Disruptores endocrinos: la amenaza invisible para tu salud que está en tu comida y tu champú
Se sabe que están en los cosméticos, las sartenes, e incluso, en el aire, y que una exposición contínua a ellos puede pasar factura a la salud. Por tanto, mejor no ignorarlos
Cuando la amenaza es tan grande que se puede ver y tocar, sin duda, resulta mucho más sencillo pensar una estrategia y enfrentarse a ella. La cuestión es que no todos los problemas cuentan con esas dimensiones que nos permitirían actuar con seguridad y firmeza. De hecho, existen innumerables peligros que se escapan a nuestros sentidos, y que no se dejan ver, ni oler, ni tocar. Esta “invisibilidad” hace que sean aún más peligrosos para la salud.
Una de estas amenazas se esconde tras el nombre de disruptores endocrinos, término con el que los expertos denominan a ciertas “sustancias presentes en nuestro entorno (cosméticos, alimentos, objetos cotidianos, aire…) que pueden afectar al equilibrio hormonal y metabólico y, en consecuencia, a nuestra salud”, resume el doctor Camilo Silva Froján, especialista en Endocrinología y Nutrición en Clínica Universidad de Navarra.
Partimos entonces, de que, en mayor o menor medida, los disruptores endocrinos se hallan por todas partes. “Los podemos encontrar en productos de uso cotidiano, como, por ejemplo, en algunos tipos de champú, cremas, protectores solares y productos cosméticos”, especifica el doctor Juan Carlos Percovich, especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Ruber Internacional. Y añade: “También pueden encontrarse en algunas pastas dentales y jabones. Incluso en recipientes como los biberones y las botellas de plástico”.
También son parte “del revestimiento interior de latas de comida y están en utensilios de cocina como las sartenes con revestimiento antiadherente”, añade el doctor Silva.
Parece que no exageramos demasiado cuando decimos que están por todas partes. Ahora bien, qué nombres reciben. Bajo el enorme paraguas de disruptores endocrinos se recoge una gran variedad de ellos, entre los que el doctor Percovich destaca los más relevantes: “El bisfenol y ftalatos, se encuentran en los plásticos y envases. Los parabenos y el triclosán, en algunos productos cosméticos y de higiene personal. La atrazina y el clorpirifós, en los pesticidas y herbicidas. Los perfluorados (Pfas) y polibromados, en los textiles como retardantes de llamas. Además, también están los metales pesados, como el mercurio y el plomo, contaminantes de agua o de alimentos”.
¿Cuánto daño pueden hacer a la salud de las personas?
Hechas las presentaciones, conozcamos cuáles son los riesgos para la salud relacionados con la exposición a estas sustancias. En este sentido, “se han estudiado múltiples posibles efectos, obteniendo mayor o menor evidencia científica. Entre ellos, el doctor Percovich destaca “los problemas de fertilidad y la pubertad precoz o tardía, además de las alteraciones inmunológicas como el asma y diferentes tipos de alergias. También se relacionan con algunos tipos de cáncer, como, por ejemplo, el de piel, mama o próstata, y con trastornos metabólicos como la obesidad y la diabetes tipo 2, así como con enfermedades tiroideas”.
Se relacionan con algunos tipos de cáncer y con trastornos metabólicos como la obesidad y la diabetes tipo 2
Por su parte, el doctor Silva pone el foco en la “obesidad, diabetes tipo 2, problemas de fertilidad, endometriosis, desarrollo psicomotor, cáncer de mama y próstata y la alteración de la respuesta inmunitaria ante las infecciones”.
No afecta a todos por igual
Ante la larga y preocupante retahíla de patologías cuyo desarrollo podría estar relacionado con los disruptores endocrinos, la adopción de medidas para disminuir la exposición a estas sustancias es prioritaria. Además, el doctor Percovich nos recuerda que “las recomendaciones, además de ser seguidas por todas las personas y en cualquier momento de la vida, conviene poner especial énfasis en ciertos momentos como cuando se está planificando tener hijos, el embarazo, la lactancia y en la infancia”.
La exposición a disruptores endocrinos puede afectar a la fertilidad. (Freepik)
También el doctor Silva recalca la existencia de un aumento de riesgo dentro de un colectivo concreto, los niños, tanto en los años de lactancia, como en las etapas de crecimiento.
Consejos para protegerse de los disruptores endocrinos
La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha publicado una lista de recomendaciones para disminuir la exposición a estas sustancias:
Consumir productos frescos y disminuir el uso de los procesados, así se evitará la exposición a los contaminantes que adquieren los alimentos durante su producción (pesticidas y hormonas), almacenaje (fungicidas), empaquetado (plásticos del envasado) y procesado (plásticos en la cocina).
Buscar alimentos de cercanía y de temporada, de esta manera se evitará el enorme impacto ambiental de la producción alimentaria, que a la larga repercute en el medio en que se vive y en la exposición a disruptores endocrinos.
Evitar el consumo de carnes grasas y de pescados grasos y grandes, así se disminuirá la exposición a compuestos orgánicos persistentes como los bifenilos policlorados o PCB y a metales pesados como el mercurio.
Evitar el exceso de plásticos en el hogar, reduciendo lo que entra en casa mediante el envasado alimentario y cualquier tipo de empaquetado.
Buscar marcas de cosméticos y productos de cuidado personal que se preocupan por la salud -preferiblemente aquellas que tienen la certificación ecológica de la UE- y evitar parabenos y triclosán en su composición.
Seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias para evitar el cáncer de piel, pero cuidar el sobreuso de filtros ultravioleta tipo benzofenona.
Airear el hogar al menos dos veces al día abriendo las ventanas durante media hora. Aspirar el polvo, mejor que barrer, y eliminar convenientemente lo aspirado. De esta forma se eliminarán muchos compuestos volátiles, que son disruptores endocrinos.
Elegir tejidos preferentemente de productos naturales para la ropa.
Lavar la ropa infantil y los juguetes antes de usarlos.
Evitar aditivos textiles como los perfluorados, que son disruptores endocrinos.
Asegurar el correcto destino de los desechos plásticos, electrónicos y textiles.
En cualquier caso, hacer que en casa prevalezca la reducción, la reutilización y la reparación de los materiales.
Cuando la amenaza es tan grande que se puede ver y tocar, sin duda, resulta mucho más sencillo pensar una estrategia y enfrentarse a ella. La cuestión es que no todos los problemas cuentan con esas dimensiones que nos permitirían actuar con seguridad y firmeza. De hecho, existen innumerables peligros que se escapan a nuestros sentidos, y que no se dejan ver, ni oler, ni tocar. Esta “invisibilidad” hace que sean aún más peligrosos para la salud.