Dieta anticaída: cómo evitar la pérdida anormal del cabello
¿Mucho, poco o nada? ¿Cuánto influye la dieta a la hora de frenar la pérdida capilar patológica? Dermatólogos expertos en enfermedades capilares aclaran el papel de la alimentación en este asunto
Una cosa es dejar unos cuantos pelos en el cepillo, en el lavabo o en el suelo, y otra muy distinta que notemos que la coleta nos queda más fina, o que la raya del pelo, poco a poco, se está haciendo más ancha. Lo primero, entra dentro de la normalidad y, probablemente, no haya necesidad de preocuparse. Sin embargo, si nos encontramos en el segundo escenario, sería conveniente consultar a un dermatólogo, y si está especializado en tricología, mucho mejor.
Tal y como explica el doctor Francisco Rodríguez Cuadrado, tricólogo de la Unidad de Tricología y Trasplante Capilar de Grupo Pedro Jaén, “de forma natural perdemos entre 50 y 100 cabellos al día. Esto forma parte del ciclo normal del pelo (anágena o fase de crecimiento, catágena o fase de transición, telógena o fase de caída) y no debe preocuparnos”.
Por otro lado, sí cabe hablar de caída anormal cuando “se observa disminución de volumen, clareamiento en zonas concretas o se ve más el cuero cabelludo a través del pelo. En estos casos, -infiere el doctor- es indicativo de que puede haber un efluvio patológico o una alopecia de base”.
Esta situación es excepcional y, por tanto, requiere una consulta al especialista. “Cuando la caída se prolonga durante más de tres meses, apreciamos signos como los descritos anteriormente, la caída va acompañada de picor, dolor o descamación intensa, o cuando se aprecia pérdida de densidad en patillas, cejas o barba, incluso aunque no veamos muchos pelos en la almohada o en la ducha”, es el momento de pedir cita con el dermatólogo.
Preocupaciones sin fundamento
Hay una época del año en que solemos apreciar más pelos en la ropa, en el peine o en el baño. De hecho, es tal la cantidad, que no podemos evitar sentir cierta preocupación. Sin embargo, parece que no hay motivo para ello, ya que se trata de un fenómeno totalmente normal. “En otoño, o incluso segunda mitad del verano, se cae más el pelo. Es lo que llamamos efluvio telógeno estacional”, define el experto. Y añade: “Es un fenómeno totalmente normal que se produce cuando un gran número de folículos pilosos entran en fase de reposo/caída (fase telógena), algo que se ve favorecido por factores como la radiación ultravioleta o el mayor número de horas de luz. Al entrar en esta fase telógena, el pelo deja de crecer y tarda unas semanas en desprenderse, por lo que la caída se manifiesta principalmente en septiembre y octubre”.
El quid de la cuestión es que este proceso no implica una pérdida permanente: “el folículo sigue activo y vuelve a producir pelo nuevo. No obstante, en algunas personas que presentan, de base, algún otro tipo de alopecia, esta puede hacerse más visible y evidente después de esta época de caída”, remarca el doctor.
La dieta no es decisiva, pero ayuda
Teniendo en cuenta que la caída estacional no es una enfermedad capilar, y por tanto, no es necesario ningún tratamiento médico, ponemos el foco, en lo que sí lo es y en cómo la alimentación puede ayudar a revertir el problema.
En primer lugar, la doctora Marta Marchán, endocrinóloga de la Unidad de Endocrinología y Nutrición de Grupo Pedro Jaén, apunta que “en la alimentación, como, en general, en toda la medicina, la clave está en llevar una dieta variada y equilibrada”. Y subraya que “la nutrición puede jugar un papel importante en la alopecia, especialmente en personas con dietas restrictivas, déficit de hierro o proteínas”.
Ahora bien, la experta insiste en que “una dieta equilibrada no cura por sí sola una alopecia androgénica o una enfermedad capilar”.
“Una dieta equilibrada no cura por sí sola una alopecia androgénica o una enfermedad capilar”
Y es que, “no existe evidencia suficiente para recomendar alimentos especialmente eficaces que sirvan para frenar la caída del cabello. Es preferible recomendar patrones dietéticos, como la dieta Mediterránea, que incluye alimentos ricos en hierro (carnes magras, legumbres), proteínas de alto valor biológico (pescado azul, huevos), y antioxidantes (verduras de hoja verde, frutos secos)”, argumenta la experta quien, de todos ellos, destaca “los alimentos ricos en hierro y proteínas por su relevancia en la fisiología folicular. Pero no se deben atribuir propiedades preventivas a un solo alimento, ya que esto carece de respaldo científico y puede inducir a error”.
Cuando hablamos de cabello, ¿qué nutrientes importan?
La doctora hace especial hincapié en que más que hablar de “alimentos milagro” en concreto, los cuales no existen, es preferible pensar en grupos de alimentos que aportan los nutrientes necesarios para el adecuado crecimiento del pelo”.
Así, es especialmente importante incluir alimentos ricos en hierro, proteínas de alto valor biológico y activos antioxidantes que encontramos en las verduras de hoja verde, legumbres, pescado azul, carne magra, huevos y frutos secos...
El papel de los suplementos
Además de los posibles cambios o mejoras que podemos hacer en la dieta aumentando la presencia de los alimentos que más nos convienen, el consumo de suplementos nutricionales, en muchas ocasiones, lo identificamos como un refuerzo útil para resolver un problema capilar. Sin embargo, aunque los suplementos nutricionales pueden tener su papel, según Marchán, su idoneidad contiene matices: “Podemos decir que su eficacia es limitada cuando no existen déficits nutricionales. Pueden ser útiles en casos concretos, especialmente cuando hay carencia demostrada de hierro, vitamina D, zinc, biotina o proteínas”.
En este sentido, “lo ideal es que los recomiende un dermatólogo tras una analítica, porque tomar suplementos sin indicación puede no servir de nada o, en casos concretos de patologías previas por parte del paciente, ser contraproducente”, advierte.
En todo caso, la experta recalca que “los complementos no sustituyen a un tratamiento médico cuando existe una alopecia androgénica u otra enfermedad dermatológica/capilar específica, aunque pueden prescribirse como complemento de la terapia médica”.
Lo que podría favorecer la caída
Por otro lado, aunque no hay ningún alimento concreto que, por sí solo, provoque una alopecia o un incremento de caída, “los déficits nutricionales mantenidos, sobre todo en relación al hierro, zinc o vitamina D, pueden favorecer la caída del pelo”, alerta la doctora.
Además, “el consumo excesivo de suplementos sin indicación médica puede ser perjudicial, así como el abuso de alimentos ultraprocesados, que podría contribuir a la patogénesis de la caída del cabello, probablemente a través de mecanismos proinflamatorios y de estrés oxidativo. La clave es mantener un patrón de alimentación equilibrado, evitando patrones dietéticos restrictivos o desequilibrados”, aconseja.
Por último, más allá de la alimentación, “otros hábitos como el tabaco, el estrés mantenido o dormir mal, aunque no son la causa única de una alopecia, pueden empeorar la calidad del pelo y favorecer efluvios en personas predispuestas”, agrega la experta.
Una cosa es dejar unos cuantos pelos en el cepillo, en el lavabo o en el suelo, y otra muy distinta que notemos que la coleta nos queda más fina, o que la raya del pelo, poco a poco, se está haciendo más ancha. Lo primero, entra dentro de la normalidad y, probablemente, no haya necesidad de preocuparse. Sin embargo, si nos encontramos en el segundo escenario, sería conveniente consultar a un dermatólogo, y si está especializado en tricología, mucho mejor.