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Los 5 consejos para identificar, evitar y combatir el insomnio infantil
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HIGIENE DEL SUEÑO

Los 5 consejos para identificar, evitar y combatir el insomnio infantil

La falta de sueño o los despertares frecuentes pueden tener importantes consecuencias en la salud física y mental de los niños en el medio y largo plazo. Evitar que eso ocurra es responsabilidad de los padres

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Cuando un adulto se despierta después de 8 horas durmiendo, y, además, lo hace con la agradable sensación de haber dormido de un tirón, suele expresarlo con la frase “dormir como un bebé”. Con estas palabras a todo el mundo le queda claro que nos hemos despertado frescos como una lechuga y dispuestos a comernos el mundo. Sin embargo, ni siquiera los bebés duermen siempre tan bien. De hecho, aunque no existen muchas investigaciones enfocadas al estudio del sueño en la infancia, las que hay revelan que también los menores (igual que los adultos) sufren trastornos del sueño.

Por ejemplo, una revisión de diferentes estudios muestra que entre el 13% y el 27% de los padres de niños de 4 a 12 años de edad, refieren la presencia de dificultades en el sueño que incluyen resistencia a acostarse, ansiedad en el momento de irse a la cama, inicio de sueño retrasado, colecho reactivo, ronquido, enuresis, despertares nocturnos, pesadillas, terrores del sueño, sonambulismo, despertar matinal precoz y somnolencia diurna excesiva.

Entre todos los problemas relacionados con el sueño, la Dra. Milagros Merino Andreu de la Unidad de Trastornos de sueño del Servicio de Neurología del Hospital Ruber Internacional destaca el insomnio como el más frecuente, ya que “afecta a un tercio de los niños preescolares, seguido por el sonambulismo, las pesadillas, el síndrome de retraso de la fase del sueño (típicamente en adolescentes), las apneas obstructivas de sueño y el síndrome de piernas inquietas”.

Además, “en los niños más pequeños son frecuentes los despertares frecuentes nocturnos (insomnio de mantenimiento), la inquietud durante el sueño y los problemas de conciliación”, mientras que “el trastorno más habitual en adolescentes (síndrome de retraso de la fase del sueño) cursa con un sueño estable, pero con marcada dificultad para quedarse dormidos”, distingue la doctora.

¿Quién o qué tiene la culpa de que un niño duerma mal?

Dejando a un lado el problema per se, pongamos ahora el foco en la causa, en las razones que hacen que un niño tenga dificultades para dormir a pierna suelta, cuando lo tiene todo a su favor para que así sea.

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Según la experta en medicina del sueño, “clásicamente se admitía que el insomnio infantil más frecuente era primario, es decir, por asociaciones inapropiadas o ausencia de límites”. Sin embargo, “hoy sabemos que, aunque pueden existir estos factores, -continúa- debe descartarse siempre una causa orgánica, como una enfermedad por reflujo gastro-esofágico, una dermatitis atópica o una deficiencia de hierro en sangre. Esto último cada vez se encuentra más en la consulta y su tratamiento, incluso si no es la única causa del insomnio, mejora significativamente el sueño”.

Si tiene ojeras, cansancio, irritabilidad…

Cuando aparece uno o varios de estos factores, se desencadenan los síntomas que advierten a los padres de que el niño tiene insomnio. Esto suele manifestarse a través de una reducción en la duración del sueño o en un sueño no reparador. “En el caso de los niños más pequeños, que no describen este último síntoma, es posible advertir signos indirectos, como ojeras, cansancio, irritabilidad. En general, a cualquier edad, el déficit de sueño se manifiesta como un problema de conciliación, resistencia a irse a la cama, despertares frecuentes, despertares prolongados y/o un despertar matutino precoz (este último más raro en edades pediátricas)”, resume Merino.

Niño insomne, ¿adulto insomne?

Si se detecta que el niño tiene problemas de sueño con excesiva frecuencia (la mitad de los días), y además “existen consecuencias diurnas, como cansancio, déficit de atención, irritabilidad, inquietud, problemas de aprendizaje, impulsividad, pérdida de energía, enfrentamiento y peleas o, incluso, somnolencia diurna excesiva” es el momento de acudir a la consulta del médico. Es más, cuanto antes se haga mejor, ya que “el insomnio infantil es relativamente sencillo de solucionar durante la infancia. Luego, es mucho más difícil (los adultos, además de sufrir las consecuencias de la neurobiología del insomnio, tenemos hipotecas, problemas laborales o de pareja, hijos adolescentes, etc.)”, advierte la experta, quien sostiene que “un niño insomne va a ser un adulto insomne si no se trata a tiempo”.

¿Cómo afecta a su vida cotidiana: en casa, el colegio...?

Si los problemas de sueño tardan en solucionarse, el niño acabará sufriendo patologías similares a las que padece un adulto insomne, tales como “enfermedades cardiovasculares, sobre todo si hay apneas (arritmias, hipertensión, etc.), consecuencias endocrino-metabólicas (sobrepeso/obesidad, intolerancia a la glucosa, etc.), consecuencias inmunológicas (mayor riesgo de infecciones) y consecuencias a nivel psiquiátrico, cognitivo o funciones ejecutivas (déficit de atención, inquietud, impulsividad, problemas de memoria, ansiedad, depresión, etc.)”, detalla la experta quien además señala que es habitual que el insomnio de un niño acabe afectando también al “bienestar familiar y al rendimiento académico”.

Para evitar llegar hasta ese punto y recuperar un sueño de calidad se puede optar por diferentes vías. Ahora bien, “lo más importante es que el tratamiento farmacológico no debe ser lo único ni el primer tratamiento”, considera Merino.

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“La terapia cognitivo-conductual, propuesta por el pediatra Richard Ferber en 1985, consiste en enseñar estrategias que ayuden a favorecer conductas adecuadas, y tiene efectos permanentes, eliminando creencias inadecuadas acerca del sueño del niño. En Europa, estas técnicas suelen aplicarse con ayuda de algún producto que ayude a dormir. En cuanto a los fármacos, se puede recurrir al uso de melatoninas (de liberación inmediata, de liberación modificada o de liberación prolongada), con o sin triptófano añadido, triptófano sin melatonina, antihistamínicos (difenhidramina, hidroxicina) a dosis bajas y, como 2ª o 3ª línea de tratamiento, clonazepam o clonidina. Si el insomnio es secundario a una deficiencia de los depósitos de hierro, será necesario iniciar tratamiento con derivados de hierro oral”, resume la experta.

5 consejos para combatir el insomnio infantil en casa

Además de seguir el tratamiento propuesto por el especialista que atienda al niño, una buena idea es complementarlo desde casa con una buena higiene del sueño. Según Merino, “aunque en muchos casos no es suficiente, lo cierto es que una correcta higiene del sueño siempre es imprescindible”.

Para ello, la especialista proporciona los siguientes consejos:

  1. Establecer rutinas estables previas al sueño, con horarios regulares para acostarse y levantarse y para las comidas.
  2. Dormitorio confortable (temperatura adecuada (19 ºC - 22 ºC) y silencioso).
  3. No castigar al niño con irse a dormir, a la cama o a su cuarto.
  4. Promover la actividad física durante el día y el consumo de hidratos de carbono y alimentos ricos en triptófano en la cena.
  5. Evitar:
  • Ejercicio a última hora del día.
  • Uso de pantallas 1 hora antes del inicio del sueño.
  • Comer 1 hora antes del inicio del sueño.
  • Consumir chocolate, cafeína o bebidas estimulantes después del mediodía.
  • Consumo de tabaco y alcohol al final de la tarde (adolescentes)

Cuando un adulto se despierta después de 8 horas durmiendo, y, además, lo hace con la agradable sensación de haber dormido de un tirón, suele expresarlo con la frase “dormir como un bebé”. Con estas palabras a todo el mundo le queda claro que nos hemos despertado frescos como una lechuga y dispuestos a comernos el mundo. Sin embargo, ni siquiera los bebés duermen siempre tan bien. De hecho, aunque no existen muchas investigaciones enfocadas al estudio del sueño en la infancia, las que hay revelan que también los menores (igual que los adultos) sufren trastornos del sueño.

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