Entramos en el primer quirófano híbrido con impresión 3D: así se opera un tumor con realidad aumentada
Antes de operar a Carmen, ingenieras y médicos crearon un biomodelo 3D de su fémur roto. Gracias a ello y a unas gafas inteligentes pudieron extirpar el tumor que causó la fractura
El Hospital General Universitario Gregorio Marañón es referente a nivel internacional. Uno de los motivos está en su centro quirúrgico, en la segunda planta, donde se encuentra el primer quirófano del mundo con tecnología híbrida e impresión 3D. En este lugar, profesionales de diferentes ramas trabajan de la mano con la última tecnología y con herramientas como biomodelos o gafas de realidad aumentada para ayudar a pacientes como Carmen (nombre ficticio para proteger su deseo de permanecer en el anonimato), que en diciembre fue sometida a una operación por una rotura patológica. Cinco horas de trabajo, decenas de trabajadores y cemento óseo han permitido que la operación sea un éxito. El Confidencial se cuela en esta sala para contar el antes, el durante y el después de una intervención revolucionaria.
Todo comenzó cuando esta mujer, de 62 años, fue diagnosticada en otro hospital madrileño de una fractura de fémur patológica, es decir, que no se había producido por una caída. Posteriormente, fue derivada al Marañón —centro de referencia para este tipo de lesiones— donde le realizaron un estudio completo para buscar el origen de la rotura. Los facultativos observaron que la lesión procedía de una masa sospechosa, por lo que se requería tratar la fractura, pero también un posible tumor, y quitar márgenes de seguridad amplios para que no quede ningún resto.
La que lo cuenta es Lydia Mediavilla, facultativa adjunta de la sección de Oncología Músculo-Esquelética (que a su vez forma parte del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología), apenas unos minutos antes de empezar la operación en la sala de descanso de los cirujanos, ya ataviada con el clásico pijama. Las intervenciones no comienzan cuando duermen a la paciente y cogen el bisturí, sino que siguen una serie de pasos, que en esta ocasión se agilizaron por la urgencia.
Lo primero que hicieron cuando Carmen llegó al centro fue realizarle pruebas médicas e inmediatamente después se pusieron en contacto con la Unidad de Planificación Avanzada y Manufactura 3D, quienes realizaron un biomodelo 3D virtual —una réplica en realidad aumentada de esta parte del cuerpo de la paciente— que permite identificar cuál es el tumor y hasta dónde llega, cuál es la parte del hueso sana o ver todos los vasos que hay alrededor.
Myriam Rodríguez es una de las ingenieras que forma parte de esta unidad asistencial que hace las planificaciones de todos los casos clínicos que solicitan de manera individualizada: realizan reconstrucciones en 3D, réplicas en 3D, prótesis, implantes y guías quirúrgicas —plantillas que encajan exactamente en una zona anatómica concreta para ese paciente y que se ha planificado previamente para hacer, por ejemplo, una resección (o corte quirúrgico) del hueso y eliminar determinada lesión—. "Hacemos un producto sanitario a medida para cada uno", destaca. Esto les permite "llevar el tratamiento de manera anticipada, para ver cómo abordar el caso y adelantarnos a cualquier problema que pueda haber, todo primando la seguridad del paciente".
Los médicos no solo acuden para cirugías, sino también para cualquier tipo de tratamiento, pues se encargan de toda la parte de simulación. Así, los sanitarios pueden entrenar el abordaje quirúrgico, pero también una técnica como hacer un cateterismo o anestesiar un paciente. Para ello, desde la unidad reproducen en tres dimensiones las características del caso y el paciente, de manera que resulte para los clínicos más familiar posteriormente y no solo lo vean en 2D en una imagen médica. "Viéndolo en 3D se asemeja más a la realidad para el momento del tratamiento", cuenta Rodríguez.
Lydia Mediavilla, facultativa adjunta de la sección de Oncología Músculo-Esquelética, posa para El Confidencial en el Hospital Gregorio Marañón. (O. C.)
En esta ocasión han realizado una réplica 3D de la zona afectada de la paciente. "Nos hemos sentado a segmentar el caso, que significa sacar estructuras de interés, manteniendo exactamente los márgenes del tumor para saber dónde tienen que resecar. Tenemos segmentados también los huesos con los que se pueden reconstruir esa parte resecada donde tiene la lesión. Entonces, nos permite solapar dos fémures y saber cuál es la mejor elección para reconstruirlo a través de una fusión de ellos en el entorno virtual para que luego lo tengan ya el día del quirófano. Eso lo llevamos tanto en las pantallas del quirófano como en el dispositivo de realidad aumentada que el propio clínico se puede poner y proyectar sobre el cuerpo de la paciente para tener una guía intraoperatoria", explica.
Y es que, como parte de la intervención, también está la reconstrucción para que sea "lo más funcional posible" y permita a la paciente levantarse, caminar y dar unos pasos, relata Mediavilla. Al tener que quitar "bastante" fragmento de fémur, van a intentar reconstruirlo con otro material.
Las opciones son dos. La primera, la mencionada por Rodríguez, es el aloinjerto, es decir, un hueso de un banco del centro que desde la unidad 3D han seleccionado para saber cuál es el que más se acerca por anatomía a la de la paciente. La otra opción es reconstruirlo con cemento óseo, pero hasta que no entren en quirófano y abran no se podrá saber cuál es la mejor opción.
Por delante quedan unas largas horas en las que entre 15 y 20 personas trabajarán codo con codo para que todo salga como es debido. El equipo cirujano lo compone Mediavilla, otra adjunta y tres residentes.
Mientras transcurre esta conversación, de manera paralela, la operación ya ha comenzado, como detalla posteriormente Leonor Ibernón, la enfermera circulante. "Primero se identifican tres miembros del equipo, es decir, un representante de cirugía, otro de anestesia y una enfermera, quienes hacen una check-list con la paciente, con preguntas de seguridad como identificación, qué se va a operar, qué miembro, si está el consentimiento firmado, qué alergias tiene… Después, por parte de anestesia nos dicen qué necesitan y las vías periféricas que van a coger. La complejidad del caso y las características de la paciente requieren de muchas cosas: coger una arteria, un sondaje vesical y la anestesia, que aunque ha sido general también se le ha hecho un bloqueo periférico para que en el postoperatorio no le duela", relata.
Myriam Rodríguez, ingeniera de la Unidad de Planificación Avanzada y Manufactura 3D del Gregorio Marañón. (O. C.)
Tras estas tareas y colocarse la enferma en la posición requerida, se lava el miembro, se abre y se opera. Todo esto ha durado una hora y cuarto en el quirófano número 17 del Hospital Gregorio Marañón, una sala que Rodríguez define como "bastante pionera y única". Su unidad cuenta con su propia sala de planificación, donde tienen una estación de trabajo.
Foto: O. C.
"Ahí mismo planificamos con los médicos y tenemos una sala de impresión anexa al quirófano. Entonces, en casos muy complejos, hemos conseguido adaptar algún producto sanitario a medida porque al ser un quirófano híbrido nos permite hacer imagen intraoperatoria y decir, con respecto a la previa, qué ha cambiado", comenta.
El plan para la operación, capitaneada por Mediavilla, es el siguiente: abrir toda la parte que está mal y "quitar el tumor sin verlo, pues tenemos que eliminar la musculatura sana de alrededor y cortar unos dos centímetros más abajo y arriba para quitarlo en bloque porque eso significa que lo hemos quitado bien"; una vez que queda ese hueco, empieza la fase de reconstrucción. Para todo esto han sido necesarias unas cinco horas.
Comienza la operación
De esta manera, se llega a las 10.30 de la mañana de un jueves cualquiera de diciembre. Todo está listo en la sala de operaciones: a los adjuntos y los residentes se les suma una estudiante de medicina, que se sube a una especie de escalón para tener una vista privilegiada de lo que está a punto de ocurrir. Aunque en realidad hay algo que aún no está preparado y que se utilizará más tarde. En la sala adjunta al quirófano se encuentra una compañera de Rodríguez, la también ingeniera Susana Gómez de los Infantes, quien trata de conectar el wifi a las gafas de realidad aumentada que utilizará Mediavilla.
Y así es como, media hora después, comienza el engranaje en una sala diáfana que, aunque a ojos de extraños puede parecer muy grande “a veces se queda pequeño”, confiesa Ibernón.
Algunas herramientas empleadas en la cirugía. (O. C.)
El ambiente es tranquilo, con una cierta calma tensa fruto de la concentración de los allí presentes y con una temperatura que, si solo se lleva el pijama de quirófano, puede resultar algo más fría. Sin embargo, los artífices de la operación están equipados con más batas, así como con sus gorros que reflejan la personalidad de cada uno: algunos de simple malla desechable, otros de tela y están decorados con flores o estrellas.
Cerca de las 11 de la mañana comienzan a abrir la pierna izquierda de Carmen. No pasa mucho tiempo hasta que empieza a emanar un olor que bien podría asemejarse al de la carne quemada, a veces como protagonista y otras en segundo plano.
Junto con Ibernón está Rocío Pérez, la enfermera instrumentalista que lleva un peto de plomo, por si luego es necesario realizar alguna radiografía. Ella, al igual que el resto de profesionales, ha pasado por un proceso de esterilización e instrumenta toda la cirugía. Entre tareas y pasarle herramientas a sus compañeros explica que es una sección "muy chula" para trabajar al ser un campo muy amplio.
Susana Gómez de los Infantes en la sala conjunta al quirófano híbrido. (O.C.)
Son las 11.30 y entra Rodríguez a quirófano y con ella trae el biomodelo que ha impreso de la parte afectada de la paciente. Mientras muestra la réplica, cuenta que ese es el modelo del hueso con el tumor y enseña en pantalla la versión virtual, donde se puede ir observando todo lo implicado por capas que se superponen: es decir, puede ver el hueso fracturado únicamente, con el tumor, los vasos sanguíneos… Además, también permite tomar medidas de un tumor, cuya extensión califica como "grande". En este caso, además de ver toda la planificación, la cirujana puede observar la guía por donde puede hacer los cortes.
Ella siempre ha estado muy interesada en la medicina, pero no imaginaba que acabaría trabajando también dentro de un quirófano. Cuando tuvo que decidir qué estudiar, se debatía entre medicina e ingeniería biomédica porque tenía claro que quería estar dentro de un hospital. Y así es como, a sus 28 años, lleva ya tres en este centro madrileño.
Myriam Rodriguez frente a la pantalla del quirófano. (Vídeo y foto: O. C.)
La operación sigue su curso: la estudiante escucha las explicaciones de sus compañeros, los cubos se llenan de gasas ensangrentadas, las constantes siguen sonando y pasan a formar parte del ambiente. Sobre una hora después del inicio comienzan a cortar el tumor y parte de seguridad del hueso. En ese momento, Mediavilla cambia sus gafas de cirugía por las de realidad aumentada, que acabarán con salpicaduras de sangre tras la acción de una sierra. Apenas unos minutos después ya estaban hechos los cortes pertinentes, apoyados con la herramienta, cuya imagen también se proyecta en las pantallas, así como lo que ve la cirujana.
"Ahora estamos en la parte de resección del tumor, la zona que ha afectado y que ha producido esa fractura la están disecando, así como controlando los vasos, pues es una zona muy vascularizada. Es una cirugía bastante grande respecto al riesgo de sangrado", afirma Pérez.
Las horas se suceden y, finalmente, acaban optando por elcemento óseo, puesto que los vasos "estaban muy pegados al tumor" y "había un alto riesgo de recaída local". "El cemento nos proporciona una síntesis estable, pero sin ser la definitiva, por si tenemos que ampliar más márgenes o si hay una infección, pues lleva antibiótico y ayuda a disminuir los riesgos de que se infecte", comenta Mediavilla.
Vista exterior de la sala de operaciones. (O. C.)
"Las gafas de realidad aumentada nos ayudaron a tener en todo momento la localización de los vasos, puesto que era el principal desafío. Y al final pudimos observarlos sin necesidad de tener que hacer un bypass, que en esta paciente no es viable por el tema de diálisis y la vasculopatía que tiene. Por otro lado, nos servía también para localizar el tumor tanto a distancia y proximidad y asegurarnos de que los márgenes de resección eran los adecuados, porque sabíamos hasta dónde llegaba el tumor, no solamente la parte que podríamos ver, sino por dentro del hueso", relata Mediavilla días después de la operación. Hoy, Carmen sigue su recuperación y evoluciona bien. La Sanidad, de la mano de la ciencia, ha dejado de ser una realidad virtual para ser una combinación que salva vidas.
El Hospital General Universitario Gregorio Marañón es referente a nivel internacional. Uno de los motivos está en su centro quirúrgico, en la segunda planta, donde se encuentra el primer quirófano del mundo con tecnología híbrida e impresión 3D. En este lugar, profesionales de diferentes ramas trabajan de la mano con la última tecnología y con herramientas como biomodelos o gafas de realidad aumentada para ayudar a pacientes como Carmen (nombre ficticio para proteger su deseo de permanecer en el anonimato), que en diciembre fue sometida a una operación por una rotura patológica. Cinco horas de trabajo, decenas de trabajadores y cemento óseo han permitido que la operación sea un éxito. El Confidencial se cuela en esta sala para contar el antes, el durante y el después de una intervención revolucionaria.