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Asocian la exposición continuada a estos metales con el TDAH en la infancia
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Asocian la exposición continuada a estos metales con el TDAH en la infancia

Un estudio de la Universitat Rovira i Virgili lo vincula con el agravamiento de síntomas como la desatención y la impulsividad

Foto: Imagen de archivo. (EFE / Ismael Herrero)
Imagen de archivo. (EFE / Ismael Herrero)

La impulsividad, la hiperactividad o la dificultad para concentrarse son algunos de los síntomas asociados al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Se estima que un 6% de los niños escolarizados en Cataluña padece esta condición del neurodesarrollo en mayor o menor medida. Aunque los factores genéticos son su causa principal, factores ambientales como la exposición a contaminantes pueden incrementar el riesgo de padecerlo o intensificar sus síntomas. “Estos factores influyen en el desarrollo del cerebro desde el embarazo y en los primeros años de vida del niño”, advierte en un comunicado Fina Canals, investigadora del grupo de investigación Nutrición y Salud Mental de la URV. En esta investigación, el equipo ha estudiado de qué manera la exposición a metales afecta el rendimiento neuropsicológico y la ha relacionado con la presencia de TDAH durante la infancia.

El grupo, con una dilatada experiencia estudiando cómo los factores ambientales contribuyen a aumentar el riesgo de padecer trastornos del neurodesarrollo, se centró esta vez en los metales pesados: “Estos elementos se acumulan en áreas específicas del cerebro, como el hipocampo o la corteza frontal, muy relacionadas con funciones afectadas por el TDAH”, explica Canals. El objetivo era determinar si existe una relación entre la presencia de metales pesados en el organismo —sospechosos de agravar los síntomas del TDAH— y los diagnósticos de este trastorno en niños en edad escolar, entre 6 y 16 años.

Para ello trabajaron con datos de 205 niños: 139 diagnosticados con TDAH por los propios investigadores y 66 sin ningún trastorno del neurodesarrollo asociado; es decir, un grupo de control. El proceso de diagnóstico, basado en los criterios internacionales DSM-5, se realizó de manera individualizada y con el acompañamiento de familias y tutores legales. Más allá del diagnóstico, también se registraron los cocientes intelectuales y los índices de comprensión verbal, razonamiento lógico, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento visomotor, entre otros. La presencia de metales pesados en el organismo se analizó a través de muestras de orina en un laboratorio especializado de la Universidad de Granada, que se centró en los niveles de cobre, cadmio, plomo, arsénico, mercurio y antimonio.

Más metales pesados, más TDAH

Los resultados revelan que la prevalencia de TDAH en los niños de la muestra fue hasta cinco veces superior en aquellos que presentaban los niveles de plomo más elevados, en comparación con quienes tenían los niveles más bajos de este metal en el organismo. En el caso del cobre, esta relación se intensifica y los niños con los niveles más elevados resultaron ser dieciséis veces más propensos al diagnóstico. En menor medida, el equipo también relacionó los índices de cadmio y antimonio con la presencia de este trastorno del neurodesarrollo.

El cobre, pese a ser un metal esencial para un desarrollo saludable, puede resultar perjudicial en cantidades excesivas. Además de asociarlo directamente con el TDAH, el equipo investigador ha podido vincularlo al agravamiento de síntomas como la desatención y la impulsividad. Junto con el plomo —reconocido como tóxico incluso en niveles muy bajos— se ha relacionado con una menor velocidad de procesamiento cognitivo, un efecto más pronunciado en niños con TDAH que en aquellos sin diagnóstico.

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Los resultados también vinculan la exposición al mercurio con un aumento de la desatención, de la frecuencia de respuestas omitidas y de la inconsistencia en los tiempos de reacción durante las pruebas cognitivas. Es especialmente notable que los niños ya diagnosticados con TDAH resultaron más vulnerables, mostrando efectos negativos más intensos incluso con los mismos niveles de exposición, lo que sugiere una mayor sensibilidad a las toxinas ambientales.

“Aunque el estudio no demuestra que los metales pesados causen directamente TDAH, sus resultados refuerzan la evidencia de que reducir la exposición a estos elementos favorecería un desarrollo cerebral saludable”, defiende Sharanpreet Kaur, coautora de la investigación e investigadora del Departamento de Psicología de la URV. Según los resultados, también mejoraría la experiencia de aprendizaje y el comportamiento de los niños, especialmente en los casos más vulnerables.

El equipo investigador del grupo de investigación Nutrición y Salud Mental ha trabajado conjuntamente con el CRAMC (Centro de Investigación para la Evaluación y Medición de la Conducta) y tiene previsto seguir estudiando factores ambientales con potencial para aumentar el riesgo de padecer TDAH o agravar sus síntomas. Actualmente está inmerso en una investigación sobre contaminantes en el aire. Dado que el uso de estos metales es común y pueden estar presentes en suelos contaminados, en el agua, el aire y la alimentación, los investigadores subrayan la necesidad de reforzar las medidas de salud pública, especialmente en términos de vigilancia ambiental, reducción de emisiones industriales, gestión segura de residuos y seguridad alimentaria.

La impulsividad, la hiperactividad o la dificultad para concentrarse son algunos de los síntomas asociados al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Se estima que un 6% de los niños escolarizados en Cataluña padece esta condición del neurodesarrollo en mayor o menor medida. Aunque los factores genéticos son su causa principal, factores ambientales como la exposición a contaminantes pueden incrementar el riesgo de padecerlo o intensificar sus síntomas. “Estos factores influyen en el desarrollo del cerebro desde el embarazo y en los primeros años de vida del niño”, advierte en un comunicado Fina Canals, investigadora del grupo de investigación Nutrición y Salud Mental de la URV. En esta investigación, el equipo ha estudiado de qué manera la exposición a metales afecta el rendimiento neuropsicológico y la ha relacionado con la presencia de TDAH durante la infancia.

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