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Por qué cada vez hay más jóvenes viviendo en la calle: "Duermen en plazas desde los 18 años"
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"Necesitan baños. Ahora cagan en mi portal"

Por qué cada vez hay más jóvenes viviendo en la calle: "Duermen en plazas desde los 18 años"

Gran parte de ellos provienen de sistemas de tutelaje. La mayoría son extranjeros, apenas hay información sobre ellos y la asistencia social de las administraciones públicas no cubre la creciente demanda

Foto: Jóvenes durmiendo en la plaza Agustín Lara de Lavapiés, Madrid. (A. H. S.)
Jóvenes durmiendo en la plaza Agustín Lara de Lavapiés, Madrid. (A. H. S.)
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Hace cinco grados en la Plaza Agustín Lara de Lavapiés, Madrid. Nadie camina ni se sienta en los bancos. Además de huir del primer gran frío de este invierno en la capital, la gente evita acercarse a unos jóvenes que se acurrucaron en una esquina cuando cesó la lluvia. Solamente un trabajador de la limpieza merodea la plaza devenida en cama, pero no los perturba ni trabaja junto a ellos. Todos han normalizado esas acampadas hasta en las peores condiciones climáticas.

Esas tres personas forman parte de una creciente masa de jóvenes que viven en las calles españolas. Muchos no encajan con el clásico perfil estereotipado de un ambulante (adicto, inadaptado, sin trabajo…), y algunos llegan a tener un sueldo que no les da para pagarse un techo. Por eso están así, o porque rompieron con sus familias, perdieron sus trabajos o vinieron desde otro país. “Debo mantener a dos hijos en Venezuela. Cómprenme un Chupa Chups para sobrevivir, que no tengo permiso de trabajo”, gritaba esa misma mañana un joven migrante en la estación de metro de Lavapiés. Como muestra el siguiente gráfico, el perfil promedio es un hombre extranjero con más de 30 años.

Cuando menos esperas encontrar a estas personas en la calle, ellas están ahí, pasando el mal tiempo bajo una cornisa o persiguiendo un camión que les reparte alimentos en Valencia. Fabrizio Mane, un vecino que salió del portal donde dormían los jóvenes de Lavapiés, está muy preocupado por esa situación y quisiera hacer algo para ayudarlos. Es arquitecto y sabe lo complicado que resulta vivir en la calle sin acceso a servicios básicos.

“De vez en cuando vienen unos drogadictos también, pero los que están casi todo el tiempo son gente buena y tranquila que no tiene dónde vivir”, cuenta el vecino. “Hay tantos que, a pesar del frío y la lluvia, siguen viniendo. Hace un rato estaba lloviendo y se cobijaron, pero ya han vuelto a acostarse con sus sacos de dormir. También utilizan las jardineras como camas. No sé la edad exacta de ninguno, pero son muy jóvenes. Nunca he visto a ancianos aquí. Hace un tiempo hablamos con las autoridades y la respuesta fue desalojarlos y limpiar todo, pero a los tres días estaban aquí otra vez. Se ignora el problema y yo propongo poner servicios higiénicos en todos los sitios donde se acumulan estas personas, porque no podemos hacer como que no existen. Los pobres terminan cagando por toda la plaza porque a los bares no los dejan entrar. Esta escena se repite por toda la ciudad”.

Vivir en la calle desde los 18 años

Hace poco trascendió que había muchas personas jóvenes en situación de calle recurriendo a los centros de acogida del Ayuntamiento madrileño. Dicha situación puede replicarse en toda España, pues en 2024 cerca de 2,5 millones de jóvenes se encontraban en situación de exclusión, 1,2 millones de ellos en exclusión severa, según un informe presentado por Cáritas a mediados de noviembre pasado. “Hay 309.000 jóvenes más en exclusión que antes de la pandemia, y 160.000 más en exclusión severa, pese a que por el envejecimiento demográfico y la caída de la natalidad hay 2,4 millones de jóvenes menos que en 2007”, precisa el citado estudio.

Este diario consultó al consistorio madrileño y, efectivamente, sus “equipos de calle” han atendido a más personas jóvenes este año. Los de entre 18 y 25 años suponen el 8% del total de personas en situación de calle en la capital (1.015), y los de 26 a 35 años representan el 14%. “No obstante, esto implica un ligero incremento respecto al año pasado”, reconocen desde el Ayuntamiento. “En 2024, las personas en situación de calle de entre 18 y 25 años representaban un 6% del total”.

Las autoridades madrileñas crearon un programa especial en 2022 para fomentar la reinserción social de las personas de entre 18 y 25 años que viven en la calle. Se llama A Tiempo y se puso en marcha con 40 plazas, pero “ante el aumento de la demanda detectado, el número de plazas se amplió a 58 a finales de 2024”, explican desde el Gobierno de la capital.

No es casual que el incremento en Madrid se dé entre las personas mayores de 18 años y menores de 25. Un reciente informe de la ONG Aldeas Infantiles precisa que las personas extuteladas tienen muchas más posibilidades de terminar en la calle, porque “son el colectivo con mayor riesgo de pobreza y exclusión social en España”. Al cumplir la mayoría de edad, las personas que hasta ese momento habían sido asistidas por el Estado tienen que emanciparse completamente, mientras el resto de la población española lo hace 12 años más tarde. Para al menos intentarlo, “muchos se ven obligados a trabajar” y tienen que abandonar los estudios.

Además, señala Aldeas Infantiles, “las personas extuteladas se encuentran invisibilizadas en las estadísticas del INE, especialmente la población que tiene de 18 a 26 años, momento de mayor vulnerabilidad tras la salida del sistema de protección”. El INE no entrevista a personas de menos de 26 años para estudiar temas tan delicados como la “transmisión intergeneracional de la pobreza”, algo muy frecuente en personas extuteladas. De ahí el limbo estadístico en el que se encuentran las 41.000 personas extuteladas o exacogidas (por familias) que hoy tienen entre 18 y 26 años en España.

"Los datos son muy complicados de obtener y no tenemos recursos para investigar"

“Es un hecho que hay más personas jóvenes no menores viviendo en la calle y se trata de una situación bastante compleja”, explica Jesús Sandín, responsable del programa para personas sin hogar de la ONG Solidarios para el Desarrollo. “El problema radica en que todavía no se ha estudiado este fenómeno, que ha crecido en los últimos años. Influye el problema de acceso a la vivienda y el aumento de las personas migrantes que carecen de redes sociales que les asistan. Muchos de los chicos con los que trabajamos provienen de la red de tutelaje, tanto nacionales como extranjeros, que al cumplir los 18 años van directamente a la calle. Son gente a la que le hemos fallado, pues teníamos la responsabilidad de asistirlos desde las instituciones y el regalo que tienen por su 18 cumpleaños es irse a dormir a una plaza”.

Según datos de 2023, solo el 64% de las personas extuteladas podían acceder a la vivienda “sin dificultades”, cuando el 91% de la “población general” sí lo lograba. El 24,5% de los extutelados encontraba casa con amigos o familiares, el 8% iba a parar a albergues o centros de acogida, el 2,8% vivía en la calle y el 0,5 terminaba en “chabolas, chozas o cuevas”. Estas cifras pueden ser peores hoy, alerta Sandín, “pero los datos son muy complicados de obtener y para investigarlos necesitaríamos recursos que no tenemos”.

placeholder Un joven marroquí pidiendo limosna en la Gran Vía madrileña. (Alfredo Herrera Sánchez)
Un joven marroquí pidiendo limosna en la Gran Vía madrileña. (Alfredo Herrera Sánchez)

El Confidencial constató que existe cierta invisibilización por parte de las administraciones españolas con el problema de las personas en situación de calle. Cuando intentamos contactar a Opción 3 y el Centro de Acogida Municipal de Sevilla, dos organizaciones que se encargan de asistir a estos jóvenes (la primera en toda España y la segunda en la capital hispalense), no obtuvimos declaraciones porque estas debían ser aprobadas por las respectivas autoridades. “Nosotros preferimos no hablar con la prensa para evitar todos los permisos necesarios que tendríamos que pedir”, explicó un trabajador de Opción 3 en Madrid. Además, estas y otras organizaciones consultadas, como la ONG Bokatas, explicaron que los datos y cifras dependen casi exclusivamente de los gobiernos regionales, porque solo ellos podrían costear ese tipo de sondeos.

En 2023 se aprobó una Estrategia Nacional para la lucha contra el sinhogarismo con el objetivo de reducir en un 50% el número de personas que viven en la calle para 2028 y en un 95% para 2030, pero apenas han trascendido los resultados de las acciones emprendidas. El siguiente gráfico muestra cómo desde 2006 se ha cuadruplicado el número de plazas disponibles en los centros de atención a personas sin hogar. Aun así, muchas tienen dificultades para encontrar una vacante en esos centros.

La mayoría son extranjeros

Sacar a alguien de la calle resulta extremadamente caro si se hace de manera responsable y con la intención de que el beneficiado no recaiga. Además, hay personas que han pasado por diferentes tipos de asistencia y ni aun así logran estabilizar su vida. Tal es el caso de Ahmed, un marroquí de 22 años que lleva casi tres en España y este 25 de diciembre estaba sentado en la Gran Vía madrileña comiéndose un enorme trozo de queso. Lo colocaba sobre un cartón en el suelo después de cada mordida. Tenía mucha hambre.

Había pasado unos meses en prisión, en albergues de los servicios sociales y bajo el amparo de sistemas de “ayudas”, pero nada fue suficiente para sacarlo de la calle. No llevaba bien los tres grados de la temperatura ambiente y se frotaba las manos todo el tiempo. Rodeado de dos maletas, un saco de dormir y unos abrigos raídos, Ahmed había podido avanzar poco como migrante en España.

“Nunca he podido trabajar con un contrato porque no tengo papeles”, explicó el joven mientras extendía una mano para pedir limosna a los transeúntes. “Ahora tengo problemas para encontrar los medicamentos que necesito tomar por mi epilepsia. Vine por una visa de estudio y todo me va mal porque no hablo bien español. Tampoco puedo regresar a mi país con mi familia porque cómo voy a pagarme un vuelo”.

"Se ven expuestos al sinhogarismo tras dejar de ser protegidos por las administraciones"

La mayoría de las personas que viven en la calle permanecen en el centro de las ciudades porque ahí es donde encuentran más formas de sobrevivir, explica Sandín. “En el centro acceden a recursos y servicios que se complican en otros sitios. Siempre hallan la manera de ir al baño y en los sitios concurridos tienen más garantías de que nadie los va a agredir. Se cuidan porque la calle es muy peligrosa. Vivir de esa forma puede traer como consecuencia una muerte prematura, porque cualquier dolencia puede complicarse. También es difícil dar con ellos porque muchos trabajan y solo van a la calle a dormir en sitios que van cambiando. El problema es que los salarios no les alcanzan para pagar una vivienda. Por ejemplo, un chico argentino que atiendo y trabaja, ahora logró entrar a un albergue, pero solo pasa las noches ahí, el resto del día está en el trabajo”.

El 62,7% de las personas que viven en la calle y el 56,5% de las personas atendidas en centros asistenciales son extranjeros, precisa el citado informe de Cáritas. El 33% de estos extranjeros provienen de países de la zona del Magreb. “Especial atención merece la combinación del aumento del perfil de nacionalidad extranjera junto al de personas menores de 30 años”, alerta el informe. “Este fenómeno, relativamente moderno en lo referente a datos, parece responder a la evolución provocada por la desprotección y la inexistencia de alternativas residenciales a los jóvenes migrantes que se ven expuestos al sinhogarismo tras dejar de ser protegidos por las distintas administraciones”.

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En Valencia también ha aumentado notablemente el número de jóvenes que viven en la calle, explica a este diario Carmen Allendes, presidenta de la Asociación Amigos de la Calle. Esta ONG valenciana asiste desde 2007 a personas que viven en los espacios públicos de la ciudad, pero nunca habían tenido que brindar ayuda a tantos jóvenes.

“Ahora hay muchos chavales que han llegado con la ilusión de cambiar su vida tras escuchar promesas de gloria que no se corresponden con la situación que se han encontrado al llegar aquí”, detalla Allendes. “Ahí es cuando terminan comiendo lo que encuentran y durmiendo en la calle. Hay también latinoamericanos, pero predominan los africanos, porque los latinos tienen mejores redes familiares o de amigos para cubrirse las espaldas”.

placeholder Jóvenes haciendo fila en una calle de Valencia para recibir alimentos. (Cedida)
Jóvenes haciendo fila en una calle de Valencia para recibir alimentos. (Cedida)

En cuanto a los españoles jóvenes que asiste, Allendes explica que suelen ser personas que cortaron con su familia o directamente no tienen. “Los jovencitos españoles dan más problemas a la hora de tratar con ellos, son más problemáticos. Nosotros atendemos a más de 700 personas que viven en las calles de Valencia y no damos abasto”.

Allendes suele retratar escenas de su trabajo para documentar lo que hace junto a su equipo. En una de las imágenes cedidas a este diario se puede ver a un enorme grupo de personas compuesto mayoritariamente por jóvenes varones que hacen fila para obtener una ración de comida. Se aglomeran desesperados en torno a un camión que la reparte. Así sobreviven cada día, comiendo lo que consiguen.

Hace cinco grados en la Plaza Agustín Lara de Lavapiés, Madrid. Nadie camina ni se sienta en los bancos. Además de huir del primer gran frío de este invierno en la capital, la gente evita acercarse a unos jóvenes que se acurrucaron en una esquina cuando cesó la lluvia. Solamente un trabajador de la limpieza merodea la plaza devenida en cama, pero no los perturba ni trabaja junto a ellos. Todos han normalizado esas acampadas hasta en las peores condiciones climáticas.

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