy. "Lo estamos haciendo al nombrar a los expertos más cualificados: líderes con décadas de experiencia en el estudio, la investigación y el tratamiento del autismo. Estos servidores públicos impulsarán una ciencia rigurosa y ofrecerán las respuestas que los estadounidenses merecen", añadía.

Foto: Trump y Keneddy. (REUTERS / Ken Cedeno)

El comité que ha nombrado Kennedy mezcla médicos en ejercicio (psiquiatría, pediatría, medicina de familia, neuropsicología), activistas y perfiles legislativos, y familiares de personas autistas como parte explícita de la legitimidad del grupo. Su “marca” común es un enfoque muy biomédico y de “comorbilidades” (microbioma, inflamación, metabolismo, síndromes neuroinmunes tipo PANS/PANDAS, etc.) y una idea de coordinación federal que, por mandato, debe asesorar al secretario del HHS y alinear programas y prioridades de investigación y servicios.

Entre los 21 nuevos miembros hay perfiles más generalistas y otros a los que les rodea la controversia:

  • Sylvia Fogel: psiquiatra y docente de Harvard con un discurso centrado en systems biology y neuroinmunología aplicada a autismo, además de PANS/PANDAS. Lo polémico aquí no es “político” sino el terreno PANS/PANDAS y el cruce con enfoques tipo medicina funcional, donde hay debate clínico y activista alrededor de estas etiquetas y su manejo.
  • Daniel Rossignol: médico y clínico-investigador que se presenta como impulsor de enfoques personalizados “de biología de sistemas”. La controversia es su conexión con el ecosistema de MAPS (medicina “integrativa/funcional” aplicada a autismo), un campo discutido por su mezcla de prácticas heterogéneas bajo un mismo paraguas.
  • Elizabeth Mumper: pediatra y directiva de un centro de medicina integrativa; en su perfil suele aparecer el interés por vías como inflamación/metilación y, en algunos entornos, terapias como la hiperbárica. El debate aquí suele ser la etiqueta “integrativa” en autismo (qué entra, con qué evidencia y cómo se traslada a políticas).
  • John Rodakis: filántropo e impulsor de ensayos e investigación (microbioma, inmunidad, metabolismo) desde una fundación privada creada tras el diagnóstico de su hijo. La controversia que plantea es el marco del “padre que busca causas biológicas”.
  • Elena Monarch: neuropsicóloga y CEO de un centro especializado en Lyme y PANS. El punto de debate es el énfasis en PANS/Lyme como marco explicativo y de intervención para parte de pacientes.
  • Laura Cellini: un perfil eminentemente legislativo y de acción organizada de defensa y presión. Su eje es convertir evidencia biomédica “de sistemas” en normativa y cobertura. La cercanía polémica aparece cuando su trabajo se inserta en la agenda PANS/PANDAS y cobertura asociada, terreno discutido en EEUU por estándares y evidencia clínica heterogénea.
  • Jennifer Philips: desde la administración Trump la presentan como "madre" y activista (ONG Make A Stand 4 Autism).
  • John Gilmore: activista y director de Autism Action Network. El foco en debates de vacunas/tiomersal (thimerosal) aparece como parte de su historial/agenda en distintos relatos públicos, un tema históricamente politizado y asociado al ecosistema antivacunas, pese a que organismos como la OMS mantienen que no hay vínculo causal vacunas–autismo.
  • Caden Larson: autista no hablante, estudiante, y miembro de organizaciones que promueven comunicación por tecleo/escritura.
  • Elizabeth Bonker: directora de Communication 4 ALL y activista de la comunicación por tecleo. Con un marco polémico si se asocia a S2C/RPM, porque ASHA (la asociación profesional de referencia en logopedia/audición en EEUU) ha advertido contra RPM y S2C por falta de evidencia y riesgo de autoría influida por facilitadores, conectándolo con la historia de “facilitated communication”.
  • Lisa Wiederlight: activista legislativa (Kevin and Avonte’s Law; seguridad/elopement, un perfil bastante transversal.
  • Toby Rogers: investigador asociado de Brownstone Institute, con un discurso de crítica regulatoria y “economía política” de salud. Brownstone es un actor muy politizado desde la pandemia y, en ese ecosistema, la conversación sobre salud pública y vacunas suele ser parte del conflicto cultural.
  • Walter Zahorodny: académico ligado a vigilancia epidemiológica del autismo y programas de identificación temprana.
  • Bill Oldham: empresario y filántropo en salud y tecnología.
  • Honey Rinicella: directiva de MAPS, precisamente el punto controvertido aquí es el mismo que antes: MAPS como ecosistema de medicina integrativa/funcional aplicado a autismo (fellowships, formación, red de clínicos), que para críticos es un “carril paralelo” a la práctica estándar, y para defensores una respuesta a comorbilidades infratratadas.
  • Krystal Higgins: directiva de National Autism Association.
  • Ginger Taylor: activista de derechos parentales/consentimiento informado.
  • Daniel Keely: estudiante y joven con autismo con perfil testimonial que combina con la acción organizada de defensa y presión.
  • Lisa Ackerman: cofundadora de TACA, una gran organización de apoyo a familias.
  • Tracy Slepcevic: activista y, terapeuta de salud integrativa. Su enfoque “integral” (tratar al paciente en conjunto) la sitúa en el debate sobre la medicina integrativa aplicada al autismo.
  • Katie Sweeney: activista por inclusión y comunicación, vinculada a MAPS en rol de apoyo ejecutivo según biografías públicas.

Donald Trump lleva años obsesionado con el autismo y convencido de que alguna “sustancia” está detrás del aumento de diagnósticos. Y ahora, en su segunda etapa en la Casa Blanca, ha convertido esa idea en política de Estado, respaldado por su secretario de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus sisglas en inglés), Robert F. Kennedy Jr., un viejo conocido del movimiento antivacunas y crítico feroz de la medicina basada en la evidencia. Ambos comparten un mismo marco mental: la sospecha de que fármacos de uso masivo, como las vacunas o el paracetamol, esconden la clave de la condición. 

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